2011

Mexicanos al grito de guerra por la paz

No entiendo a mi país, su lucha, los miles de muertos que caen y caen día tras día, no comprendo a la política, a los que votan ni a los votados. No entiendo el problema de nosotros, el racismo del mexicano, el individualismo del norteño, la indiferencia del ciudadano.

No entiendo ni busco justificación alguna de tanta muerte, de tanta sangre que cae, de tantos hermanos que mueren, no quiero encontrar el génesis del secuestro, ni de las balaceras, ni el momento en el que salir de noche se volvió peligroso.

No entiendo a los gobernantes que se lavan las manos, ni a los medios públicos que tergiversan la información, ni a las cabezas de las iglesias, ni a los promotores.

No me entiendo a mí, no entiendo ese olvido que desarrollo, esa escueta sensación de números y no de víctimas, de cifras solamente, de temor a que el dolor me alcance pero apatía cuando alcanza a mi vecino.

No entiendo a la pobreza, a la falta de oportunidades, a un país malinchista, criticón, soberbio.

No entiendo estos quinientos años de retroceso, a los Zapatistas en su isla ideológica, no entiendo a los grupos delictivos, a los encajuelados, a las cruces en la frontera, a los vaqueros de plata, las desapariciones, los raptos.

No entiendo a las instituciones, sus jerarquías asquerosas, a los moscos y pirañas que yacen en su curul.

No entiendo al presidente ni al presidiario, las dobles caras, las risas falsas, los malos ejemplos.

No entiendo la violencia intrafamiliar, las ausencias prolongadas, la fuga de talentos, las marchas de unos cuantos escupidas por otros tantos.

No entiendo a los que no asisten por la lluvia, por el trabajo o por la pereza, a los granaderos y a las granadas. A las notas rojas y amarillas que muestran sangre y senos.

No entiendo la demanda escolar, la falta de infraestructura, el dinero fácil, el dinero sucio.

El alto costo, el neoliberalismo, el centralismo, los robos y la contaminación.

No entiendo a los que derrochan, a los que malvenden, a los que transitan, a los que agachan la mirada.

No entiendo a las lentes del mundo que voltean y no hacen nada, la corrupción, la manzana mordida que se pudre en el interior de un país que nomás no quiere salir del agujero.

No entiendo a los militares que se venden porque no hay de otra, a la bandera más roja que blanca o que verde, a mi escudo escupido por saliva venenosa.

No entiendo a la educación pública, al poco uso de bibliotecas, al excesivo uso de drogas y piratería… el calor incesante, la lluvia torrentosa, la opulencia desquebrajada, las citas y citas que se escriben y se pierden en revistas culturales que nadie lee y que todos pisan.

No entiendo al que veo en el espejo, al que veo en la calle… no entiendo por qué no hago nada.

Quiero entender…

Quiero comprender…

Quiero que nos movilicemos… que luchemos por recuperar las calles

quiero que haya futuro para los niños, que haya sonrisas para nuestros ancianos, que vivamos mejor, que no haya guerra y gente jugando a matarse en una faena por el dinero.

A los que discriminan, no los entiendo, a los racistas, a los pseudochovinistas, a los que se aburren, a los que no estudian.

México, levántate, me levantaré contigo, levanta a mis hermanos, hagamos algo.

Que no seamos números más, hagamos algo. Obremos. Reivindiquémonos de sur a norte de este a oeste, México ¡luchemos!

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Míkel

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