2012

Chiste del viernes – Dulciflor y la noticia del Krakabura

Dulciflor, romántica muchacha que deshojaba a Bécquer y recitaba margaritas (tenía el purito de la originalidad), vio en la televisión el film “La dama de las camelias” (1937, con Greta Garbo y Robert Taylor) y le dijo a su novio Libidiano: “Me gustaría que me besaras como en las películas”.

De inmediato el concupiscente galán se lanzo sobre ella, la tendió con brusquedad en el piso y empezó a besarle con lubrico arrebato el cuello, los hombros, el busto, la cinturita, la erótica región del ombliguito y lo de más al sur. “Caramba….!!!!” Replica asustadamente Dulciflor. “Se me hace que no vemos las mismas películas!!!”

Mientras tanto en el noticiero de Chingadolandia la nota del día fue…

En aquella pequeña isla de los mares del sur se había convertido en un paraíso turístico:

Había en ella hoteles de lujo, casinos, centros nocturnos, bares y otros lugares cuyo nombre y giro no puedo mencionar hoy, por ser viernes del Santo patrono de HECF. (San Papa Nicolado) Sucedió que en la plena temporada alta el volcán de la isla, llamado Krakabura (en español “El pedorriento”), empezó a rugir amenazadoramente. Se abrieron grandes grietas en la tierra, de las cuales salían mefíticos vapores, y en el laboratorio sismológico vinieron al suelo las seis latas de atún vacías que el personal ponía una sobre otra como medio para detectar temblores. La caída de aquellas latas fue prueba indudable de que se había producido un fuerte sacudimiento telúrico. Lo peor, sin embargo, era el constante rugido del volcán. Se oía día y noche. Un sujeto llego a pensar que su suegra estaba de visita en la casa. Otro le pregunto a su esposa: “pero, mujer: que hice ahora?”. El alcalde de la isla, El Inge. Don Neto con temor de que aquel ominoso bramido ahuyentara al turismo, hizo llamar a un viejo brujo –Su edad pasaba ya de los 100 años- y le pregunto qué hacían los antiguos habitantes de la isla para acallar la furia del volcán. Entonces el anciano respondió “Tomábamos a una joven doncella virgen, y la arrojábamos viva al cráter, solo así el gran Krakabura se aplacaba de inmediato. El alcalde se queda pensando un momentito y luego dice: “Carajo, me temo que tendremos que acostumbrarnos al ruido….” (NOTA: Se cuenta que en aquellos remotos días en que las vírgenes eran sacrificadas a la furia de los volcanes, una muchacha isleña llego muy contenta a su casa después de la cita con su novio y les dijo a sus papas: Buenas noticias, papis…!! Ya no soy candidata a que me arrojen al Volcán”.)

Gracias y vuelvan pronto…

Buckaroo

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