2011

Cuando de celebrar se trata

Ayer por la noche fuimos a cenar a un restaurante, decepción mía fue saber que no servían nada de comida mexicana. Era temprano, lo cual explicaba la ausencia de gente. El lugar estaba repleto de adornos patrios: verde, blanco y rojo por doquier, campanas, banderas, sombreros de mariachis, etc.

A medida que se hacía más tarde, comenzaba a llegar la gente. En menos de dos horas, cada mesa del local estaba ocupada. Dieron las once de la noche y en las pantallas donde antes se veían videos musicales, comenzaban a transmitir imágenes del zócalo de la capital. Me di cuenta el fracaso total de los que llamaban a dejar solo al presidente para dar el grito. Al contrario de lo que se pensaría de un pueblo bajo el yugo de la violencia, todos en cámara parecían felices y satisfechos. ¿Por qué celebramos? Pienso que es más que nada, porque nos dicen que debemos hacerlo. Con esa idea crecimos, y parece ser que año tras año, no importa que tan a la orilla del precipicio este nuestro país, vamos a seguir festejando.

¿De verdad será así? ¿De verdad el pueblo mexicano no tendrá un límite digamos de inconformidad?

Violencia desmedida, paranoia, sensación de inseguridad, gobiernos corruptos, desempleo, pésima educación, golpes a nuestro presupuesto con las constantes alzas; y aún así, festejamos. Todo lo anterior, no ha sido suficiente para decir “ya basta”. Me pregunté si los familiares de las víctimas del casino también estarían celebrando.

En pantalla, el presidente constitucional de los Estados ¿Unidos? Mexicanos. Sin más ni más, comenzó a gritar los “vivas”, a la vez que todos en el salón gritaban ¡VIVA!… Ahora, el himno. Justo me vino a la mente la escena de la película “El Infierno” donde el escudo nacional, símbolo patrio por excelencia, es manchado por sangre que escurre de un cuerpo inerte sobre el pódium. Otra vez recordé a las víctimas del casino, pero se le sumaron las de los granadazos en Michocán. Sentí un nudo en la garganta mientras se me estrujaba el corazón. “Un soldado en cada hijo te dio…” No es cierto, a nuestra patria, a la que “celebramos” anoche, no hay quien la defienda. Se ahoga entre sangre, corrupción e indiferencia, frente a un pueblo indolente.

La familia de Calderón sonreía ante el espectáculo de fuegos artificiales. Qué bien se debe sentir saberse seguros. El presidente en cambio, estaba serio. Por lo menos no hizo gala de su cinismo. ¿En qué estaría pensando? ¿en qué irían a servir de cenar? ¿en las elecciones del 2012? ¿en su agenda de hoy? ¿en el país que es su obligación gobernar? En esto último, no lo creo.

Finalmente regresaron a la pantalla los videos musicales, pedimos la cuenta y abandonamos el lugar, particularmente con la sensación de que no me divertí.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de killerina

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