2011

101 años después, persisten casi las mismas insatisfacciones por Rodolfo Martínez Galván

Este pasado domingo se cumplieron 101 años de haberse iniciado la revolución mexicana, movimiento social, guerra civil o como se le quiera llamar. Y a como están las cosas, no hay muchos motivos que digamos para la celebración, porque si bien antes del 20 de noviembre de 1910 las decisiones políticas estaban en manos del dictador y los jefes políticos que tenía diseminados por el país. Hoy esas decisiones son de los partidos políticos y de los gobernadores que muchas de ellas no desmerecen al lado de las que se dictaban antes de la revolución.

Mientras en lo que concierne a calidad de vida, 101 años después la pobreza persiste. Se estima en 60 millones de personas que viven en esas condiciones con todo y el chiflador spot del gobierno federal, con el que pretenden hacernos creer que hoy vivimos una vida despreocupada y con un futuro muy promisorio o a todo dar.

Como se ve que ninguno de ellos ha hecho uso del seguro popular o circulado por las carreteras. Si lo hicieran, sabrían lo que se siente que en las instituciones médicas les digan que no hay camas suficientes ni medicinas, o que cuando viajen en sus vehículos lo hagan con los testículos en la garganta y no chiflando como creen sucede.

Pero bueno, el tema que me ocupa es comparar la vida política anterior al 20 de noviembre de 1910 con la actual. Según escribió don Francisco I. Madero en su libro “La Sucesión Presidencial” en 1908, el General Porfirio Díaz con mano de hierro acabó con el espíritu turbulento e inquieto de los mexicanos, pero gracias a ello, según don Francisco, los mexicanos ya estaban aptos para concurrir pacíficamente a las urnas electorales y depositar su voto.

Incluso creyó que el General Díaz con tal de tener un final glorioso respetaría la voluntad popular. Pero en el proceso electoral de 1910 Madero sufrió las consecuencias de sus ensoñaciones. Lo encarcelaron en San Luís Potosí, sus seguidores fueron perseguidos y don Porfirio se reeligió.

Madero en prisión tuvo tiempo para reflexionar que lo que apuntó en su libro eran solo cosas aspiracionales, porque Díaz nomás no iba a entregar el Poder por petición ciudadana. Al término del proceso electoral lo dejan en libertad y se va del país para luego proclamar el Plan de San Luís, que dió inicio a una violenta guerra por el Poder con el argumento de la democracia.

Pero mientras en el norte la rebelión tenía como soporte cuestiones políticas, en el sur del país Emiliano Zapata le entraba a la lucha pero con la intención de repartir la tierra. O sea, una motivación muy distinta pero indispensable una para la otra, porque sin democracia no podría haber presidentes ni legisladores que respondieran a los sentimientos del ciudadano, y con una población en su mayoría empobrecida que interés podría tener en los asuntos políticos.

101 años después los diputados y senadores en casi su totalidad no legislan pensando en el ciudadano, porque simple y sencillamente nunca platican con él y por lo mismo no sabe que les duele, que les ofende o qué cosas sí quieren. Lo mismo se puede decir de los presidentes que hemos tenido , mientras que en lo social un siglo y un año después ya no hay tierra que repartir pero la gente del campo sigue siendo pobre, y en las ciudades crece el número de los que menos tienen como eufemísticamente les llama el gobierno a los jodidos.

Pero bueno, no todo es negro, porque hoy la enseñanza escolar hasta nivel de secundaria ya está al alcance de todos ( lo de la preparatoria si bien es ya obligatoria está en veremos). También ya podemos circular por el país sin necesidad de salvoconducto, aunque ese logro hoy en día no nos salva de ser asaltados por las carreteras.

Como también hoy gozamos de la libertad de votar en forma libre y secreta, no como en 1910 en que los policías y la tropa de don Porfirio inhibían al ciudadano de ejercer ese derecho. Hoy los uniformados ya no hacen esas cosas, ahora son otros a los que les da por hacer ese tipo de tarea según lo ha reiterado doña Luisa María Calderón.

Pero independientemente de los avances registrados, en lo político no hay muchas diferencias entre 1910 y los tiempos actuales, mientras que en lo social la pobreza persiste , pero culpar de lo anterior al presidente Felipe Calderón sería carente de sentido. Cada presidente, unos más otros menos, ha hecho su parte para que las principales motivaciones del movimiento social de 1910 sigan siendo aspiracionales, porque si bien hay libertad para votar, cuando la necesidad apremia no hay ánimo para el sufragio efectivo, aunque luego alguien mediante efectivo o especie los “anime” a votar. En síntesis : 101 años después hay tareas inconclusas.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de pEpAo

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