2011

Killerina – Una mirada a Chiapas, el accidente

¿Qué sería de una aventura sin un evento inesperado? Por eso este viaje transcendió: por los paisajes de película, las ciudades antiguas luchando por sobrevivir a un mundo globalizado, el mal tiempo, los sabores, la historia y por supuesto, el accidente.

El clima, como durante todo el viaje, bastante desfavorable. Conforme subíamos el camino una curva tras otra, la neblina se iba haciendo cada vez más densa. Pese a que estábamos a plena tarde, con dificultad se alcanzaba a ver a unos tres metros de distancia. Mientras veía uno de los tantos folletos de Chiapas, seguía pensando la mala suerte de venir en una época donde las Cascadas de Agua Azul estaban tan ordinarias. De repente y sin más, se escuchó un golpe seco, estruendoso y estremecedor. Pasaron unos segundos antes de darme cuenta que nos habíamos impactado con una camioneta. Miré tras el parabrisas intacto, el cofre del automóvil hecho rollito. Medio escuché un “¿estás bien?” medio contesté un “sí”. Seguíamos a la mitad de una curva así que la cosa era bajarnos lo más rápido posible antes de que otro coche se estrellara. Abrí la puerta, los folletos cayeron al pavimento, y trastabillé hasta llegar al acotamiento.

Se oyó el rechinar de llantas de un jetta que con destreza esquivó el carro. Más adelante estaban dos camionetas estacionadas. Una más se estacionó tras de nosotros, misma que ayudó a quitar el coche de en medio de la autopista. Entonces empiezan las explicaciones de los implicados en el siniestro; el primero se amarró porque un supuesto peatón se cruzó, la camioneta detrás de él lo roza pero logra sortearla y nosotros pues ni frenamos, ni sorteamos. Hace mucho frío, estamos en medio de la sierra y obvio no hay señal. Pensando las cosas, técnicamente los daños corren por nuestra cuenta por cuestiones de alcance, pero a los dos conductores no les importa y deciden irse. El primero se disculpa pero no tiene aseguradora y no quiere problemas, el segundo alega prisa, toma su defensa del suelo, la sube a la batea y se marcha. Una joven de nombre Claudia se ofrece a llevarme a la caseta más cercana para marcarle a la aseguradora. De camino, vemos una patrulla federal con la sirena prendida. Nada más de verla me dio escalofrío y no era para menos. Han pasado unos 20 minutos del accidente, ya me comuniqué con la aseguradora y ya me marcó mi novio para decirme que nos veíamos en un retén instalado en la entrada de San Cristóbal, lugar al que trasladaron al carro y a mi novio.

Como era de esperarse, comienzan las extorciones primero así de cuates, luego con amenazas. El argumento de los federales es que por qué no hay ningún otro coche, a lo mejor lo desbarrancamos y pues esto se tiene que esclarecer. ¡Hazme el chingado favor! A lo mejor matamos a alguien, a lo mejor no. Pero somos culpables hasta que no les pasemos “pa su chesco”, que por cierto exigían la noble cantidad de 4 mil pesos. Hasta donde nosotros sabíamos todo estaba en orden, licencia, tarjeta de circulación, tenencias, no había heridos. Nuestro delito: meras especulaciones. Mi novio aferrado en su postura, “pues haga lo tenga que hacer oficial”. Se sabía seguro, pero yo dudaba. Tenía idea de qué eran capaces y las felaciones mentales eran inevitables. Las leyendas urbanas dicen que encuentran drogas donde no las había, sacan muertos encajuelados como por arte de magia. Evidentemente estaba exagerando, pero al ver como se molestaban porque se les exigía hacer lo debido, me hacía temer lo peor. Mi novio comenzaba a flaquear, cuando le regatearon a los 1000 pesos y amenazaban que por ser sábado tendría que pasar el fin de semana en los separos. Pero siguió firmé “pues me espero hasta el lunes”. Hasta yo me estaba desesperando, pero no me quedaba más que suspirar de resignación. Finalmente perro que ladra no muerde y menos si no tiene de donde. Muy a su pesar, después de sus infructíferas negociaciones y amenazas nos dejaron ir. El auto se quedó en San Cristóbal, para ser declarado pérdida total. Nosotros nos regresamos en autobús más seguros de los que pensamos; una patrulla escoltó al camión en todo su viaje de noche, porque al parecer esos parajes son acechados por salteadores de caminos.

Disfruté de Chiapas como no creí que lo haría, espero que si algún día se deciden a degustar ese bello estado por su cuenta, su aventura no incluya un desafortunado accidente y federales corruptos, pero si eventos inesperados, experiencias que transciendan en ustedes tanto física como espiritualmente, como me pasó conmigo.

Para mayor información…

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