2012

Ojos chillosos

Las lágrimas son sentimientos que en el cuerpo ya no caben. Uno puede ponerse rojo, temblar, no sé, las emociones son siempre inoportunas a la hora de manifestarse, a veces puede uno disimular, contienes la rabia con una sonrisa socarrona o te acomodas el peinado para no lanzarte a besos a la chica que te gusta, otras, cuando las emociones ganan puedes omitir decir la verdad, “¿De qué te ríes?” Me acordé de un chiste que no me sabía, y sales bien librado, si a veces esas manifestaciones se pueden ocultar o catafixiar, ah pero no cuando las emociones se vuelcan y terminas con los ojos chillosos.

Uno puede tener ojos así de un gusto que invade el corazón, y también, como no, de la tristeza infinita que siempre termina inundando los ojos (recordé que Nelson, el de Los Simpson dijo: “Me gusta llorar en el mar, porque solo ahí mis lagrimas parecen pequeñas”), o también la alegría que termina en lagrimas (hace poco mi hermana lloró de tanta risa que le provocamos, y estuvieron a punto de hacerme llorar de la misma forma).

Los ojos chillosos, son esos que no puedes esconder ni disimular; es que entraron un titpiuchal de emociones y en los ojos se te hizo una capa de vidrio que refleja la luz, tus ojos empiezan a tornar un rojizo a la vez que una gota del salino líquido lucha por alcanzar el borde y lanzarse al abismo de las mejillas, y te obliga al rápido parpadeo, como intentando contener esa emoción. Tardía reacción.

Algunas veces uno comprende al pobre de Cuahutémoc Blanco, pues sientes que las emociones no se llevan en el corazón, sino en los hombros, luego el miedo es más cabrón que dios, y de repente, nomás por no dejar, le rezas “padre nuestro, que estás en todos lados, haz mi voluntad y no la tuya…” pero tu fe está en una persona y su resistencia. Lo Sabes. Entonces si, los ojos son perramente chillosos… porque el miedo es andar a ciegas. Necesitas que el hilo no se rompa porque te quiebras. Ah, pero hay veces que la vida acaricia, la vida, esa redundancia de ciclos, esa piedra que lanzas y te golpea la nuca, ese beso que dejas ir y regresa a tus labios, la vida acaricia, y la alegría te inunda, la felicidad te embriaga, y no cabe en el pecho, ahí también tienes unos ojos felizmente chillosos.

Vivir tiene un precio, aparte de la certeza de morir, vivir tiene el riesgo de llenarse de emociones, de sentimientos, saber que nada es para siempre nos ayuda a pasar el trago amargo, pero también a disfrutar los buenos momentos, a no contenerlos a expresar que estamos que no cabemos de contentos…no se contengan. Y como decía el audio de Control Machete “tengan la bondad de ser felices”.

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