2012

Un breve secuestro

Pensé que hoy todo sería hermosura, pero no, fue uno de los peores días de mi vida.

Como todos, al vivir en la Ciudad de México sabemos que debemos estar alerta y dudar de todos. Por alguna razón, hoy bajé la guardia.

Mientras caminaba por av. Revolución se me acercó un señor para pedirme ayuda porque tenía una dirección, que andaba perdido. Generalmente me sigo de largo, de hecho le dije que no sabía qué calle me preguntaba. En ese momento comenzó a decirme que venía de un pueblo, que estaba perdido y lo habían maltratado, en fin. Desde ese momento debí dudar, debí seguir, pero no lo hice, no sé, mis cinco minutos de bondad.

En ese momento se acercó otro señor que decía que lo iba a ayudar, pero el señor del pueblo me decía que no quería ir con alguien más, que tenía miedo, en fin. Me enredó, me conmovió. Entre tanto parloteo, el otro señor comenzó a presentarse como alguien de buena voluntad,trabajador de Walmart , que lo podía ayudar, pero que él señor del pueblo sólo confiaba en mi.

En fin, que en cierto momento me quedé con los dos al lado, sobre la calle de Holbein. Ya no podía moverme a ningún lado. El señor del pueblo decía que casi lloraba del miedo que tenía de la ciudad, me agarraba del brazo, no me soltaba, y el otro me cerraba el paso. Me tenían acorralada, y no veía manera de salirme de ahí.

Traté de mantener la calma. Mientras el señor del walmart juraba por sus hijos que lo quería ayudar, pero que yo tenía que acompañarlos a la central, que nos llevaba en un taxi de sitio. En cuanto me negué, dejaron de fingir, querían dinero. Ahí fue cuando lancé el Hazme…
Los convencí de no ir en taxi al banco. Tomamos un microbús hacia M. Chapultepec. Eso sí, los dos me dejaron en medio. No sé si tenían armas, o no, posiblemente, ya no se sabe.

Bajamos en el banco, se quedaron con mis cosas, incluso uno de ellos me acompañó casi hasta la ventanilla. Sé que ahí pude pedir ayuda a la cajera, decirle algo, negarme a sacar el efectivo, gritar ahí en el banco.

Entre más lo pienso, sé que muchas cosas, muchas pudieron ser diferentes, y me siento terriblemente mal. Pero en ese momento tenía miedo.
Me siento tan mal, tan impotente, con miedo. Es una zona que frecuento, pasó por ahí seguido, tengo miedo de volverlos a ver.

Definitivamente sé que pudo ser peor, y eso es lo que más me encabrona, que ahora tengamos que agradecer por que los señores ladrones solamente nos quitaron dinero, y que salir ileso de algo así es una fortuna. También me encabrona saber que de poco servirá denunciar, que es más, una denuncia podría ponerme en riesgo de nueva cuenta. Lo único que me queda es compartir mi experiencia no tanto para evitar que alguien más caiga, sino para desahogarme, para escupir un poco de esta impotencia que tengo. Me dejé engañar, me apendejé y puse en riesgo mi vida.

Sólo les puedo comentar, que uno de esos tipos me dejó un número de celular, no pienso llamar, estoy segura de que el teléfono era robado. Si de algo sirve, les dejo la descripción.

El que dijo venir de un pueblo es moreno, cara redonda, con ojos cafés, con sendas bolsas como si fuera un perro baset hunt, cachetes igual de caídos,labios gruesos, como de 1. 60m . Como de 50 años

El otro es más alto, moreno, frente ancha, delgado, boca grande, labios delgados.Éste tipo habla mucho, repite el mismo discurso de que es un hombre noble que sólo quiere ayudar. Tiene como treinta tal vez veintitantos.

Cortesía de Miedosa

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
120 Comentarios en “Un breve secuestro”