2012

Generación decisiva

Parecía que el tiempo se detenía aquella tarde de verano, las palabras de la maestra resonaban como un eco en mi cerebro, mientras observaba atento las manecillas del reloj que parecía que no avanzaban.
Nada importaba en aquél momento, ni la invitación de la compañerita de al lado que sonreia y me hacía guiños, con la intención de compartir un helado a la hora de salida, ni siquiera la enésima promesa hecha a mis amigos, de de acudir al parque saliendo de clases a jugar una “cascarita” de futbol.

No, nada me interesaba, había cuentas pendientes del día anterior, era un reto, y yo era hombre de retos, me repetía, era lo único que me importaba en aquél instante.

Medio sentado, con un pie hacia el frente y casi agazapado, aguardaba el chillido del timbre, como espera un corredor el disparo de salida.

— Como extraño aquéllos días donde no existía más ruido que el trinar de los pájaros, sentir el viento húmedo de una tarde de verano acariciar tu rostro, admirar la majestuosidad del río mientras tranquilamente cambiabas la carnada de tu caña de pescar…..
Las palabras de aquél hombre recién llegado de un ajetreado día de trabajo parecían perderse en la inmensidad, sin destino; estaba yo muy ocupado tratando de aniquilar al obeso “Honda” en mi consola de juegos, mis dedos callosos en ágiles movimientos, la lengüa fuera de mi boca, mis dientes amenazando con cercenarla parcialmente, y la mirada fija en el monitor no me permitían ver,sentir ni escuchar nada fuera de aquél mundo virtual.

Los tiempos cambian, la tecnología ha avanzado a pasos agigantados, en pocos años el panorama ha mutado enormemente, ¿Qué les podremos decir a nuestros hijos para desligarlos del mundo virtual? ¿Que salgan de casa a conocer amigos? Si, pero ellos tienen más de 500 amigos agregados en Facebook. ¿Que salgan a hacer algo que les reditué algún provecho o ingreso económico? Si, pero ellos en “Habbo” o en “Second life” ya tienen más propiedades y créditos que nosotros.

El fluir natural de la vida, en lo que se refiere a relaciones humanas se ha roto, creando un abismo muy profundo entre ambos extremos, los medios de comunicación masiva, los que tanto temían nuestros viejos que nos “idiotizaran”,nos han engullido completamente, somos una generación que vimos nacer y crecimos a la par de “la red de redes.”
Fuimos pioneros en el tráfico de información y conocimientos, y creadores de comunidades en línea de alcances insospechados, es decir, no sómos parte del fenómeno, sómos el fenómeno mismo.

¿Debemos entonces condenar a nuestros hijos a una esclavitud virtual, como zombies idiotizados viviendo un mundo de fantasía? ¿O deberíamos dar media vuelta y regresar sobre nuestros pasos?

Si bien es cierto que el acceso a la información es muy importante, todo tiene un límite, el tiempo lo dirá, pero nosotros, ésta generación, responsable en gran medida de éste ciclo, tenemos la posibilidad de dar un paso al costado y cambiar el rumbo de las cosas, o continuar así, y que las próximas generaciones nos condenen.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Leon Rasurado

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