2011

La Revolución Silenciosa

El humo denso del cigarro me molesta. Un letrero prohíbe fumar dentro del bar, pero nadie hace caso, la mesera vende cigarros y presta el encendedor, hay un tipo a mi lado, saca unos faros y de su encendedor solo salen chispas, ni una flama, saco mis cerillos Relámpago, le ofrezco la flama, aspira, suelta una bocanada de humo inclinando la cabeza hacía atrás, agradece y me dice: “yo también prefiero los cerillos”, me ofrece un cigarro y le digo que no fumo.

Es un tipo entrado en años, con la alopecia coronaria que intenta disimular con un corte casi a rapa, esta ebrio y empieza una plática fluida, que no me interesa, se acercó solo a la barra y ahora tres tipos los rodean atentos, yo quiero largarme, casi es mi turno en la mesa de billar, no he puesto atención, pero de repente se dirige a mi y me dice “¿o no es cierto?” el grupo, acrecentado, espera mi respuesta, así que asiento y digo que tiene razón, ahora pongo atención a lo que dice:

“Si, en cualquier parte del país, donde ustedes quieran, a donde ustedes vayan, van a encontrar gente inconforme, gente que ya esta harta de que en nuestro país la política este hecha para favorecer la impunidad, estamos hartos de que los gobernantes se estan haciendo ricos a sus tataratataratataranietos, porque ellos ya están hasta la mierda de dinero, hartos de que una líder sindical controle la educación en México y los que pueden no tengan los huevos suficientes para hacer algo, hartos de que las empresas hagan y deshagan siendo toleradas en aras de modernizar a México, hartos de que un juez te arruine la vida al dictarte sentencia por un delito que no cometiste, hartos de que un ministerio publico le valga madre que has sido victima de un delito, hartos de un pinche policía que usa su tabiquito de poder para extorsionar…no, no, no estamos hartos, ¡estamos hasta la madre!”

Hizo una pausa, sorbió su cerveza, y alguno aprovecho para decir, que por eso era necesaria una revolución, él continuó:

“Una revolución, el hartazgo a todos los problemas que vivimos y la poca disposición de los políticos a resolverlos, hacen que en todos lados la gente crea que es mas fácil una revolución. Muchos quisieron hacer eco de los disturbios en Egipto, piensan que es la mejor manera, otros creen que con marchas y bloqueos van a conseguir algo, les tengo noticias: nuestros políticos se han hecho inmunes a eso, la revolución solo trajo caudillos, hay políticos que alientan una revolución pues sería un atajo a sus aspiraciones, nada cambiaría, no hablemos de las marchas o las mesas de diálogos, no funcionan, lo que se necesita es una revolución, sí, pero una revolución sui generis, una revolución que no cobre inocentes, ni tenga los costos económicos, ni la posible inmiscuición de gobiernos extranjeros, y que sobre todo sea un acto de justicia, necesitamos una revolución silenciosa”

Fue interrumpido con preguntas irrelevantes, lo que sigue fue lo que más capto mi atención:

“Una revolución silenciosa, no me refiero literalmente a que nadie se enteré, sino a una revolución armada en la que cada participante es un soldado decidido a hacer un acto de justicia, yo no diría mártir, pero si, por ti, por tu familia, por tus hijos, por tu patria, estar decidido a morir, igual que en cualquier revolución armada, pero aquí tu escoges el blanco, tu eliges quien muere. Imagínate que sabes que existe un gobernador que se ha hecho rico con completo descaro, y no tiene el menor remordimiento en seguir robando, mientras su Estado sigue empobreciendo, mientras niños mueren de hambruna el degusta los cortes mas finos, mientras sume a miles de familias en la pobreza, mientras delinque a la vista de todos, ¿no es ese gobernador un cáncer que merece ser extirpado? Y otro ocupara su lugar, seguramente, si, pero no será el único funcionario que la revolución silenciosa descartara, ahora imaginen que hay un juez, que dejo salir a un delincuente cuya vox populi sabe que es un asesino, peor la visión acartonada lo deja libre, ¿no es ese juez un cáncer que merecer ser extirpado? Un procurador de justicia, un ministerio público, que hace tratos con el narcotráfico y gracias a estos, las drogas se trasiegan impunemente favoreciendo la drogadicción de nuestros hijos, así como la ola de delitos que trae aparejados, esas personas ¿no son canceres que deben ser extirpados?

Imaginen entonces que una persona, harta como lo estamos todos, pueda hacer realmente algo por su país, y eso sea extirpar un cáncer de la sociedad, construir un mejor futuro de veras, cada cáncer extirpado sería un escarmiento para los que no están haciendo bien su trabajo, es un directo “ti sigues” ninguna revocación de mandato sería tan efectiva, y es también un acto de justicia o venganza como quieran verlo, cuantas personas no han sido victimas del sistema? Cuantas siguen en el pasillo en espera de justiacia, no hay que esperar, hay que tomarla, tener un arranque de valor y tomar nuestro país.

Cada funcionario depuesto será una advertencia y sobre aviso no habrá engaño, esa es la revolución silenciosa que ya empezó”

Cuando dijo estas últimas palabras, vi que dos de sus acompañantes estaban armados, la platica siguió, casí iban a cerrar el bar cuando le pregunté a que se refería con eso de que la revolución silenciosa ya empezó.

“Lea las noticias”, me dijo, apuro el trago y se fue, siendo alcanzado en seguida por un séquito de al menos diez personas

Maximus o Máximo, así dijo llamarse.

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