2012

Lucas.

Es de buen tamaño, yo creo que de unos cuatro años, el pelaje refleja su vitalidad. Cuando lo conocí me saludo con un gruñido, no ladró, solo gruño y me mostró una hilera de colmillos, sin duda es un perro temible, tiene un nombre mas bien tierno, pero nomás verlo da miedito.

Ella me flanqueo y me animó “no muerde, no le tengas miedo”. Y no tuve miedo, solo excesivas precauciones. Es el perro del vecino, pero casi es callejero, no lo cuidan mucho.

Ya dentro en casa, los saludos y saludes de bienvenida fueron los de siempre, durante la comida escuche los ladridos de Lucas y uno que otro chillido de los otros perros.

Olvide algo en el carro, pero no quise salir solo por el perro, seguí siendo precavido.

Soy una persona muy metiche, y observe la sonrisa sincera de la señora, los gestos de mi anfitriona, cada cuadro de la casa, no sé cuando volveré y me grabé cada detalle.

Sentados en la sala la platica giro en torno a las mascotas, era hora de dar un paseo a los perros de casa, pero en atención a mi visita abrieron el portón y dejaron que corretearan entre el patio y la calle.

Lucas estaba recostado en la banqueta, pero lejos de Café y Chacho, ellos correteaban uno tras otro, Lucas gruñía con enfado y los otros perros lo evitaban. La única diversión de Lucas (que a estas alturas ya me caía mal) era molestar a los otros perros. Se levantó y se puso justo donde correteaban los otros, el impacto fue inevitable, él, enfurecido, se levanto, y lanzó un mordisco a Café, que aullando se alejo a toda prisa, Chacho alcanzo a parar y evito la mordida, sin embargo Lucas no estuvo contento hasta que los dos desaparecieron de su vista.

Ya sin nadie a quien molestar el perro se paseaba enfadado, a través de la reja metálica se veía un perro, a leguas callejero, Lucas enorme y bien alimentado se alzo y empezó a ladrar con furia, el perro callejero no le hizo el menor caso, siguió mordisqueando su comida recién hallada. Lucas gruñía, ladraba y saltaba e hizo efecto, en un movimiento rápido el perro callejero le lanzo una mordida certera en el hocico, y en una segunda mordida prenso su cuello. Mi anfitriona, grito e iba a salir a su rescate, justo en ese momento Lucas logró soltarse, atónito se quedo en el piso viendo aquella figura flacucha que gruñía enseñando una dentadura incompleta pero correosa. Lucas reaccionó y fui testigo de la mas extraordinaria metamorfosis, el otrora Lucas temible se transformó en un oso hormiguero, mientras el perro callejero, sin descuidar su comida, le gritaba obscenidades, tales como “cobarde, vuelve aquí”, y otras que en lenguaje perruno son mucho mas soeces e intraducibles, Lucas se fue con el hocico y la nariz pegadas al piso, husmeado, buscando hormigas, pues la horma de su zapato imaginario la había encontrado ya.

Me despedí de mi anfitriona, un abrazo y un beso, ¿Adiós o hasta pronto? no lo sé. Me quiso acompañar, le dije que no era necesario, Lucas intento gruñirme le di un zape con el periódico y la mutación volvió nuevamente. Café y Chacho correteaban a mí alrededor, desde que llegué hasta que me fui no dejaron de ser auténticos canes. Lucas me miro y vi en sus ojos una mirada de tristeza… se repuso y volvió a gruñir.

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