2011

Don Quejoso – Te extraño, Porfirio

Dicen que la democracia es la cúspide de las formas de gobierno, la más civilizada, la más justa. Dicen que es el gobierno del pueblo, ajustándose a sus etimologías. Dicen que es la mejor manera de llevar con prosperidad el rumbo de un país poniendo como fin primordial el consenso de las opiniones hacia un bien común.

En un mundo ideal, estoy de acuerdo con los que lo dicen. ¿Democracia real, actual y factible para México?… emmm…. a lo mejor no tanto.

Porque una democracia en donde los partidos políticos no busquen el bienestar común sino el suyo propio no es democracia. Porque una democracia con una cámara de diputados y senadores que no hagan su trabajo anteponiendo por sobretodo uno de los valores más intocables como la ventura y abundancia para el país sino los intereses más egoístas no es democracia.

Los que estamos fuera de la política sólo nos indignamos cuando evidenciamos la desviación de sus quehaceres que, por definición, deberían carecer de tintes de vanagloria personal. Sin embargo no perdemos la fé en la democracia, porque es el camino correcto, es nuestra meta final. Es lo que se debe hacer para estar mejor. ¿No?.

Y eso, para mí, es un sueño guajiro. En la situación actual de mi México querido creo que la cuasidemocracia que estamos viviendo es más dañina que propositiva. Para tener un mejor sistema político en México habría que cambiar muchas, muchas mentalidades. Y si bueno: no podemos ponernos de acuerdo entre poquitos ‘cuantimenos’ cuando son miles las sanguijuelas que sólo quieren chupar su propia dotación de sangre del ya raquítico torrente nacional.

Qué bonito sería que todos los involucrados en la política tuvieran el mismo interés por darle a México la bonanza que todos deseamos, pero… permítanme proponerles un ejercicio de imaginación:

Creo que más nos valdría soñar con tener un dictador bien intencionado a soñar que todo nuestra democracia se enderece. Total, si ya estamos soñando cosas imposibles. Yo creo que es más fácil soñar con que UNA persona sea buena -no importa su porte de dictador- a soñar a que TODOS los méndigos lacras chupasangre de nuestra querida -e intocable- democracia se coordinen con un fin de bienestar común.

¿A poco no sería chido tener a un todopoderoso benévolo que con el simple hecho de ordenarlo haga que las cosas se materialicen?. Digo, es lo mismo que la mayoría le reclama a Calderón en el sentido contrario. “¿Por qué no haces nada Calderón?”, “¿Por qué no tengo trabajo Calderón?”, “¿Por qué no arreglas el país Calderón?” cuando bien sabemos que muchas de las cosas que proponga el presidente (buenas o malas) son echadas para atrás por la burocracia y por la autoprotección de los partidos en las cámaras. Le reclamamos a uno, cuando la culpa está diluída. (En todo caso, ya con un dictador podríamos más agusto y con certeza echarle la culpa completita de las cosas porque pues, sí sería de él).

Ok, ok. Es cierto. A lo mejor es demasiado soñar con un dictador bien intencionado. Pero a lo mejor podemos aspirar a un dictador “no tan cabrón” pero con una buena visión estratégica. Que se haga asquerosamente rico, sí (¡qué importa!), pero que le de al país un solo rumbo más próspero (y no que cada quien jale pa’ su propio lado). A lo mejor buscando más dinero para él, pero así todos saldríamos ganando.

Imagínense que tenemos un dictador que acabe con los círculos de poder. A lo mejor acaba con el narco, a lo mejor lo contrario: lo legaliza. A lo mejor acaba con los tráficos ilegales de armas o con las mafias que propician los robos. A lo mejor acaba con los sindicatos que tienen de defensores de los derechos de los trabajadores lo que yo tengo de nalgón. Todo para acabar con la competencia, claro, pero al fin de cuentas acabaría con ellos.

Y ya que estamos imaginando, pues también imaginemos el rumbo que pudieran tomar PEMEX, la CFE y todas las instituciones gubernamentales. Imagínense que se alinearan a lo que mande el supremo mandamás. Imagínense que todos (ahora sí TODOS) pagáramos impuestos, Imagínense que existieran castigos ejemplares para los criminales. ¿Y qué tal que también con las policias y funcionarios públicos que no cumplieran con su deber?. Ah, sí. Para mí es más fácil tener estas fantasías (o delirios) que pretender que la democracia pura y desinteresada se aplique en México.

Ya sé que a estas alturas ya muchos se han sentido ofendidos con este ejercicio fantástico. Y sé que muchos otros ya dejaron de leer para elaborar sus insultos calificándome de retrógrada (por lo menos), pero bueno. Muchos creen que poniendo en su cuenta de twitter “estamos hartos de la delincuencia, no más sangre” están haciendo algo por su país. Al final de cuentas cada uno de nosotros soñamos con su propia versión del edén.

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