2012

Cornelia

La novia más difícil de ver que he tenido se llama Cornelia.

Teníamos entonces unos dieciséis años. Ella era hermana de dos amigos, uno de la edad y otro más chiquillo, Los Apaches.

Sus hermanos eran muy vagos y ella como la mayor le tocaba corretearlos. A las diez de la noche siempre les gritaba desde medía cuadra creo que nos tenía miedo. Sus ropas no eran las más sexys, así que absolutamente nadie le había puesto atención. Sucedió una noche que la vi gritándole a Los Apaches, me daba la espalda y la vi con ese pantaloncito gris que resaltaban sus nalgas y me enamoré de ellas.

Tiempo después la ataranté con una verborrea que no recuerdo, pero si tengo en la memoria sus pechos desnudos, de buen tamaño y turgentes en mi boca mientras mis manos apretaban esa carne firme, también recuerdo sus palabras románticas “estate así nomás”, fui su primer novio y no el más romántico.

Fue cediendo y por las madrugada me colaba por su ventana mientras sus hermanos dormían, serían las tres o cuatro de la mañana, nomas salir de mi casa a esa hora me daba pánico, pero ha sido demostrado científicamente que las hormonas son muy valientes, mis manos temblorosas tocaban el marco de la ventana y ella sonriendo abría.

Fue una noche la recargué detrás de un auto y yo como carajos iba a saber que debajo de él estaba su hermano más chico. Jugaba a las escondidas y el cabrón me torció en el faje, no sé si alcancé a bajarle la blusa cuando lo escuché gritar la novedad.

La carrilla fue pesada. Su hermano el mayor, se juntaba con nosotros, me conocía y no le pareció muy buena idea. Ya no salía a por ellos, pero yo seguía viéndola por las noches.

En el día yo no andaba por la colonia, pero supe que le pusieron interés y descubrieron lo mismo que yo; ella tenía mejor cuerpo que varías de las que se juntaban con nosotros, y me quisieron dar baje. Por las noches me platicaba de quien la acompañaba a la tienda, era precisamente el que más carrilla me daba, no sabía que para mí hormona mata carrilla.

Un día por fin la dejaron salir, se arreglo lo mejor que pudo, su trasero lucía como lucen los buenos traseros en un pantalón de mezclilla y una blusa blanca escondía la redondez de sus senos. Yo la vi después del jalón de greñas que me dio cuando me encontró con la morrilla que atendía las maquinitas. Me gritó muchas linduras y emperrada se dio la vuelta. En la noche no abrió la ventana, ni la siguiente noche, ni la siguiente, con el tiempo la vimos con otro tipo, no era de la colonia.

En aquel entonces las hormonas eran las que mandaban, afortunadamente ha pasado el tiempo y he madurado.

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