2012

Voy a votar por…

Voy a votar por… ¡tu chingada madre! Esa fue la frase que gritó Doña Mari, mientras azotaba violentamente el auricular para colgar la llamada que le hizo un “candidato amigo” pidiéndole que le favoreciera con su voto durante las próximas elecciones. Me miró apenada y sonrió, -“Lalo, estos cabrones nomás traen la de chingar, ya hasta por teléfono tiene uno qué aguantarlos”. Hubo silencio en la sala y después risas, todos conocemos el carácter de la señora, durante sus más de ochenta años siempre ha hecho lo que se le hincha sin pedir opinión de nadie y lo último que desea es que una grabación telefónica trate de convencerla de hacer tal o cual cosa.

La tarde transcurrió tranquila, sin más sobresaltos. La comida deliciosa y la charla con nuestra anfitriona aún más. Ya era de noche cuando nos despedimos, como siempre un abrazo y la bendición que he escuchado durante casi 15 años: “Que Dios los cuide”.

Camino a casa nos topamos -en dos cruceros diferentes- con simpatizantes de “X” partido tratando de pegotear calcomanías de su candidato sobre la ventanilla del coche. Algunos más con mantas, otros con volantes. La escena era comparable con aquellas zombie movies en donde una horda de muertos vivientes acorralan y tratan de succionar el cerebro de aquellos quienes aún conservan un ápice de humanidad dentro de sí. Por cortesía recibí la publicidad que me entregó un chamaco de no más de 20 años, al recibirla pensé: “Tienes suerte de que Doña Mari no venga de copiloto”.

Hace ya más de una semana que arrancaron oficialmente las campañas políticas y ha sido para mí muy complicado mantenerme al margen ya que el bombardeo es incesante, brutal. Pareciera que el objetivo no es convencer sino hipnotizar, adormecer, confundir. La verborrea que emana de cada uno de los contendientes es un discurso que se repite cada 6 años, un speech reciclado y nauseabundo, palabrería sin respaldo ni autoridad moral.

Me entristece ver, escuchar y leer a las personas enfrentándose por defender los colores de su partido, la filosofía de sus dirigentes o los ideales de su candidato sin darse cuenta de que todo eso no es más que un banco de niebla, son palabras huecas e intenciones vacías diseñadas precisamente para dividir y confrontar. Nosotros, el grueso de la población, la masa crítica, hemos sido utilizados como carne de cañón, somos la publicidad más barata pero la más poderosa. Les permitimos pintarnos de verde para hacerle la guerra al azul, nos disfrazamos de amarrillo para atacar al rojo y mientras allá, en lo alto del Olimpo, se escucha el chocar de las copas y las carcajadas de aquellos que supuestamente están en disputa por el poder. Se regodean con el caos que han creado. Allá arriba nadie pierde.

Irónicamente la decisión ya fue tomada tal como siempre ha sido. Ya existe un ganador. Hace varios años las cartas fueron marcadas desde niveles que aún están en el límite de nuestro entendimiento. El títere ya tiene cuerdas y a nosotros nadie nos pidió opinión. Preferimos seguir defendiendo una ideología la cual ni siquiera los propios candidatos conocen de bien a bien. Los partidos y la llamada clase política se alimentan de la ignorancia –propia y ajena- y efectivamente, el pueblo les ha otorgado el poder pero la decisión no ha sido democrática como nos lo hacen creer. Ellos cumplen con montar su teatro sexenal y despilfarrar los miles de millones que supuestamente les corresponden por ley, la misma ley que les ha otorgado el poder de penetrar, allanar y enfermar la mente de la sociedad con mercadotecnia destructiva y promesas fallidas. Aún creemos que el cambio llegará espontáneamente al marcar una boleta y depositarla en una urna, sentimos que nuestra única responsabilidad es insertar un papel doblado por una rendija. “Yo ya cumplí” – susurramos con alivio. Lo que no sabes es que después de las elecciones los candidatos se sentarán a desayunar en un lujoso restaurante, se felicitarán mutuamente y brindarán por el excelente nivel histriónico alcanzado. Acto seguido se repartirán el botín.

No es mi intención que dejes de apoyar o de ejercer tu derecho al voto. Hazlo si así lo has decidido pero que sea por convicción, no por obligación o costumbre y tampoco por el hecho de recibir algunas migajas que caerán desde lo alto en caso de que tu candidato llegue al poder. Deja ya de defender al personaje que al final nunca sabrá tu nombre y terminará por olvidar sus promesas así como las acciones que llevaste a cabo a su favor. Deja de atacar a aquel que consideras tu enemigo por el simple hecho de pertenecer a otra filosofía, ya que de igual manera, nunca sabrá de tu existencia, ni de tus quejas, ni de tus insultos.

Te pido que despiertes, pero no abras los ojos sino la conciencia. Nada cambia si tú no lo haces. Tus hijos o cualquier niño que sea cercano a ti es una joya; ayúdalos a comprender el valor de la honestidad, el respeto por la vida, por la naturaleza, por sus semejantes, con el ejemplo haz que comprendan la importancia del amor. Como resultado obtendremos adultos seguros, con altos valores morales y en su momento serán muy difíciles manipular. Si de verdad te sientes identificado con las propuestas e ideales provenientes de algún partido, si dichas ideas son compatibles con la vida y el bienestar común, te invito a que las hagas tuyas, que las adoptes de manera personal y si es posible mejóralas. Aplícalas principalmente dentro de tu entorno familiar, después en lo laboral, en tu círculo de amigos. Si tu candidato habla de honestidad, ejércela. Si el candidato opositor predica la tolerancia, no esperes a que él actúe ¡hazlo tú! Sé humilde y tolerante. Nadie vendrá a remediar tus desventuras y ayudarte a salvar obstáculos si no lo haces por ti mismo.

Olvídate ya del color de tu banderín. Los verdaderos colores están allá afuera y son millones, no sólo tres o cuatro. Da un paso fuera de la realidad que te presentan los medios y descubre tu propia realidad, esa que sí puedes cambiar, en la que sí puedes influir. Te invito cordialmente a que tomes las riendas de tu vida y por fin seas libre. Confío en ti.

Cortesía de Gerardo_RP

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