2011

La matrícula de la intolerancia

Voy a encontrar a ese hombre, lo haré.

Hoy cuando mi papá y yo veníamos de regreso en la camioneta, nos chocó con su Ford placas LRR4471. Nos estacionamos, bajó del carro y dijo: “Tú me chocaste. Tú pagas”. Después de mucha discusión, el hombre se dirigió a mi papá:

“Tú eres ilegal. Voy a hacer que te deporten”.

Me enojé, pregunté qué le hacía pensar que mi papá ilegal y evadió mi pregunta con un:

“Voy a hacer que los deporten a los dos, porque son ilegales”.

El hijo de este hombre intentó calmarme, pero solamente me enojé más y le pedí que no me dirigiera la palabra. Veía en sus ojos cierto disgusto, más que por la situación, por las palabras que su papá dijo y con las que no concordaba. En su cara se notaba la pena y la preocupación. Me hice a un lado y esperamos a la policía. Cuando volteé, el hombre estaba esculcando nuestra camioneta, así que fui a cerrar las puertas y las ventanas. Sacó su celular y comenzó a balbucear:

“Yes, estranjers. Japanis or Chanais. Yes, 30 minutes”.

Dios, ¿en verdad cree que somos tan primitivos? – pensé. ¿Cree que no entiendo su nefasto inglés? ¿Que no capto su patético intento de hacer que mi papá y yo entráramos en pánico? Qué, me pregunto mil veces, QUÉ le hizo pensar que yo tendría miedo de una persona que hace conclusiones tan contundentes y que nos discriminó de esa forma. Totalmente contrario, me sentí con más coraje para hacerme escuchar y pelear en contra de sus argumentos erróneos.

Cuando tomé la matrícula, subieron a su carro y arrancaron. Le avisé a mi papá que se iban a ir, entonces mi papá les avisó que tenían que esperar a la policía. El hombre lo miró, mostró su indiferencia, y se echó para atrás, acomodando otro golpe al frente de nuestra camioneta. Después, se fue. Mi papá enfureció y quería correr para alcanzarlo, comenzó a gritar, pero yo lo sostuve para que ya lo dejara ir. No vale la pena discutir con ese nivel de pensamiento.

Que en ese golpe marcado en su Ford verde, queden grabadas las palabras que le dije claramente y mi mirada de hastío por gente como él. Que cada vez que mire las rayas de la pintura blanca de nuestra camioneta en ese mismo golpe causadas por el roce del metal, piense en mi y recuerde que nunca, durante esos veinte minutos, sentí miedo o temor.

Que el destino lo va a encontrar a él pronto. Y lo va a hacer pagar.

Vía: zdcbra.tumblr.com

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de diBrujo

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