2012

Menos uno

Eran las dos de la mañana y seguía acostado con los ojos abiertos, escudriñando en la oscuridad. Por la tarde había visto a su hermana, el ojo hinchado y amoratado, no era la primera vez que veía el color violáceo sobre la piel de su hermana. Me pegué con la puerta.

No había necesidad de interrogarla ni siquiera preguntó a sus sobrinos, que lo miraban con esos ojos asustadizos que les duraban días. Tonta que eres. Y en sus palabras no había reproche, ni por querer encubrirlo ni por no querer dejarlo.
Te mata si lo dejo, lo sabes.

Hizo gesto de hastío, ella no lo dejaba porque no quería.

En varias ocasiones lo enfrentó, ya por los niños o con su hermana, pero siempre hacía algo ese cabrón…ese pendejo. Había dejado de hacerlo, no tenía caso si ella quería seguir ahí. Pero esa noche se encolerizo al ver por enésima ocasión esa escena: los niños… su hermanita.

Prendió la lámpara de mano y lo sorprendió una telaraña, sobre su litera se veía tan cerca. Unas moscas secas y ni rastro del bicho tejedor.

No durmió, la cabeza se agitó tanto y se decidió. Revoloteo su plan y lo escribió para no perder detalle, sabía que su memoria no era buena.

No sabía si contaría con sus amigos de siempre, ellos por solidaridad y ciertas rencillas personales también le guardaban rencor a su cuñado. No fueron pocas las veces que mutuamente se apoyaron en venganzas de barrio, pero una cosa eran las tranquizas y otra muy distinta lo que él haría.

Noche tras noche se reunía con ellos, sentados sobre una barda con vista a la colonia, ese pedazo de feudo que nadie les disputaba, y no se los dijo.

La noche que Luis llego ensangrentado de la cara, y sucia de sangre y tierra la camisa blanca que siempre acostumbraba. Fue tu cuñado, era tiro derecho y se metieron el Meco y el Rica. Entonces supo, y esa noche se los dijo.
¿Estamos? Y asintieron todos, eran seis los más cercanos, y todos sabían los riesgos.

Rito estaba con tres amigos más, cuando los vio no intento correr ni esconderse sabía que era inútil, sus amigos lo dejaron al frente. Para su sorpresa fueron a apaciguarse, no hubo peleas.

Empezaron a pasear en el carro, bebiendo cerveza y tequila en fogatas callejeras, y de a poco metieron en su círculo a gente del Rito.
Él manejaba cuando lo vio a punto de entrar a su casa, respondió al ¿Quihubo cuñao? con una invitación. Vamos a Rosarito ¿te animas?
Rito se acomodó en el asiento trasero. No puso objeción cuando lo mandaron en medio. Yo en la ventana que ando hasta el culo. Sencilla explicación y se acomodo destapando una cerveza. En el camino oía las intentonas del Jhony por querer vomitar. Todos estaban de buen humor y él se contagió pronto, alcanzo a beber dos cervezas antes de llegar.

Ah, te trajiste casa de campaña y todo cuñao! Y sonrió cuando escucho, ya sabes, hoy se pesca algo porque se pesca, en cacería de lagartija pa arriba es pieza. Celebró la ocurrencia del cuñao sorbiendo de un trago otra cerveza.

Levantaron la enorme casa de campaña y encendieron la fogata. Bajaron las hieleras y un paquete de veintiocho Cherry boms. ¡Ay a la verga¡, quieres dinamitar el Papas o que pedo? Avienta unos, pero a la playa, no vayas a quemar a alguien. Fue lo que respondió.

La playa como siempre estaba repleta, el bullicio era el de siempre: la fiesta, el sonido de los carros se mezclaba con el de las discos instaladas a las orillas de la playa, los gritos, las carcajas , palabrotas en español y en inglés y los fuegos artificiales que los turistas derrochaban sobre la playa.

La noche no transcurrió lenta, le sorprendió la frialdad con la que todos actuaban, excepto por el Memo que hasta se emborracho, pero eso daba más la apariencia de normal.

Rito, caile. Dijo y se metió a la tienda. Dando traspiés Rito entro a la casa de campaña y ya no salió.

Afuera se empezaron a escuchar los Cherries que estallaban, los contó. Diez. Saco el revólver y se lo puso en la frente. La mano no le temblaba. Sintió la ira recorrerle, pero dijo en voz clara a un Rito lloroso. Bueno ya sabes porque y como va a terminar esto ¿no? Rito intento balbucear algo, fue como si abrir la boca detonara el arma. La sangre le salpicó el rostro. Saco la navaja y corto la lona del piso, la arena quedo al descubierto. Empezó a cavar, al principio era fácil la arena seca, pero pronto comenzaron a pesarle primero los antebrazos y luego los hombros. Charly! Llego el relevo y el salió con dificultad de la fosa. Sudaba y se quito la sudadera negra, salió y la aventó a la fogata. Ni en cuenta. Fue lo que respondieron los demás cuando pregunto si alguien había husmeado algo. Unos decían que estaba ya muy honda, pero él dijo, nos falta media hora, seguimos en lo mismo. El último en cavar y salir fue Meño, aventaron la lona y después al Rito. Desparramaron la cal de dos costales sobre el cuerpo y empezaron a rellenar cuidando de echar primero la arena donde se desangro el Rito. Ahora le temblaban las piernas.

Embutieron la casa de campaña en la maleta, y se quedaron escuchando música, arrastrando los pies sobre la arena, tonta precaución.

Ese pinche Rito se fue sin avisarle a su mujer. Se decía en la colonia.

No hace tantos años, por eso es tan vivo el recuerdo ahora que pisa de nuevo estas calles. Su sobrino le dice ¿Verdad que tú y mi papi si eran amigos, te acuerdas tío que te lo llevaste a la playa?

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