Sirvan estas líneas para despedirme de un gran ser humano y un magnífico profesor. Ayer por la tarde, leía la nota amarillista y con total falta de respeto que relataba su horrible muerte. Se me estrujó el corazón, creí que lloraría, pero curiosamente la rabia e impotencia surte un efecto represor en las emociones más vulnerables.
Comenzaron la etapas de duelo; lo negué por al menos unas horas buscando frenéticamente otra nota en la red que desmintiera las palabras que escurrían sangre en la anterior, traté de encontrar quien supiera darme fe de que aún vivía, nadie sabía nada. Al fin me lo confirman, usted fue hallado en su casa muerto, desnudo, asfixiado y torturado. No conforme con arrebatarle la vida, lo despojaron de su dignidad, cosa misma que siguen haciendo los periodiquillos sensacionalistas.
Pero no se preocupe, yo lo recuerdo con el porte impecable, con la soberbia característica de los abogados, con la elegancia de un buen sarcasmo, con la mirada despectiva que regalaba a los recién ingresados. Todo el alumnado coincidía en dos cosas: que era usted muy mamón y que era el mejor profesor de la carrera. Y se jactaba de ambas con un cinismo propio de los que adolecen de todo menos de seguridad. Sin embargo, los lugares para tomar clase con usted eran peleadísimos, terminaban abriendo dos o tres secciones más para que nadie se quedara sin su tutela.
Luchaba por los derechos humanos, aborrecía el clasismo y la desigualdad haciendo filantropía a su muy particular manera de actuar. Recuerdo la famosa anécdota del caso de la familia humilde de San Bernabé, cuando aceptó por pago un cajón de redilas con tres pollos vivos. También nos enseñó que encima de la vida, la libertad es la garantía individual por excelencia. Amaba a los tratadistas franceses, nos contaba sus viajes al viejo continente. En las preguntas de su examen, se dejaba ver entre líneas su admiración por la Revolución Francesa. Ninguneaba a los abogados mediocres, ambiciosos y desviados del camino. “Ustedes están para defender al cliente, no a la Ley… Esa (refiriéndose a la Ley) tiene menos escrúpulos que todos los abogados juntos”
Gracias por todo lo que compartió año tras año a los jóvenes aspirantes a la abogacía. Vivió con congruencia, enfrentó los prejuicios, defendió su individualidad. Dejó un legado en cientos de estudiantes que como yo, buscamos y defendemos la libertad, esa libertad que no es de un sujeto en particular, sino que pertenece a todos, aunque algunos la desmerecen.
Lamento que lo privaran de la vida en un país donde lo único cierto y seguro, es que será parte de una estadística que se seguirá elevando. Habrá presión por parte de la comunidad académica; en una semana tal vez dos, aparecerá un simple carterista con una declaración firmada confesando el homicidio previa “calentadita” claro está. El verdadero agresor quedará impune, pero eso ya a nadie le importará, porque un presunto culpable ya estará tras las rejas.
