2012

Justicia

Era un chico normal, es decir un tipo socialmente aceptable. Nada de proezas que destacar, nada de que ¿por que le paso a él? Siendo tan bueno, tan noble… no. Un tipo cuya existencia era promedio. Había a quienes les caía bien y a quienes hizo enojar. Así de ordinaria es la vida.

Trabajaba porque decidió no seguir estudiando. Vivía con sus padres en casa rentada y la vida lo llevo a una colonia violenta. Con tipos que decían ser dueños del barrio. Tiene un hermano menor, ninguno de los dos era una perita en dulce, así que los enfrentamientos entre los habitantes y los nuevos vecinos no se hicieron esperar, dos, tres peleas, y traían lázaro a su hermano. No le sacó a un tiro derecho pero los otros no querían peleas justas, sencillamente querían madrearlos. Así que la corretiza hasta la casa, las llamadas a la policía, y el ninguneo de esta por ser “pleito de malandros”. El acoso fue gacho, sus padres no soportaron y decidieron cambiarse de colonia. Los vecinos decidieron darle la despedida ¿Por qué no? Así que estaban afuera de la casa, esperando que saliera el hermano menor para darle los últimos sopapos, alguien aviso a la policía y también al hermano mayor. Llego primero el hermano. Cero broncas ya, ábranse, y pues no.

La valiente clika se mete a la casa y a madrear al hermano, entre las cosas que ya estaba subiendo al carro, saca una pistola y advierte. Los tipos no se van de la casa, al contrario sobre de él, entonces hay un disparo y una calma cabrona, esa la que le sigue al miedo de la certeza. Él corre sin soltar el arma, los tipos se olvidan de su amigo lo dejan desangrándose y corren tras él, le lanzan piedras, botellas, palos, lo que traían y lo que encuentran, el apunta pero ya no dispara, los gritos de los tipos, el esta asustado pero ya no dispara.

Se guarece en una cancha de fútbol, tras una maya ciclónica que lo protege poco de las piedras y las botellas, sangra y apunta, sostiene el arma con las dos manos pero ya no dispara. Un tipo se acerca demasiado e intenta herirlo con la cornamenta de un chivo (¡!) el ya no dispara.
La policía llega al domicilio, luego se dirige a donde unas diez personas intentan linchar a un muchacho que sangra del rostro- según anotaron en el parte informativo- nos dirigimos al muchacho quien no opuso resistencia y el oficial equis, le quito el arma pues estaba como en shock-siguen diciendo los oficiales.

Él recibió una sentencia por homicidio calificado (veinte años, pena mínima), y otra por portación de arma de fuego sin licencia (dos años, pena mínima), y así se hizo justicia.

¿Su nombre? Acaso importa? Acaso le importó al juez, a los policías que no acudieron a los pleitos de malandros, no tiene nombre es solo un numero más, un expediente penal (estrictamente dos, por cuestión de fueros) un número más en la estadística de la justicia.

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