2011

Don Quejoso – De la tolerancia y otras fantasías

Qué tal. ¿Me recuerdan? Soy el viejito de los post eternos de las muchas letritas.y los pocos dibujitos. Ya sé que a muchos no les gusta este caduco quehacer de la lectura, pero vamos ¡sean tolerantes conmigo!.

Y es justo la tolerancia el tema que quiero ventilar en este nutrido foro. Esta palabra tan de moda, tan progresista, tan “in”.

Este movimiento sociopersonalprocomunitario (permítanme el neologismo) que aboga por un mundo en el que las personas nos llevemos mejor aceptando nuestras diferencias y con un mayor respeto hacia nosotros mismos que nos llene de esperanza y nos ofrezca una luz al final del oscuro túnel de la convivencia mutua.

La tolerancia actualmente es vista con buenos ojos, y aquel que se suma a ella es alguien a quien se le respeta y alguien a quien se le atribuyen características renovadoras. Alguien tolerante es alguien buenagente.

Porque lo-de-ahora lo-de-ahora es ser tolerante, es el brote de auxilio hacia las minorías, es la defensa del necesitado. Es el echarle la mano al desvalido. Lo que tanto nos caracteriza a todos los seres humanos. ¿No?

Bah. Patrañas.

La tolerancia que hemos aprendido es sólo el conjunto de palabras exactas que debemos decir para sentirnos parte de este camino de rectitud ante los ojos de nuestros “semejantes”. Nada más que palabras.

Porque aquella señora que dice “Yo soy muy tolerante con los homosexuales, pero ay de mi Juanito si me sale con una jotería. Nomás con que no se metan con lo mío no hay problema” no está representando lo que la tolerancia es.

O no me salgan conque nunca han visto con malos ojos al indigente con olor a guácara de tres días. O a la María vendepapas. Vamos, ni siquiera pudieran decir que son tolerantes con los americanistas!.

La tolerancia se debe dar no sólo a quienes nos caen bien o “no tan mal”. La tolerancia real la deberíamos hasta a los más infames y detestables de nuestro mundo.

Si, si. Tolerancia es aceptar que existe un hijo de su PERRA madre que ha violado a tu hija o a tu hermana y no querer masacrarlo a pedradas. Porque no es lo mismo ver las injusticias ajenas con la misma intensidad que con la que vemos las nuestras cuando nos suceden (Y aquí ejemplos puede haber cientos). Pero si te vas a llamar tolerante, y si te precias de ser tolerante, tendrías que serlo con todos. Hasta con los intolerantes.

Parece que somos tolerantes solo con las personas que “se merezcan” nuestra tolerancia. Y con los demás, pues nanais. El gran problema aquí es que el juicio que puedo tener yo al calificar algo o a alguien de “tolerable” puede no ser el mismo que el tuyo. Y ahí la cosa empieza a valer cacahuate.

Entonces, en lo que decidimos si la tolerancia es un término absoluto (o se es o no se es) o bien es un término que define grados (que *tan* tolerantes somos y *cuánta* tolerancia es socialmente correcta) se nos pueden ir las buenas intenciones y corremos el riesgo de que se nos caiga la mascarita que tan bien nos queda.

Mi punto es que muchos de los autollamados tolerantes son más pantalla que otra cosa. Y también creo que para llevarte “suficientemente” bien con los demás no necesitas andarte montando en movimientos sociales de moda.

Yo no creo que la característica principal del respeto entre nosotros y por nosotros deba ser la tolerancia. Por esto:

Démosnos cuenta de la soberbia implícita tan sólo por autocalificarnos tolerantes; porque la tolerancia que vivimos nace de la discriminación. En serio. Porque para tolerar a alguien tenemos que empezar por reconocer las diferencias entre “ellos” y “nosotros”. Y es inevitable pensar que nosotros somos los que estamos bien y son los otros los que están mal. Pero nosotros, tan buena onda, tan tolerantes, les “perdonamos” sus faltas volteando para otro lado mientras los “dejamos ser”. Y así, nos sentimos bien con nosotros mismos. Pero al final de cuentas estamos marcando y perpetuando las diferencias.

En todo caso, en lugar de tolerantes deberíamos ser incluyentes, si quisiéramos que las cosas funcionaran bien. La tolerancia segrega. La inclusión suma.

Por ejemplo: No es que debamos “permitir” que los homosexuales adopten hijos y con ello formar una mejor sociedad. Más bien el enfoque es que seríamos mejor sociedad por el hecho de que seas o no seas homosexual no cambie tu calidad de vida o tu condición humana; y que si quieres adoptar eso no sea un fundamento a tomar en cuenta. O que tu condición de indígena no sea un factor siquiera para que encuentres un trabajo decente y sin discriminación. No es cosa de permitir y propiciar, es cosa de incluir. De dejar de marcar las diferencias subrayando las similitudes

Pero bueno, ya en el mundo real, acepto que si la tolerancia es un sueño guajiro, la inclusión es de plano una utopía. No podemos ni podremos ponernos de acuerdo en mucho tiempo porque el egoísmo es una parte medular del ser humano. Es muy bonito pensar en un mundo perfecto, pero no se logrará cuando hay tanta imperfección inherente en nosotros mismos.

Por lo tanto, y hablando estrictamente por mí (que es lo único de lo que puedo asegurar): Me sentiría hipócrita al decir que soy incluyente. Ni siquiera pudiera decir que le tiro a la tolerancia. Pudiera decir que sólo me limito a reconocerla. Lo que sí es que busco llevarme medianamente bien con todo el que pueda (o cuando menos no tan mal) y que quiero dejar para la siguiente generación un mundo mejor que el que me tocó a mí. Y aquí que cada quien ponga su definición de “mundo mejor” lo cual da pie para una buena pisteada.

“Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad”. Blaise Pascal (1623-1662)

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
315 Comentarios en “Don Quejoso – De la tolerancia y otras fantasías”