2011

Una mirada a Chiapas

Hace poco más de un año que el blog se convirtió en parte definitiva de mi día. Antes de eso, eran visitas esporádicas que solían arrancarme una sonrisa, ya sea por los posts o los comentarios. Fue paulatino, comentando por primera vez, descubriendo qué significa “troll”, intentando poner un avatar. Desde entonces, no ha dejado de maravillarme.

Agradezco la invitación a ser parte de este desmadre organizado. De antemano les comento que las buenas ideas no se dan en los árboles, así que no me culpen si de repente no encuentro alguna que compartirles. No pretendo encontrar el hilo negro, tener la razón, predecir el futuro, exponer razonamientos de alto nivel intelectual, proponer amor encima de la guerra, destapar conspiraciones, cambiar mentalidades ni mucho menos el mundo desde la comodidad de mi hogar. Normalmente se me acusa de ser políticamente incorrecta y moralmente flexible, pero ya ustedes dirán. Escribiré lo que tenga que escribir, después de eso, será una extraordinaria suerte si trasciende en alguno de ustedes. Señoras y señores, veamos pues qué se siente bloggear.

De camino a San Juan Chamula, el guía comienza por hacerte una serie de recomendaciones que más bien suenan a advertencias. No tomar fotos ni video de algún lugareño sin su permiso, no alejarte del resto del grupo, mantener una conducta adecuada y bajo ningún motivo ni circunstancia, tomar fotos dentro del templo. Las autoridades máximas, son del tipo religioso, llamados mayordomos, son bastante sensibles a lo que consideran agresiones o faltas de respeto por parte del turista. Tan sensibles, que ni siquiera puedes mirarlos de forma insistente ni directamente, ya que también representa una ofensa. Cualquier falta, puede ser juzgada por los mayordomos, de acuerdo con los usos y costumbres, como pena máxima un linchamiento, por tal motivo es recomendable ir al pueblo acompañado por un guía experimentado.

Escenario principal de la guerra de castas, San Juan Chamula sobrevivió a la colonización, manteniendo tradiciones como el trueque, que se puede apreciar en la placita a modo de mercado donde los colores tanto de los vestuarios como de las flores, frutas y verduras sobre los cajones de redilas, dan un aspecto incomparable y de magníficos contrastes.

Por fuera, la fachada del templo no ofrece mayor atractivo que ser una construcción típica estilo colonial. Pero al cruzar el marco de la pequeña puerta, comienza una experiencia espiritual indescriptible. Para empezar, no sabes cuál de los sentidos es golpeado con mayor intensidad. La atmosfera se me antoja densa. El olor a flores, incienso y cera quemada, inunda por completo el ambiente. No hay bancas, por lo que la gente está sentada en el suelo, rezando o haciendo algún rito en un dialecto incomprensible. El interior está iluminado por la tenue y amarillenta luz de cientos de veladoras, que le da un misticismo único. Ambas paredes albergan nichos con santos, frente a uno de los cuales, a escasos metros, estaba un chamán con unas dos o tres gallinas, huevos y hierbas, realizando una elaborada limpia, escupía posh al paciente, que es el aguardiante típico al que se le atribuyen propiedades curativas. El templo no es reconocido por la iglesia católica, pese a la influencia de esta tanto en la decoración como en las creencias, la razón: “el paganismo” que se practica dentro del lugar, utilizando animales, chamanes y ritos prehispánicos.

Haré un salto enorme, ahorrando kilómetros de reseña para continuar con Chiapa de Corzo, por cuestiones de tiempo.

Chiapa de Corzo fue el lugar que albergó nuestra última noche en Chiapas. Tiene un centro precioso, con un kiosco de proporciones épicas que asemeja a un castillo. Recorriendo el lugar por la noche, nos encontramos con un grupo de fútbol americano entrenando en el atrio de la iglesia, la escena era entretenida, tanto por la fachada blanca del templo como fondo, como por los gritos del entrenador y los jugadores.

A primera hora del día y después de un delicioso cochito horneado del mercado, fuimos directo al embarcadero para comenzar con el tour de 2 horas a través del cañón del sumidero. A menos de 5 minutos de haber comenzado el recorrido, el lanchero se orilló para mostrarnos un lagarto a la asoleándose sobre unas rocas. Al principio estuve escéptica de la suerte de “encontrarnos casualmente” con la primera atracción, hasta llegué a pensar que estaba amarrado, teoría que en el acto fue desvirtuada por el mismo cocodrilo que al vernos, lanzó un sonido gutural amenazador sumergiéndose al agua. El Cañón del sumidero es todo lo que puede esperarse de una maravilla natural, vistas magníficas da las paredes que enmarcan el río, que en su mayor auge, miden más de mil metros de altura, formaciones de rocas asombrosas, cascadas que debido a la altura y al viento, difuminan su caída asemejando al velo de una novia. Lamentablemente todo esto queda opacado por un tramo donde toda la superficie del río está cubierta por una densa capa de basura.

Metros y metros de basura, es indignante cómo pueden permitir que tal belleza natural sea ensombrecida por tan horrendo espectáculo. Finalmente me pregunto ¿responsabilidad de quién es? ¿Quién está obligado a actuar respecto al problema? ¿El gobierno estatal? ¿Los lancheros que de dicha atracción llevan día a día el sustento a su casa? ¿La misma gente chiapaneca que finalmente es dueña de todo ese desperdicio?

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