2012

Yo mexicano, yo México

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”
Mahatma Gandhi

¿Mexicano?

Sucede que, en mi caso particular es un concepto que entendí hasta que me convertí en uno. Fue una palabra que cobró sentido cuando las personas que me rodeaban no compartían ni comprendían su significado, como algo que no compartía y que no podía sacar de mí para mostrarlo. Descubrí que ser mexicano es algo que es tan propio de mí como mi nombre; y que después se convirtió en saberse el himno nacional, en conocerme mestizo y extrañar a la tierra que me dio todo lo que tengo, si algo poseo. Comparto esto porque en ese momento, de epifanía patriótica, note que ser mexicano es ser precisamente, mexicano y con todo ello por obvio que parezca, pertenecer a México.

México

Es innegable que en México la pobreza es un término tan gastado como sus integrantes, y su principal miembro, el campo. Asediado por los caciques invasores, y pobreteado con espejos a cambio del oro del suelo mexicano, trabajado y, mantenido por ellos y explotados por los pocos que además; parecieran ser nuestros dueños. Los demás, los que podríamos decirnos fuera la pobreza, los que casi conformamos el grueso de la población o que lo somos, la clase media; nosotros que crecimos con dos opciones de televisión, de monopolios energéticos y oligopolios de la comunicación. Agredidos, pero no víctimas. Acostumbrado a la costumbre y al México, que sin Chavo del 8 no es México.

México mexica mutilado, independiente y revolucionario, expropiado y apropiado. País de gente chingona que no se deja, que sobrevive y soporta, que puede sortear las dificultades, que en el doloroso nacimiento de la raza mestiza aprendió con el dolor de su nación-madre sufriente. Superviviente y lacerado, engreído y destrozado que se convierte en su cura y su veneno. Víctima sin saber quien ha asestado el golpe, se rebela sin saber contra quien y contra-ataca sin comprender por qué.

Pertenecer a México, por inclusión y generalización implícita de la palabra “Mexicano” nos convierte en cómplices, a todos nosotros. Responsables de la mordida, de la tranza, del ahí se va, de nuestro realismo mágico de reparar las cosas con un chicle y que dios nos ampare. Responsables también de nuestros logros callados, de los cerebros en fuga y los artistas compitiendo en las calles. De nuestro afán de sortear la dificultad que deriva en autodestrucción, en que las leyes son una barrera, la moral y la libertad ajena convertidas en trampas de imposición social, fuera del marco de la convicción.

2012

Este año, a raíz de las elecciones nuestro país ha hervido en protesta, en marchas y gritos de cambio. Pareciera ser que la prole apagara la tele y saliera a las calles para ver el mundo pero la realidad no pudiera ser más distinta. Las redes sociales parecieran convertirse en el centro de caudillos y el internet en la prensa prohibida, se habla de complots, de corrupción y encuestas falseadas con cifras y datos que parecieran reales; pero esta burbuja, se cierra cuando la computadora se apaga. La información que corre por la red no tiene un alcance completo en México y la población que accede a ella aún debe segmentarse para unirse a la pseudorrebelión de Facebook. Los caudillos dejan las armas y toman los teclados, y nace la ciberrevolución que sin darse cuenta, deja fuera a la población misma.

Parece que México hace el esfuerzo de luchar, pero no lucha. Pareciera que ha despertado una luz que parpadea y en clave indica que la profecía maya del cambio se cumple y despierta a todos los mexicanos en forma de riña y desafío al sistema que nos gobierna, o nos ha gobernado. Este mismo año la memoria se apodera de los argumentos que más que reflexivos, parecen aprendidos: la guardería ABC, Atenco, el hermano quizá asesinado, la maestra y su pupilo obediente. La prole se divide por la política separatista mexicana y la población separada por decisión propia, se unen como agua y aceite en la revoltura que distingue al surrealismo mexicano.

El candidato Enrique Peña Nieto es elegido presidente desde su concepción, porque ha nacido del mismo modo que nace una telenovela-star: de la desgracia, del misterio y la repentina ascendencia de una vida que existe para triunfar. Josefina ingenua, encomendada a una misión que a ella no le concierne, instruida pero no convencida que ignora porqué, pero lucha. Lopez Obrador, esperanza incomprendida, error de sus propios errores y héroe anónimo que sueña con un México que solo en sus sueños existe y simplemente no puede ser. Quadri, en su misión de rescate triunfa y Elba Esther sonríe mientras vuelve a la sombra de la mina de oro de la irónica educación escaza y ostentosa en México. Gane quien gane, el mexicano perderá. No por su presidente, sino porque no dejará de preguntarse qué ha salido mal, o quien ha sido el culpable.

Dicho todo esto, creo que es justo decir que jamás me interesó ser 132 y que tampoco he apoyado el movimiento de ningún candidato en particular. Creo que para cambiar a México debemos ser individuos antes que Priistas o Panista o Perredistas, creo en que son las personas y no los partidos los que cambiaran a nuestro país y que trabajando juntos podremos construir un México que no sea ideal, pero que sea justo con nosotros. Que recordemos que la mayoría en México está más allá de nuestras localidades, que hay muchos afuera luchando por su propia vida; que la brecha de poder está desproporcionada y no existe nada que devuelva el equilibrio a la balanza de la justicia social sólo porque nos pertenece.

Las mayorías olvidadas seguirán siendo un mundo aparte mientras no existan nexos que faciliten el desarrollo mutuo. La democracia será ficticia aunque sea real hasta que no entendamos que hay gente diferente a nosotros.

Creo

Profeso que la verdadera revolución no es una frase llegadora de Facebook, ni una hora o dos de debate, sino la revolución personal de conciencias; de abrir libros, de aprender e instruirse como individuos antes de achacar nuestras culpas a los que nos rodean. Reniego de la irresponsabilidad disfrazada de mártir. Creo en la escuela y en las universidades y en la prosperidad profesional en México. Aún confío en que hay gente que más allá del bien y el mal, desean un México con la capacidad de ser libre y que pueda gobernarse a sí mismo.

México jamás será como queramos, porque solo puede ser como somos. Seamos el cambio que queremos ver.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de A. Pérez

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