2012

Enrique Peña Nieto, el candidato ideal para México

He leído diversas opiniones en las redes sociales, comentarios ofensivos dirigidos al candidato a la presidencia, Enrique Peña Nieto (EPN). Se dice que en el PRI, encabezados por Carlos Salinas de Gortari, están tan desesperados por volver al poder y tienen tan poco que ofrecer, que no pudieron encontrar un mejor candidato que un hombre que no ha leído tres libros en su vida. Quien ha leído cualquier número de libros, al ser interrogado sobre los tres libros que más lo han influenciado, no podría olvidar sus títulos, pues sería como olvidar el nombre de sus tres mejores amigos. Me gustaría explicar en qué consiste la mercadotecnia, sea esta política o comercial y cómo ha evolucionado de una mercadotecnia generalizada, que iba dirigida a la totalidad de la población, a una mercadotecnia segmentada, destinada a un mercado específico. Esto es lo que las campañas políticas siempre han sido; mercadotecnia. Ellos venden productos embotellados en personas, productos que encarnan ideas, propuestas, reformas…

Seamos honestos, México es un país iletrado, un país que dispone únicamente de dos propuestas culturales y artísticas. Ambas televisivas, ambas, en sus respectivos canales dirigidos al público adulto, han ofrecido desde sus inicios las célebres telenovelas, historias de la vida, de amor y de riqueza, de odio y de pobreza. La pobreza entra en contacto con la riqueza, impedimento de la ascensión a la riqueza, resolución de los impedimentos y acceso a la vida ideal, ese es el desarrollo de las telenovelas. Una vez resuelta la trama, el conflicto, ofrecen al televidente una prueba, es decir, una vivencia virtual de lo que se siente vivir con los problemas económicos y relacionales resueltos. Una vida más digna, a la que la mayoría de los mexicanos aspira, una vida de ensueño, un cuento de hadas, una vida de poder, felicidad y fortuna. La mujer se identifica naturalmente con la protagonista de la novela, enamorada de un galán de telenovela, que es rico, muy rico, y apuesto. El argumento consiste en los aprietos que impiden la consumación de la relación; la entrada de la mujer, formada en el mundo de la escasez, en el mundo de la plenitud económica y afectiva. Todo esto por supuesto de la mano de un apuesto compañero de vida. Esa es la fórmula de todas las telenovelas, que tienen tanto éxito en el público femenino mexicano porque simbolizan sus mayores anhelos, a saber, el amor y la despreocupación económica. Las mujeres mexicanas que las observan sueñan con vivir una experiencia similar.

EPN fue pensado para cubrir ese perfil en la mente de las mujeres mexicanas, es un héroe de telenovela que rescatará a la pobre doncella de su destino de carestía. Es un personaje creado específicamente para ese mercado que es tan grande, tan populoso, mayoritario. Las mujeres que lo ven, lo relacionan con la promesa de ese mundo de ensueño, de realización. EPN representa la puerta hacia una mejor sociedad, una sociedad de menor pobreza. Es una proyección provocada por quienes crearon a este personaje, pues comprenden muy bien la psicología de las masas, son expertos en mercadotecnia, saben cómo va a afectar a ese público de mujeres que ven en EPN la concreción del ideal telenovelero, ahora volcado a la realidad política y social del país.

EPN no fue creado para convencer a los intelectuales, son minoritarios y de muy poca influencia sobre el pueblo porque casi nadie los lee ni conoce. EPN por su apariencia, por aspectos inusuales de su discurso (prometió mejores telenovelas) y por su relación con una conocida actriz de telenovela, hace eco en el corazón de las mujeres mexicanas que viven en la pobreza y ven en las telenovelas la esperanza hacia la realización económica e interpersonal. EPN es un símbolo que las mujeres mexicanas reconocen con el corazón.

Para los hombres el perfil que cubre EPN cumple propósitos no muy distantes. Se le ha criticado hasta el cansancio por no poder nombrar tres libros como sus favoritos, ¿pero qué porcentaje de los mexicanos podría hacerlo? ¿Nombrar siquiera tres libros aunque no los hayan leído? La mayoría de los mexicanos se identifican con el candidato, tal vez incluso la mediocre entrevista en la feria del libro fue planeada. ¿Qué porcentaje de los mexicanos se atrevería a tirar la primera piedra? Uno muy bajo, la mayoría no tienen nada que criticar, qué cuestionar, al contrario, se morderían la lengua. De esa manera, se ha logrado que muchos mexicanos se identifiquen con él, porque EPN es como ellos. No les importa que no haya leído tres libros en su vida porque la mayoría de los mexicanos tampoco lo ha hecho y no se siente menos que quienes sí leen, ¿por qué habría de ser menos entonces EPN que los demás candidatos? Quienes no han leído tres libros no reconocen la importancia que la lectura tiene en la comprensión de nuestras realidades, sociales, políticas, culturales, internacionales, familiares, espirituales… Y si no la reconocen no le dan importancia, ¿quién podría dar importancia a lo que no conoce?

Además, como galán de telenovela, consuma los deseos secretos del mexicano. El mexicano no conoce otro ideal, otro patrón de conducta modélico, más que el del galán de telenovela. El mexicano quisiera lucir como EPN, quisiera tener el poder económico de EPN. Quisiera tener una apariencia que le permitiera llamar la atención de las mujeres tan sólo por su presencia. El mexicano quisiera ser como EPN. Cuando digo el mexicano me refiero al mexicano que pertenece al segmento de la sociedad al que va dirigida la publicidad del producto que conocemos como EPN. Ese mexicano secretamente admira los atributos de EPN, su poder y su apariencia. Es un ídolo que irradia las virtudes que el mexicano quisiera para sí.

Así que EPN no es un candidato que se deba descontar de la contienda, al que se le deban criticar sus aptitudes porque fue puesto ahí precisamente por ser como es. Es un producto pensado para la mayoría de los mexicanos, para vendérselo y estos, si las encuestas no mienten, lo han comprado aun a sabiendas de que representa a un gobierno que nos ha impuesto décadas de corrupción. Considera que han tenido seis años para gestar su campaña.

El mexicano iletrado sólo conoce un modelo de mejoramiento social y económico, un único patrón que la televisión les ha mostrado; el ideal telenovelesco, encarnado por EPN.

Cortesía de José Luis Talamantes

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