2012

El culpable tiene nombre, Rómulo Rozo

Hace un par de años compartí en este blog una anécdota que titulé La Siesta, en la que una artesanía, orgullosamente made in Tlaquepaque, es de particular importancia. Se trataba de una figurilla de un hombre sentado, con sombrero, envuelto en un sarape y recargado sobre un nopal.

Pues bien, hoy he regresado para compartirles mi aprendizaje del día (de ayer) y que tiene que ver con el origen de este Sleepy Pancho. Como todos nosotros sabemos, ser mexicano no (necesariamente) equivale a ser un huevón, ¿entonces de dónde surge la idea de representarnos así?, ¿acaso fue producto de algún poco observador ojo extranjero?, ¿o será la exageración de una realidad nacional?

El nombre del culpable es Rómulo Rozo. Él fue un artísta plástico colombiano que después de estudiar del otro lado del charco, volvió a América para establecerse en México, en donde pasaría el resto de su vida y en donde moriría el mismo día que recibió la ciudadanía mexicana.

Resulta que el buen Rómulo, ya habiendo asimilado en gran medida la cultura mexicana y enamorado por el arte escultórico prehispánico, “buscaba la manera de expresar esa sabiduría y pensamiento indígena heredado a los descendientes mestizos, y lo logra creando una de las mas bellas obras de su arte escultórico”. La obra se titula El Pensamiento y es una escultura en piedra de 60 centímetros de altura que actualmente se encuentra en la colección del Museo de Arte de La Paz, Bolivia.

Pues bien, en el primer día de exhibición de la pieza en la Biblioteca Nacional de México, a algún gracioso se le ocurrió poner una botella de tequila al pie de la escultura (¡Hazme el Chingado Favor!), y la prensa siempre oportuna tomó fotografías que primero se convirtieron en caricaturas, después en artesanías (luego vino el cactus) y finalmente en estereotipo. Rómulo ya había dejado al mexicano por siempre en piedra sentado en el suelo, con sus brazos envolviendo sus rodillas y con su puntiagudo sombrero de ala ancha que lo protege en su eterno letargo.

Rómulo Rozo se reinvindicó, si cabe la expresión, con su obra cumbre, el Monumento a la Patria en el Paseo Montejo de Mérida, en el que por 12 años esculpió más de 400 figuras del México prehispánico, colonial, de las Guerras de Independencia, de Reforma y de la Revolución.

El artista, como siempre, murió en la pobreza. Nos cuenta su hijo que “las cobijas del escultor eran sacos de correo con los tres colores de la bandera nacional mexicana, y …. murió cubriéndose con ellos.”

Referencia:
Rómulo Rozo, escultor indoamericano
Rozo Krauss, R.
Delfos Editor
México
1990

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Dr. Pistonne

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