2011

Día del Perro

No sé si en México se celebre El Día del Perro. Sé que en Argentina lo hacen los primeros días del mes de junio y que aquí en el país tenemos el Día del Policía y el Día del Agente de Tránsito, pero que yo sepa no acostumbramos celebrar a los perros que sí son chidos.

Deberíamos de tener en México un día para celebrar a los perros.

En mi casa siempre hubo perros. Es la ventaja de tener papá veterinario. Otra de las ventajas es que te ahorras mucho dinero en doctores.

Por ejemplo: una vez a mi hermana menor le tronó un agua mineral de vidrio en el suelo y le rajó toda la pierna. Mi papá se la llevó a su consultorio llorando y sangrando y, en la plancha metálica donde operan a los perros, ahí le cosió la pierna. Le quedó una cicatriz blanca, como una larva que le sube por el chamorro, pero no hubo necesidad de gastar en médicos para humanos. A mi otra hermana le enyesó un brazo cuando se cayó del librero jugando a que era un chango y, como broma, le dijo que la iba a meter en una de las jaulas donde meten a los perros hospitalizados, a ver si así ya se portaba bien. Yo no llegué a tanto: mi padre solamente me checaba los oídos –con los que siempre tuve problemas- o me ponía yodo en los raspones.

Pero volviendo a lo del Día del Perro y a lo de tener perros en casa: nosotros casi siempre tuvimos Chihuahuas o French Poodles, porque los patios de nuestras casas nunca fueron muy amplios.

Una vez tuvimos un Whippet, que es como un Galgo Inglés, pero más chaparro. También tuvimos un Gran Danés, pero ése estaba en el patio de la clínica veterinaria de mi papá, que era más grande y, aparte, servía para ahuyentar a los ladrones. El único perro grande que tuvimos en casa fue una Boxer que existía antes de que yo naciera y murió un par de años después de que nací.

Mi perro favorito siempre ha sido el Saluki, o Galgo Persa. Después le siguen el Borsoi, o Galgo Ruso y el Mastín Napolitano. Con este último soñaba que lo montaba y recorríamos el barrio brincando bardas y coches.

Recuerdo que mis amigos de la escuela no sabían mucho de perros. Para ellos, los mejores perros eran el Pastor Alemán y el Dóberman, pues siempre han sido algo así como que “los más famosos” o “de los más comunes”. Pero cuando les enseñaba algunos libros donde venían fotos de lebreles y otros perros de caza, cambiaban sus gustos.

Con los niños del barrio jugaba a que cada quien era un perro. Imaginábamos que éramos un grupo de perros con poderes que salvaba a la ciudad después de que se escapaban unos leones de un zoológico galáctico. La única regla era que no se podía ser el mismo perro que alguien más. Yo, obviamente, siempre escogía ser un Saluki, y dos amigos siempre se peleaban por ser el San Bernardo. Dejaron de pelear hasta que a uno de ellos le enseñé una foto del Mastín Napolitano, y prefirió ser ése perro a ser el San Bernardo. Lo que no me gustaba era cuando jugaba el hermano mayor del Pollo, porque siempre quería ser “un perro de pelea” –ni sabía la raza ni nada, sólo “un perro de pelea”- y se la pasaba de mamón, dándonos patadas o manotazos en la cabeza. Cuando le reclamábamos, nos decía: “¿Quéeeee? Soy un perro de pelea”. Me cagaba que jugara con nosotros.

Por estas vivencias y recuerdos y tantas cosas más que los perros nos dan, debería existir un Día del Perro.

Por cierto: hace poco llegó un hombre al consultorio de mi padre y dejó a un Rottweiler moribundo. Al checarlo, se dieron cuenta que el perro estaba machacado por dentro. Lo habían golpeado salvajemente y lo tuvieron que dormir para que no sufriera más. El supuesto dueño del perro no volvió a contestar el teléfono ni volvió a aparecerse. Tampoco dio explicaciones cuando dejó al perro, sólo dijo que “no sabía lo que le pasaba” y huyó.

Es curioso que uno no sienta lo mismo cuando en las noticias dicen que le hicieron lo mismo –golpes, tablazos, martillazos- a una persona. Es curioso que uno sienta ganas de ir a buscar al dueño de ese perro y hacerle lo mismo sin ningún remordimiento.

Qué ironía: los perros nos hacen más humanos; en cambio el prójimo nos roba esa humanidad.

Por eso exijo que haya un Día del Perro.

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