2012

Terratenientes de la vía pública

Si viven o han visitado una ciudad grande y utilizan como medio de transporte un auto, seguro han lidiado con ellos. Recuerdo uno de los últimos encuentros del tercer tipo que tuve con uno. Fue en un evento realizado en un conocido centro cultural de la ciudad de Puebla. Para mi mala fortuna y por haber llegado tarde, el estacionamiento ya presentaba sobre cupo. Decidí estacionarme unas calles más lejos, y como si me hubiera estado esperando, encontré un lugarcito vacío. La banqueta no era amarilla y no estaba tan retirado así que sonreí triunfante y contenta del hallazgo. Terminaba de cerrar mi auto cuando se me acerca un joven como de unos 30 años con franela roja al hombro…

-Son 50 pesos jefa…

-¿Disculpa? ¿De qué o qué?

-Del estacionamiento y de la cuidada.

-Pero si es vía pública…

-Nosotros siempre estamos acá jefa, siempre se cobra…

-¿Ah sí? Yo vine hace unos días y no había nadie (mentira nunca estuve), no voy a pagarte…

-Mire jefa, este es nuestro lugar de trabajo y pues no pague si no quiere pero no me hago responsable por su coche…

El tipo ya se impacientaba porque otros autos seguían estacionándose.

-Pues no te pago.- Dije esto dando media vuelta y caminando. El joven masculló lo que creo que fueron unos cuantos insultos; cuadra y media más adelante me dio por voltear en dirección a mi auto y noté que tenía un limpia parabrisas levantado. ¡Hazme el chingado favor! Trataron de marcar el coche de la vieja ojete que no quiso pagarles. El sujeto ya estaba muy lejos, su franela roja lo delataba, así que regresé, bajé el limpia parabrisas y huí, porque no decirlo, un tanto temerosa de volvérmelo a encontrar.

No fue la única vez, en otra ocasión improvisaron con conos anaranjados, con su caseta de cobro y toda la cosa, un estacionamiento. Caí redondita. Pagué, me dieron mi boletito impreso y sorpresa mía fue que al salir del concierto encontré mi auto encerrado con por lo menos cuatro coches más adelante, atrás y a ambos lados. Por supuesto, ni rastro de los “administradores”. Es increíble como estos pequeños terratenientes de la vía pública, llevan a cabo su ni tan honrosa labor a la vista de todos. Las autoridades viales, por supuesto, pasan por su parte y con eso los dejan tranquilos. Hace no mucho, leí en un periódico local que querían hacer de esta actividad, la cual califico como una mini extorsión (por aquello de “no me hago responsable de lo que le pase a su coche”), un trabajo formal. Sí en efecto, la autoridad pretendía exigirles de manera legal, contribución para el fisco. Propuesta casi tan absurda como la seguridad con que los franeleros, te exigen que les pagues.

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