2012

La filosofía de una cucaracha – Juan Diego Hernández Chávez

Odio este maldito mundo, un horrible mundo ¿Cómo es posible que nos hagamos llamar cucarachas si nos hemos ‘descucarachado’ a tal punto que no respetamos los derechos de los pobres humanos?

Son tan indefensos, tan torpes, no han aprendido a manejar su hábitat, no tienen un hábitat, desesperadamente lograron construir viviendas en donde mantenerse a salvo pero no saben sobrevivir, me siento mal por ellos, nosotros nos burlamos e intentamos hacer un espectáculo de su sufrimiento ¡Claro! Para nosotros es muy fácil, andamos sin preocupación por casi cualquier lugar pero ellos mueren de frío, de calor, porque no tienen qué comer, débiles criaturas de la naturaleza que constantemente deben preguntarse cuál es el sentido de su vida, ignorando que la angustia proviene de aquella maldita curiosidad, nosotros somos insectos, gracias a nada porque nada nos trajo y si lo hizo será imposible averiguarlo, dejamos atrás las congojas, ni siquiera hemos inventado un término equivalente a lo que ellos llaman felicidad porque donde no hay tristeza, no hay felicidad, la vida es esto, ya, todo, uno, quizás cero pero estamos aquí y no hay porqué enredarse en estupideces metafísicas.

Y repudio a los alarmistas que recurren a las falacias de “Pero ellos nos matan, nos pisan sin piedad”, no puedo culpar a los humanos, se les nota el pánico cuando nos ven, tiemblan, lloran, gritan, los he visto hacer eso y es horrible, siento asco por este orden de insecto que por casualidad resulté ser. Aunque de todos modos, soy afortunado de haber nacido cucaracha, me avergonzaría ser uno de esos animales delicados y precisamente estos son los que siempre el terco humano elige como compañeros, verdugos de su propia condena…

Perros, gatos, peces, loros, canarios, hámsters, inútiles todos y al humano le encanta sumarse a la lista, sólo que ni siquiera saca provecho de aquella convivencia, estos ‘parásitos’ se pegan al humano induciéndole ternura, otra de sus debilidades, y estos humanos con vocación de asnos los protegen y alimentan incluso cuando su propia especie peligra.

Quieren defender algunos derechos de algunos animales sin saber que en los verdaderos carnívoros manda el hambre y no el amor porque solo los hombres tienen amor y me parece terrible aquel hecho, la naturaleza tan dura guiada por los principios evolutivos obvió que estas criaturas andan con sentimientos por ahí, como si viviéramos en una utopía pero nada puedo hacer, soy una cucaracha sin emociones y toda mi comunicación llega a más cucarachas sin emociones ¿Qué podemos hacer los insectos ante los hechos de la vida?

Nada, para nosotros es irrelevante y ahí está el triunfo de ser un ‘asqueroso’ insecto, todo se vuelve irrelevante, te puedes devorar el más putrefacto alimento y no notarás ninguna diferencia si te comes el más exquisito manjar, a nosotros no nos importa y ojalá algún humano pudiera entender lo que expreso para que viera que el truco está en desentender, desaprender, seguir caminando cerca al piso, alejado de las grandes aspiraciones, sin querer ser un fuerte león en la naturaleza o sin que las damas quieran ser las presas más codiciadas por los lobos, todo eso no vale nada cuando aprendes a pensar como cucaracha pero como sé que ningún humano podrá alguna vez leer estas líneas, este cuento solo está diseñado para que lo lean los miserables insectos, piensa, insecto.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de antiher0e

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