Sin duda, uno de los grandes cantautores que tiene México. Les dejo este articulo de vanguardia.com.mx, La voz justiciera de Andrés Contreras.
Este juglar viaja por todo el país cantando el sentir del mexicano, que día a día sobrevive a una realidad que parece tener todo en contra. Aquí va su canto para despertar conciencias…
Saltillo, Coahuila. Por carreteras, caminos, veredas; montañas, selvas y desiertos, y hasta donde lleguen los pies todo terreno de Andrés Contreras, “¡El juglar de los caminos!”, ¡sí señores! , dicho así, con enjundia harta, cala la tonada ácida de una mentada de madre hecha canción y ejecutada con toda la mano izquierda, sobre filosas cuerdas de guitarra.
Se llama “El mono de alambre”, una rola que, de por sí, hicieran popular infinidad de grupos y bandas norteñas, pero parodiada y entonada al modo y estilo de Andrés, “El juglar”.
La había oído de sus tíos cuando tenía cinco años, un día en que, por una travesura, su madre le arreó una santa nalgada que “yo andaba en pura trusita y ¡ay oiga!”, le dolió hasta el alma. El chamaco se tiró al suelo, chilló de dolor y de rabia, se revolcó y pataleó. A unos metros del berrinche, en el corral de su casa en San Ignacio, Río Muerto, Sonora, sus tíos, que se ocupaban en pelar una vaca, aventaron los cuchillos y se dejaron ir hasta donde Andrés.
Formaron una rueda a su alrededor, se agarraron de las manos y comenzaron a bailar dando vueltas, al tiempo que cantaban las estrofas picantes de aquella melodía.
“Se pusieron a cantar ‘vamos a bailar “El mono de alambre”, y el que no lo baile que chingue a su madre’. Cuando menos acordé ya estaba con ellos formado y bailando alrededor”.
Cuando Andrés, quien había nacido en la Baja California Norte, y años más tarde trasladado de San Ignacio, Río Muerto, Sonora, a Hermosillo, la capital, se enteró de la matanza de un grupo de campesinos yaquis de San Ignacio, ordenada, supo después, por un tal gobernador Carlos Armando Biebrich Torres, le dio coraje.
¿Cuántos de aquellos asesinados, eran los niños con quienes él había jugado durante su infancia en Río Muerto?, se preguntó.
Andrés agarró su guitarra, tentó las cuerdas con las yemas de los dedos y después de unos acordes brotó, inspirada por la furia, su versión áspera, subversiva, inconformista, contestataria, insurrecta e insumisa, de “El mono de alambre”.
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Y ahora que Peña y Fox están más aliados que nunca, les dejo esta gran rola que habla un poco sobre las injusticias de Atenco.
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¡Hazme el chingado favor!
Cortesía de OR
