2011

Killerina – Una mirada a Chiapas, Palenque

Con el gusto de seguir invitando a nuestros amigos y lectores a participar con nosotros, hoy le doy la bienvenida a la siguiente colaboradora en estas miniseries. Bienvenida Killerina. – El Chilakil

“Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia”
Sir Francis Bacon

En cuanto la espesura de la selva se fue haciendo más intensa, supe que estábamos por llegar a Chiapas. Pese a que estaba nublado, podían sentirse unos cálidos 32º junto con una leve brisa que refrescaba. Parecía que el estado nos recibió de buena gana. Llegamos a Palenque, un pueblo más o menos grande que a presión turística se quiere convertir en ciudad pequeña. Me pareció exagerada la cantidad de hoteles, posadas, hostales y pensiones que hay. Pero creo que ese es el destino de las comunidades con algún atractivo, consumirse dentro de su propia belleza.

Como visita obligada, en primer lugar está el Parque Nacional de Palenque, que como toda buena zona arqueológica de nuestro país, nosotros lo paisanos somos superados en número por los güeritos foráneos. Las teorías van desde la diferencia de capacidad económica, hasta que ellos lo aprecian más. Un joven Tzeltal se ofreció como nuestro guía por la zona. De verdad que las palabras no bastan para describir la grandeza de la ciudad, opacada si acaso, por la majestuosa selva que la rodea. El niño Tzeltal señala un montículo que parece una montaña de unos treinta metros de altura, cubierto en su totalidad por la vegetación. Asegura que debajo de toda la maleza, hay un templo oculto que no ha sido explorado. Desde la cima de la primera pirámide, se alcanza a ver la ciudad en todo su esplendor, casi igual que como la vio algún gobernante Maya hace miles de años atrás, y sigue ahí, tan soberbia, tan imponente.

“Aquí se encuentra el sarcófago de la Reina Roja…” “…En esta adoraban al Dios de la lluvia…” “Aquí está la estela donde se supone el Rey Pakal está en una nave espacial…” Sigo escuchando las maravillosas historias que nos cuenta. Dramas familiares y políticos Mayas, después de todo, la naturaleza del ser humano no cambia, al parecer no importando la ubicación en espacio y tiempo.

Mis piernas ya no aguantaban, subir y bajar una pirámide más, significaría quedar inerte el resto del viaje. Y veía al heredero Tzeltal, sin rastro de esfuerzo ni cansancio. Impaciente porque termináramos de tomar fotos. Cosa curiosa, en toda la explicación sonaron nombres de arqueólogos y universidades extranjeras. ¡Ay de nuestros queridos antepasados! serán otros quienes descubran, estudien y engrandezcan su legado. A causa de esto, los Tzeltales han encontrado conveniente instruirse en más de un idioma.

Los guías más experimentados, llegan a hablar hasta tres idiomas aparte de su lengua nativa y el español. El joven de quince años que nos acompañó, sólo habla español y lo básico de inglés, pero le falta cerca de un año para terminar su curso, eso si, ya no terminó la secundaria.

Tomo el último sorbo de la botella con agua y aún no mitigo la sed. El Tzeltal se ofrece a llenarla en el río. No podría haber agua más fresca que aquella que probé. Tras dos horas de recorrido, caigo abatida por el cansancio bajo la sombra de un inmenso árbol de ceiba. Sigo sin poder asimilar la belleza de la ciudad fusionada con las maravillas naturales. Y de pensar que sólo es el principio…

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