2011

El valor de un Peso

Hola, ¿se acuerdan cuando un pesito? un simple pesito? ¿valía mucho? Yo si me acuerdo, pero yo lo recuerdo con otra denominación, mil pesos.

Mil pesos eran, en aquellos gloriosos inicios de los 90, un enorme regalo para un niño, cinco mil pesos deberían bastarte para comer bien en el recreo por una semana, por ese entonces me compraba unas sabritas y un refresco con mil pesos. Una vez yo tire mi moneda de mil pesos en la calle y llore porque mi mama me regaño por quererla recoger, me dijo “vale mas tu vida que mil pesos” yo me dije “la vida no vale nada ahorita sin mis mil pesos”, boberías de niños, pero lo entendí tiempo después, simplemente para decidir que no era lo mío, pero ese es otro tema.

¿Porque hago insistencia en MIL PESOS? Nada mas, me agrada el detalle.

En aquel entonces las maquinitas costaban trescientos pesos, ósea una moneda de doscientos y una de cien, o tres de cien, etc, hagan cuentas. Las cosas rara vez costaban cincuenta pesos, por lo que rara vez pude yo tener una en mi poder, pero recuerdo que eran plateadas, las de cien traían a Venustiano Carranza y las de mil claro, a sor Juana, las de cinco mil eran mas grandes, pero supongo que no mas que una de diez, ya saben, manos de niño. El micro costaba quinientos pesos, me acuerdo, y ya luego fue subiendo, mil, mil quinientos, y ya pasaron a los nuevos pesos, cuando costaba ya 2. Me acuerdo en ese entonces el refresco mas grande costaba mil quinientos pesos y eran los de litro y medio, la sociedad no daba para tanta puerquez y la mercadotecnia todavía respetaba el buen vivir y las buenas costumbres familiares.

Yo también me acuerdo que por esos ayeres con unos cien o doscientos pesos se llenaba el carrito del súper en la comercial mexicana, ósea unos doscientos mil pesos de ese entonces. Y también me acuerdo bien clarito que siempre agarraba y echaba algo al carrito y ya en la casa me decían SIEMPRE que el cerillo había olvidado echarlo, señores papas, no hagan eso con sus hijos, crecen odiándolos por mentirosos.

Para el caso y lo que me hizo recordar este asunto es lo siguiente.

Me pase a dar una vuelta al centro con mi señora esposa hace unos días, con un poco de dinero extra uno todavía tiene la alegría de saber que aun existen cosas baratas, y entre esas callejuelas perdidas, esas mini placitas del centro escuche un titilar familiar, era el Metal Slug, le eche así como va un peso, estaba toda hechiza y de hecho me morí una vez y ahí le deje, me fui a lo que sigue.

Pero me hizo acordarme, cuando yo tenia unos 8 años me dejaban ir a echarle a las maquinitas, ya desde ese entonces, Street Fighter, Mortal Kombat pues no fue lo mío, y costaban gloriosos quinientos pesos, ya luego fueron 50 centavos y ya cuando salieron las maquinas chidas, metal slug y KOF de a peso. Yo como no era experto y me gustaba divertirme, le echaba en promedio unos 20 pesos cada vez que iba a jugar, juntarlos a veces era una chinga y te quedabas hasta sin comer en la escuela o taloneando para los pasajes.

Yo y mis cuates de ese entonces fantaseábamos con poder algún día trabajar y lanzarnos a las maquinas a jugar todo el día, es como el niño que de grande quiere una dulcería para el solo; pues nos llego la hora de trabajar y jugábamos PIU ya menos frecuente, el cansancio o el tiempo nos alejo de todo eso, a unos, otros si se aventaban a ir a las maquinas de traje y como que se ve mal, en mi opinión.

Ahora que regreso mis pasos, con mil pesos en la bosa, mil de ahorita, pienso que apenas alcanza para la despensa de la quincena y eso que no vivimos solos, pienso que apenas es una mensualidad de una de las tarjetas que he tenido que sacar para salir del apuro, mil pesos para la vacuna del hijo, mil pesos para acá y para allá. Ya no queda para ir a jugar maquinitas.

Esos mil pesos que ahora son un peso y eran una enorme fortuna, ahora son otros mil pesos, diferentes, pero que no te sirven de mucho, no me lo tomen a mal, no estoy usando este espacio para enviar una queja amarga contra las corporaciones o las instituciones bancarias, es solo que creo que a veces uno tiene que darse el lujo de echarle un peso a una maquinita, para dejar de jugar después, que sea un solo gusto, o como ese niño que lloraba porque conocía el valor del dinero, de una forma muy sencilla e inocente, pero honesta, honrada y sincera.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de unDave™

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