2011

La ciudad donde no existia el miedo – Alan F. Garcia Martínez

Esta es una pequeña ciudad como cualquier otra. Con gente rica y gente no tan rica, con gente buena y gente no tan buena. Todos salían muy temprano a trabajar con todas las ganas del mundo, incluso gracias al ánimo con que siempre amanecían eran muy, muy buenas con las demás personas. La vecina regaba las plantas de su otra vecina y el vecino ayudaba a reparar el coche del otro vecino. Antes de ir al trabajo las familias compartían momentos bonitos en el desayuno y todos salían felices sintiéndose seguros de que este sería otro gran día.

En esta ciudad no había pobreza extrema, como se menciono había limitaciones, pero mientras hubiese techo y comida todo lo demás era simplemente un lujito innecesario. Sin embargo de unos meses a la fecha la gente sintió que algo pasaba. Los momentos en que la familia se sentaba a ver la televisión por las noches ya no eran tan placenteros. Ahora no veían dibujos animados ni películas románticas, ahora se invertía un poco más de tiempo en ver los noticieros porque se corría el rumor de que en el país había discordia, había secuestros y muertes horrorosas.

Según contaban en las noticias, grupos de gente mala, torturaba y asesinaba a tanto gente mala como a gente buena común y corriente como ellos. Las noticias se esparcieron y los niños ajenos a estos acontecimientos, simplemente se entretenían al ver como el especialista criticaba la labor del presidente haciendo uso del ejemplo del panal de abejas.
En los días siguientes, los niños por las mañanas corrían con sus madres preguntando que significaba la palabra “destazado”, “descuartizado” ,”acribillado” etc., etc. Y ahora los padres tuvieron que lidiar con explicarles que significaba esto y porque allá, en otros estados, en otras ciudades la gente mala se hacía tanto daño.

La gente poco a poco empezó a darse cuenta que el vecino venia de X o Y ciudad y que era muy probable que estuviera involucrado con las barbaries que pasaban allá fuera. Así que dejaron de regar las plantas y ayudar con los carros. La gente poco a poco fue dejando de salir con sus familias a las plazas porque existía el riesgo (según los noticieros) de que el caos pronto llegara a esta ciudad.

Era precaución, no era miedo.

Los medios de comunicación locales se contagiaron de los bajos escrúpulos de los medios nacionales, y pronto los padres tuvieron que lidiar con explicarle a sus hijos el porqué aparecían señores, señoras y niños muertos en las portadas de los periódicos. Dicen que el padre con mas imaginación dijo que era promoción de la nueva película americana y que el padre mas sincero dijo que era gente mala y que no tenían nada que temer siempre y cuando trabajaran y se ganaran la vida honestamente.

El pueblo dejo de sonreír tanto. Y la amabilidad dejo de existir, ahora en el rostro de la gente existía un poco de precaución (no miedo), cansancio, e incluso un poco de morbo.

En los mercados, entre las platicas de las amas de casa se escuchaba sobre que por fin había llegado esta desgracia a la ciudad, y que Jose, el amigo del primo de un amigo, andaba bien metido en eso, que ya había enviciado a unos cuantos chamacos de varias primarias y secundarias, y que por eso traía una buena camionetota.

“En una ciudad tan pequeña los chismes se riegan rápido….”

La gente no dormía tanto como antes, ahora había cosas en que pensar, ¿cerré la puerta? ¿Por qué no ha llegado mi hija? ¿Cómo estará mi hermano? ¿Y si me levantan en la carretera?.

Estaba tan ocupada la gente en sus preocupaciones que habían olvidado como vivir.

Una mañana se corrió la noticia de que una joven desapareció, el pueblo ya esperaba que una situación así se diera, sabían que pronto llegaría el caos a su pequeña ciudad.

En las noticias decían que ella partió de su casa a eso de las 4 de la tarde. No había dicho a donde, ni siquiera se había despedido.

Su padre afirmaba que la había visto muy distraída estos últimos días.

Su madre decía que la había encontrado llorando, que llevaba semanas sufriendo de depresión.

Su pequeño hermano solo se limitaba a llorar, y escondía tras sus lagrimas la verdadera razón de la desaparición de su hermana.

Las autoridades actuaron eficientemente tras 24 horas de reportada la desaparición y de haber descartado cualquier tipo de fuga. Se inicio una búsqueda incesante de la joven. En las discos preguntaron por ella, en los parques y en las plazas se revisaron las cintas del circuito cerrado. Pasaron 3 días de búsqueda de la joven y todos suponían lo peor.

Ahora la gente ni siquiera hablaba, susurraba acerca de la noticias que shockeaba los medios locales, Unos decían que era una adicta, que se le había visto muy solitaria últimamente, que se había alejado de sus amigas e incluso que llevaba algunos días faltando al colegio.

Otras personas decían que había huido con un grupo delictivo que reclutaba muchachas en las pequeñas ciudades para prostituirlas. El pueblo era chisme y caos.

“En las pequeñas ciudades la gente nunca tiene miedo….”

Al cuarto día paso lo esperado, se le encontró aun costado de la carretera a pocos kilómetros de la frontera de la ciudad. Bajo un árbol sentada, con un balazo entre las cejas, sus utiles escolares estaban manchados de sangre, y en sus manos descansaba un pequeño relicario con la imagen de Jesucristo.

Esta joven ejemplar, buena estudiante, buena amiga y excelente hermana. Apareció al dia siguiente en la portada de uno de esos diarios amarillistas.

“Por irse con los narcos”

La gente ni siquiera investigo, simplemente se dedico a leer párrafos y párrafos adornados con la vulgaridad de la prensa amarillista. Se comentaba que se habia ido por conseguir mas drogas y que los narcos solo la violaron y la aventaron hay después de meterle un balazo en la cabeza.

La gente en el pueblo se sintió mas tranquila de que una persona de esa calaña haya recibido lo que merecía y que con ella como ejemplo ningún otro joven se haría adicto y se meteria con esta gente y con esto moría la posibilidad de que la gente mala se quedara en este pueblo.

Además de la familia de esta joven, Nadie lloro.

Esta pésima persona murió porque lo merecía y al gobierno le pareció perfecto ver como la gente al contrario de lo esperado, se tranquilizaba con esta muerte, y agradecía al periodista por haberles facilitado tanto y tanto trabajo.
Inmediatamente el regordete alcalde de la ciudad mando a callar al forense y obligo a que este expediente y sus pruebas se quemaran por accidente en los archivos de la procuraduría.

Así que el último testigo del suicidio de esta joven, fue el fuego que vio volverse cenizas el único ejemplo de la paranoia colectiva que crecía en una pequeña ciudad donde nadie nunca consumió drogas.

Esa noche la gente durmió plena y tranquilamente, y al día siguiente despertaron sonriendo y compartieron momentos juntos en el desayuno, vieron películas románticas y los niños salieron a los parques a jugar. Excepto uno, el joven hermano se quedo en la ventana viendo a todos jugar y sonreír. Entonces dijo

-Tenía miedo, por eso se suicido, porque tenía mucho miedo-.

“Que nunca llegue el rumor de la discordia”.

Cortesía de Alce

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