2011

La moraleja del cadáver

LA HISTORIA:
Como muchas veces en las madrugadas, suelo salir a la tienda tipo “Oxxo” que queda a 3 cuadras de donde vivo. Es una avenida extremadamente transitada de la ciudad de México.

Pues nada que resulta que anoche me encontré un cadáver (bien muerto) casi a la mitad de los tres carriles que van de norte a sur. En cuanto lo vi me di cuenta que estaba bien muerto el ‘dijunto’ cadáver. Por humanidad me acomedí a moverlo hacia la banqueta. Para eso lo arrastré de sus brazos y lo dejé fuera del alcance de los vehículos y trailers que pasan por cientos cada noche, los cuales lo hubieran hecho picadillo si le pasaban por encima involuntariamente a esas horas.

A la mañana siguiente, a las 8am (recuerden que el sospecho siempre regresa a la escena del crimen), ya estaban la policía, los forences, la funeraria y la prensa tomando nota del hecho.

LA MORALEJA:
Gracias a mis compañeros médicos de nuestra empresa, me doy cuenta que nunca debí haber movido de su lugar aquel cadáver. Eso nunca se debe hacer. Quede como quede, nadie lo debe mover, si alguien lo hace, automáticamente ya queda implicado en el delito como presunto culpable de homicidio.

Así son nuestras leyes mexicanas, “uno es culpable hasta que no se demuestre lo contrario”.

¿Qué debí haber hecho?

– Llamar a la policía.
– Colocar señalamientos de cualquier tipo para evitar que los vehículos le pasaran por encima.
– Encenderle una vela o veladora (por religiosidad).
– Declarar a la policía.

O sea perder de 3 a 6 horas de mi valioso tiempo en ese desmadre.

Así que… la próxima vez que vean un cadáver (en este país hay 30 diarios por ahí perdidos en cualquier lugar) mejor ni se detengan, sigan su paso, a menos que como le pasó a un amigo de Tamaulipas, el cadáver esté a la entrada de su cochera. En ese caso nada más háganlo a un ladito para poder entrar.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Jesús

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