2011

El Fantasma

6:30 de la mañana, abro los ojos, una vez, más mis sueños me han regresado aquí, mi mente intenta reiniciar, reacciona abriéndose paso entre una gran cantidad de recuerdos, deseos, ilusiones, miedos, incertidumbres, reflexiones. Aún no sé qué está pasando y porque está pasando esto.

En pocos instantes regreso a la realidad, mi realidad. Me doy cuenta que no tengo nada a mi lado, ni mujer, ni hijos, ni sueños, ni dinero, estoy solo, apenas con migajas de esperanza, ilusiones de volver a vivir.

He perdido casi todo, la esperanza de salir de esto se ha reducido, he quedado bloqueado, anulado, atrapado.

Afuera…la vida, diferentes vidas, personas que deambulan quizá en busca de alguna esperanza, imagino sus rostros cómo el mío, ni creo que sean felices o por lo menos que estén tranquilas, a gusto con su vida. No creo que sean un reflejo de mí, ellos están afuera no creo que su vida sea de verdad.

Oigo las mismas voces, los mismos sonidos, veo la misma gente, siento las mismas sensaciones y pensamientos. Nadie me interesa, nadie me ve, a nadie le intereso así, en mi estado en el cual estoy, no sucede nada. Irónicamente la nada provoca todo, hasta la destrucción, hasta el olvido, hasta el hastío.

Me siento frágil, frío, temeroso, incómodo dentro de esta realidad, este ambiente cotidiano que rasga mi estado de ánimo, cómo una fría losa que ahoga mi espíritu una y otra vez.

Inicio la batalla contra el día, intento que me escuchen, que me vean, manifestarme. Y cuando esto no sucede, llegan los pensamientos fúnebres, fantasmas, muerte blanca, ave transparente que se posa dentro de mi alma, y esas voces internas que al amanecer iniciaron la batalla, callan, se doblegan, me desarman, quedo en silencio, ni un sentimiento de culpa para alguien, ni para mí mismo. La derrota lacera. Creo que para muchos no existo.

La tarde me apresa, me encierra en la melancólica soledad del recuerdo y la añoranza, demonios atacan mi mente con flechas en forma de recuerdos reprochables de cuando alguna vez fui una persona común y no padecía la miseria moral, anímica, económica.

Hazme el Chingado favor que después de 4 décadas de vida, la mitad de trabajo productivo y familiar, regresara aquí a deambular entre vacantes y desempleados ahora cómo un FANTASMA más del DESEMPLEO.

Cortesía de Dante

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