2012

Eligiendo Para México

Conozco a una persona, aunque no de muchos años, que cada que lo veo no puedo evitar pensar “Don Miguel sería muy buen presidente de la República”. Por desgracia no está afiliado a ningún partido y dudo siquiera que le guste la política. Es un hombre de cincuenta y cuatro años, trabajador, responsable y honesto. Lo he visto resolver enfrentas dando voz a ambas partes, y después con un juicio sabio por los años, ofrecer una solución viable, práctica y sobre todo justa.

Entonces me pregunto, ¿qué cualidades necesita México como nación, como sociedad y como patria para ser dirigido? Y es ahí cuando la lista es interminable. Los académicos querrán que sea un erudito en las ciencias políticas, administrativas y económicas. Que lea por lo menos unos quince libros al año. Que hable tres idiomas, preferentemente un inglés fluido. Que tenga al menos un doctorado o mínimo una educación en escuelas prestigiosas.

Los empresarios quieren a un presidente que sea visionario, que no sea débil a la hora de la toma de decisiones, sin embargo lo buscan manipulable abierto a ser aconsejado, y qué claro, sea un tanto ambicioso para llevar a México al primer mundo. Los estudiantes, se inclinan por quien asegure educación y empleo. Los sectores desprotegidos de la nación, claman por uno populista y paternalista, que tenga siempre a la mano programas sociales, que vele por las minorías, que sea humilde. Las señoras quieren uno guapo, bien vestido y que tenga buen ángulo en pantalla. Y en general se pide uno que sea honesto.

Somos millones de mexicanos, por lo tanto, millones de criterios acerca de las cualidades que debería tener un buen presidente; unos criterios válidos, unos radicales y otros ridículos. Lo que necesita nuestro país, es lo que necesitamos nosotros, por ello debemos tenerlo bien definido a la hora de otorgar nuestro voto. Desde esta perspectiva no nos sirve “el menos peor” ni “cualquiera menos fulanito de tal”, mucho menos el voto nulo.

Pero a veces se apodera de mi la desesperanza y aunque promuevo un voto pensando, llega la revelación de lo que serán las elecciones. Primero, campañas basadas en el desprestigio discreto, demagogia sobrada y propuestas obvias. Segundo, un debate absurdo con las mismas características de la campaña; y finalmente, el día de las elecciones. Una jornada relativamente tranquila; robos de algunas urnas, reportes aislados de la compra-venta del voto, enfrentas entre grupos reaccionarios etc. Y la noche en espera de los resultados, todos los partidos se declaran vencedores. Cada quien con su cada cual se felicitan en sus respectivas casas de campañas, dirigiendo anticipados discursos de victoria. Estadísticamente, gana el abstencionismo. Y sea cual sea el candidato anunciado ganador virtual, los otros muy molestos, comenzarán las infinitas denuncias e inconsistencias en las votaciones. Los aventurados impugnarán, aunque sabemos que presidencialmente hablando, hueso dado ni dios lo quita.

Pese a todo esto, y a la firme convicción de algunos de que la democracia nació y murió en Grecia, salgamos a las urnas a depositar nuestro voto, informado, pensado… pero que sea a final de cuentas nuestro.

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