Por favor pongan cara de sorpresa, no sean cínicos y pongan cara de sorprendidos porque lo que les voy a contar es algo que NO pasa en México. Peña lo logro, unió a México y TODOS los grupos de narcotraficantes activos en la región del “Triángulo Dorado” en Chihuahua, Durango y Sinaloa le pidieron muy amablemente a la gente de la zona que debían de votar por el PRI.
Ya quiten su cara de sorpresa y ahora regresen a trabajar, quieran a México, solo los nacos protestan, la elección fue ejemplar, participativa, pacifica y realmente excepcional. Hoy vivimos la democracia con absoluta normalidad y tranquilidad, hemos consolidado nuestra democracia electoral y no hay más por discutir.
Voten por el PRI”, fue la consigna de los grupos de la delincuencia organizada en el Triángulo Dorado, área en que confluyen los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, donde se produce alrededor de 80% de la mariguana y amapola del país.
En esa peligrosa zona se movilizaron a favor en el mismo sentido el Cártel de Sinaloa, el de Juárez, la organización de los Beltrán Leyva y Los Zetas. Y el PRI ganó.
Para conseguirlo, los narcos inhibieron la libertad de votantes y partidos: en Chihuahua llegaron al extremo de encerrar en bodegas a cientos de indígenas rarámuris y advirtieron que prenderían fuego a las casas de quienes no votaran por los candidatos del PRI. En Durango amenazaron de muerte a representantes de otros partidos. En Sinaloa, hombres encapuchados y armados instalaron retenes en las carreteras. Decían: “Sólo los del PRI y los del IFE pasan, nadie más”.
Mario Vázquez Robles, presidente del Comité Directivo Estatal del PAN en Chihuahua, señala: “Pareciera que una alianza de facto entre los cárteles y el PRI se puso en marcha para llevarlo a la victoria”. Coinciden los sinaloenses Felipe Manzanares y Mercedes Murillo, él presidente del partido Movimiento Ciudadano en la entidad y ella candidata del mismo al Senado.
–¿Qué factores incidieron para la derrota del partido en el estado? –se le pregunta a Vázquez Robles.
–Factores internos como la selección de candidatos, que originó una problemática que no sanó, y factores externos relacionados con una intromisión del gobernador César Duarte, quien hizo una campaña frenética a favor de Enrique Peña Nieto. No reparó: hubo carro completo. Repartió programas, alimentos, tinacos, y compró votos a un costo de 500 a mil 500 pesos cada uno. Pagó a granel. Fue increíble, no sé de dónde salió tanto dinero.
“Intervinieron grupos de narcotraficantes a favor del PRI –describe el dirigente estatal panista–. Parecía que había una alianza de facto entre ellos: nuestros representantes generales, los de casilla e incluso nuestra militancia, estaban amenazados. Les dijeron: ‘Si gana el PAN o si votan por el PAN, arderán casas y su familia sufrirá’.
“Aunque me preocupa mucho, esta parte no la denunciamos porque la gente tiene miedo. Son municipios como Batopilas, Balleza, Nonoava, Gómez Farías, Ocampo, Guadalupe y Calvo, Guerrero… entre otros, donde parece que el Estado ha doblado las manos y está dispuesto a no gobernar, porque quienes mandan son los que tienen el poder económico a partir de actividades ilícitas y de lo que ha dejado la lucha por el control territorial.”
Vázquez Robles relata que los grupos armados amenazaron a los panistas mediante llamadas telefónicas, mientras que los representantes generales de casilla fueron perseguidos en autos hasta que los obligaron a regresar a sus viviendas, y ahí los vigilaban para evitar que salieran. Hasta les prohibieron realizar llamadas telefónicas.
Un día antes de la elección, en Delicias un grupo de hombres baleó el negocio de un operador del PAN y arrojó bombas molotov en su casa. Este ataque sí se denunció ante el Ministerio Público local.
En Balleza, lugar de nacimiento del gobernador priista César Duarte y colindante con los municipios duranguenses Ocampo y Guanaceví, dos días antes de la elección los sicarios también impusieron su ley:
“En camionetas recorrieron la sierra –narra Vázquez Robles– y bajaron a cientos de indígenas rarámuris, que fueron concentrados en las localidades de San Carlos, Pichique y Arroyo del Rebol, lugares en los que el IFE instaló casillas electorales. Los encerraron en bodegas vigiladas por hombres armados. Ellos, a bordo de cuatrimotos, patrullaron los pueblos haciéndose notar para amedrentar a la población. El domingo 1 los rarámuris, completamente alcoholizados, fueron enviados a votar por el PRI. Después, como pudieron, regresaron a sus localidades dispersas en la Sierra Tarahumara.”
Guadalupe y Calvo fue otro municipio estratégico para el PRI. Igual que Balleza, está bajo el dominio del Cártel de Sinaloa. Colinda al suroeste con Badiraguato, tierra de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, y al oeste con Sinaloa de Leyva, ambos municipios sinaloenses; mientras que al sureste limita con Tepehuanes, al sur con Tamazula y al este con Guanaceví, los tres duranguenses.
El dirigente panista explica que “Guadalupe y Calvo es reconocido por el alto grado de incidencia que tienen los narcotraficantes. Aquí también hubo compra de votos y amenazaron con incendiar el pueblo. El IFE nos comunicó que no había condiciones de seguridad y que fue imposible ubicar algunos centros de votación”.
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Cortesía de Mr. Archivaldo
