2012

Recuerdos de un niño de 30

¿15? ¿20 años? ¿Cuanto tiempo ha pasado desde aquellos buenos viejos tiempos? Que fue de esos sábados en los que podías irte al cerro a “explorar” con tus cuates todo el día con nada mas que una botella de agua y unos cheetos. ¡Por cierto! Ni tú ni tu mamá tenían que preocuparse por el petroleo en los cheetos y la botella era la misma en la que te llevabas el agua a la escuela, nada de basura ni contaminantes botellas de PET compradas en Wal Mart. Nos saliamos el sábado temprano, todos los cuates de la cuadra. A cada quien le tocaba llevar algo, un machete, un cuchillo, un encendedor. Eran necesarios pues el recorrido era largo, casi casi como una aventura, una expedición. Recuerdo que mi mamá nos decía “vayan con cuidado y no se vayan muy lejos”. Así ella nos perdía la pista casi por cinco horas… todo sin ningun problema, sin preocupaciones, sin riesgo, sin miedo.

Tambien a finales de primavera era de meternos a las huertas de mango. Nos ibamos en bici hasta casi llegando a la estación del tren de carga, nos quitabamos la playera y le haciamos un nudo a las mangas para que no se nos callera el “botín”, dos de nosotros saltabamos la cerca de alambre de púas los mas raído posible y cortabamos todos los mangos que cupieran en las “bolsas”. Uno arriba del arbol y el otro abajo cachandolos, el resto afuera de la cerca cuidando las bicis y “echando aguas” antes de que el dueño nos viera y nos soltara los perros.

Algunos Domingos salíamos a cazar iguanas a la “Isla del cayacal” antes de que el Gobierno la vendiera y fuera cerrada a la gente del pueblo. Esas salidas eran realmente divertidas, el papá de mi mejor amigo tenía un rifle de diabolos 5.5, salíamos al medio día justo cuando el sol esta mas fuerte y las iguanas salen a calentarse. Nos ibamos en la camioneta chevrolet ’79 de mi papá una Custom de esas que eran para trabajar; ahora las usas otras personas para fines mas feos. Ya en la isla no había que caminar mucho, en todos los arboles podías ver hasta de a dos. Cazabamos unas tres nada mas, las más grandes. Al volver, la mamá de Alex “pelaba” las iguanas y las hacía en salsa de chile verde, demasiado picosas para Alex y para mí, pero mi papá y su papá dejaban el plato limpiecito, recuerdo que nos tomabamos un vasito de Coca Cola con unas gotitas de sangre de iguana, la Coca era para matarle el sabor, la mamá de Alex decía que contenía muchas vitaminas.

Ahora ya todo ha cambiado, si no es seguro para los chavos de 25 mucho menos para un niño de 11. Se ha vuelto peligroso salir al cerro, a las huertas o en la bici por el vecindario, la gente mala, esa que usa las camionetotas se ha apoderado de todo, ya no es igual. Veo a los niños de ahora y no disfrutan tanto como lo haciamos nosotros. Espero que esto cambie, se termine pronto, para que los futuros adultos tengan recuerdo parecidos a los míos.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de El Tlatoani del Barrio

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