2011

Las Justinas

Pareciera que al crecer se nos atrofia la memoria y por alguna extraña razón se nos olvida que fuimos púberes inmaduros que hicimos y dijimos incongruencias en aquellos años mozos, a no ser que alguno de los presentes haya nacido con un IQ de 200 y a los 14 años en vez de vivir como un chamaco normal, estuviera acabando la carrera de Medicina. Salvo esas excepciones, la adolescencia es una de las etapas más absurdas de la vida.

Hace unos días vimos el vídeo donde unas chamacas lloraban y se lamentaban amargamente de que no alcanzaron boletos para ver al tal Justin Bieber, la burla, la humillación, y casi la lapidación, no se hizo esperar para estas escuinclas, que la verdad, ¿a quién le hacen daño con sus alucines? Los comentarios van desde, que por eso el país está como está, hasta los que quisieran que Las Justinas lucharan codo a codo con Javier Sicilia en vez de andar chillándole al Bieber.

Yo no sé de ningún adolescente que en condiciones normales esté interesado en la Paz Mundial, en El Cambio Climático, preocupado por la caída de la bolsa, o que se truene los dedos porque dos galaxias están a punto de la colisión, no ¡que va! Y recalco que “en condiciones normales” un adolescente hace y dice cosas que a un adulto le parecen ridículas y absurdas, pero que para ellos es cuestión de vida o muerte.

Y esa es la maravilla de la pubertad, que se puede uno preocupar y ocupar de cosas sin trascendencia.

No se puede esperar que una jovencita mundana aluciné con la música de Joshua Bell, que haga fila por horas para que Vargas Llosa le firme un libro, o que llore de emoción porque pudo saludar a Mario Molina.

Un padre preferiría ver a su hija llorando por Justin, que verla llorando porque un pederasta abusó de ella, que gaste sus ahorros en un boleto, a que lo gaste en un aborto, que su droga sea la música (buena o mala que más da).
Que maravilloso sería que el único gran problema de las niñas de este país sea que se acabaron los boletos de un concierto, y no los problemas que por desgracia muchas mujercitas tiene que enfrentar a tan tierna edad.

Ni les faltó acido fólico, ni les faltan neuronas, ni son estúpidas, son simples adolescentes ordinarias. Que bueno sería que de vez en cuando recordáramos que también alguna vez fuimos ingenuos, que algunas vez nuestros tesoros más preciados eran los discos y los pósters de un ídolo, u otros tesoros estrafalarios, porque en verdad me parecería lamentable haber pasado por la pubertad sin haber tenido ilusiones, sin haber hecho tonterías, si haberse enamorado de un cantante o de un compañero de escuela.

Y tal vez en un futuro, alguna psicóloga, una pediatra, una maestra o una escritora, se reirá a carcajadas (o se morirá de vergüenza) cuando vea un vídeo en donde ella parece de jovencita llorando por Justin Bieber.

Hagamos el chingado favor de no ser tan radicales, recuerden que “Lo que uno no puede ver, en su casa lo ha de tener” no sea que la vida nos de un@ hij@ que admire todo lo que nosotros rechazamos o viceversa.

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