2012

Letras ajenas para compartir. La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa

-Mis veintiún hijos darían la vida por el benefactor,
si se la pide.
-No te creo, pendeja.

Urania es una mujer dominicana, que vuelve a la isla que juró nunca más visitar, vuelve a la casa que juró nunca más pisar y le habla al hombre que le ha escrito cartas durante mas de treinta años, cartas que ella nunca contestó: cartas de su padre.

¿Qué hizo que Urania volviera? Quizá más importante, ¿qué hizo que se fuera y rompiera toda relación de afecto con su familia? ¿Qué hizo que permaneciera soltera pese a ser atractiva? ¿Por qué fulmina con la mirada a todo hombre que se acerca a cortejarla?

Juró no volver y sin embargo recorre las calles, sus propios pies la llevan a la casa de su niñez, donde se encuentra con su padre el otrora brazo derecho político de Trujillo.

Cuatro hombres esperan en un auto. ¿Aparecerá Trujillo y podrán asesinarlo? Cada uno tiene distintas razones para hacerlo y, sin saberlo, es Trujillo mismo quien los ha acomodado en esos asientos armados con armas propias y la ridícula aportación de la embajada estadounidense: dos fúsiles. ¿Quién de ellos renunció al amor de su vida porque el generalísimo le negó el permiso para casarse? ¿Quién de ellos en prueba de lealtad asesinó a un hombre perteneciente a la “14 de Junio”; quiso negarse a saber quién era, y sin embargo se lo dijeron, el hermano de aquella chica con la que no pudo casarse?

Quién de ellos consultó con su sacerdote y le fue mostrado un texto de Santo Tomás: “La eliminación física de la Bestia es bien vista por Dios, si con ello se libera a un pueblo.”

El Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, descendiente de haitianos ordenó la exterminación de los mismos, no iba a permitir una invasión más, cinco mil, diez mil, veinte mil no hay cifra certera de los haitianos muertos.

Entronizado en el poder, el Benefactor tenía su séquito incondicional y el apoyo de la iglesia católica y de Estados Unidos, no se necesitaba más.
La impunidad le quita el carácter humano al hombre y lo vuelve una bestia. Impune él y sus hijos, sus hermanos. Violar y matar sin recibir castigo.
Una figura envolvente, un semidiós de los dominicanos, que tardaron en despertar, el resplandor del Benefactor los cegó, la industrialización de la isla, el despegué económico, la bonanza les impedía ver los desaparecidos, los excesos del poder.

¿Qué hacía Leónidas Trujillo, para que lo amasen tanto y de manera incondicional, qué hacía para que sus colaboradores se hicieran trampas para sobresalir de entre los demás y ver una sonrisa que el jefe les brindaba?

La Fiesta del Chivo una novela de Vargas Llosa, mucho muy ligera, muy amena. Es una charla que se devora ávidamente. Historias individuales que no se entrelazan salvo por una razón: El Chivo.

Descarga: www.hacer.org

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
233 Comentarios en “Letras ajenas para compartir. La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa”