2011

Don Quejoso – Los Reyes de la Calle

Hoy con gusto presento a Don Quejoso, otro viejo conocido de este blog de lo que ya se puede considerar “la vieja generación” de comentaristas de este blog. Sin mas que añadir te doy la bienvenida y espero que disfruten todos su mini serie. – El Chilakil

Saludos, asiduos lectores del blog.

Fui invitado para continuar con los sagrados festejos del pentapostés que se han venido dando aquí en el HECF justo después de haber terminado su intervención el señor Lagarto (a quien conozco ya de atrás tiempo).

Me presento, muchos no me conocen. Mi nombre real no importa pero les puedo platicar que aquí en este blog nació mi personaje favorito a quien adopté de manera permanente: Don Quejoso. En su tiempo nació como respuesta a cierto “movimiento social”; una revolución que se vivía en el blog, y que -como todos los movimientos sociales- ya pasó. Para bien.

Me dieron la instrucción de que podía escribir de lo que yo quisiera, así que para este primer post tengo dos opciones en mente: comentarles de los granitos purulentos que me salieron en la ingle, justo donde la piel hace un doblez oscuro que guarda secreciones de origen poco higiénico y con la que se pueden hacer taquitos de mugre al frotarse con la mano o bien hablarles de los reyes de la calle.

De los mismísimos señores del asfalto que poseen el derecho divino de utilizar la calle como a ellos les plazca no importando que molesten a los demás o que tengan que romper las reglas que los demás tenemos que obedecer.

Hablemos del rey pesero (o minibusero) que gusta de ejercer su poder deteniéndose en doble fila para subir y bajar pasaje. Que le encanta jugar carreritas con otros de su mismo linaje para ganarle al reloj y con ello unos pesos más. Aquel que poco le interesan banquetas, machuelos y vueltas prohibidas dirigiendo sus unidades como tanques de batalla en el desierto. Al que la vida e integridad de los peatones no le incumbe pues, claro, él es el rey.

O podemos hablar también del rey taxista, quien escudado en su insignia de “Precaución: paradas continuas” tiene el derecho de detener el tránsito súbitamente cuando un aspirante a pasajero le ha requerido su servicio. Y que los demás se esperen, pues ya qué. Deteniendo el flujo como colesterol en las arterias. Aquel que hace su sitio en lugares que en principio fueron de todos, y ahora son exclusivos para ellos, expropiados en beneficio de su dominio.

Los policías quienes poseen un derecho de preferencia al sonar la sirena de su patrulla para atender una emergencia y que muchas veces la suenan sólo porque quieren ir más rápido o pasarse la luz roja. No podemos dejarlos fuera, también son reyes. Igual pasa con los de las ambulancias y policías de tránsito.

Pero también los hay reyes sin corona, “los nuestros”. Los que sin charola, sin credenciales, sin insignias oficiales ni oficios estereotipables también se autoproclamaron reyes de la calle. Dueños de las vías de comunicación, aquellos que sus necesidades y comodidades están por arriba de las de los demás. Estos que hasta sienten orgullo al ejercer su poder en la calle y se molestan cuando otro duda de él a bocinazos.

Cómo podemos dejar fuera a las reinas y los reyes que llevan a sus príncipes y princesas al colegio y no les importa estacionarse en doble o incluso tercer fila frente a la puerta del edificio para que sus majestades no tengan que caminar mucho. Es impensable dejar el auto a una cuadra y caminar con ellos a la puerta del colegio. Claro que no.

Es probable que sea el mismo rey que goza de estacionarse en lugares prohibidos cobijados por el “ahorita me quito” o por el “no me tardo”. Esos que hacen una cara simpática con una sonrisa sufrida al mismo tiempo que levantan la mano y juntan su índice con su pulgar. No importa que sea en línea amarilla, en la puerta de tu cochera, en una calle de doble sentido, en una esquina, etcétera. Ya los reyes más poderosos suelen estacionarse en lugares exclusivos para personas con discapacidad. Eso ya es toda una ostentación de la cúspide jerarca. No cualquiera, no cualquiera.

Aquellos reyes que se paran para platicar de carro a carro, no importando la gente atrás. Lo importante es ser amable con los que uno conoce, no con los que uno no conoce.

Los reyes que protegen su feudo con botes para que no haya quien ose estacionarse en su legítimo pedazo de calle.

Los jóvenes reyes en busca de distinción hacen de las calles sus propias pistas personales en donde el límite de velocidad es un simple adorno. La seguridad de los demás es un elemento a esquivar. Es como jugar Need for Speed, pero en 3D.

El ágil rey motociclista, quien aprovechando las dimensiones petite de su vehículo se va inventando carriles inexistentes por donde quiere ir modernizando los consejos que Antonio Machado y Serrat le dieron originalmente a los mortales de a pie con aquello de “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. ¿Para qué respetar las leyes de tránsito si se puede ir más rápido entre los coches y por las banquetas?.

El pedacito de poder que les fue conferido a todos y cada uno de ellos es una delicia digna de disfrutar. Es un satisfactorio que la vida les da en pago por todo lo que les ha hecho sufrir. Es un placebo.

En fin. Muchos reyes, un solo reino. Cada quien jalando agua pa’ su milpita. Son (o somos) tantos que ya ni nos preocupamos. Parece que nos satisface pensar “Si ellos lo hacen, ¿por qué yo no?”. Al fin de cuentas “la calle es libre”. ¿O no?

¡Salve, Reyes!

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