2012

El fraude de la ouija del diablo

Hace tiempo alguien mando un post de este tema, desde ese entonces se dudaba y es mas se presentaban pruebas de que dicho aparato no era mas que un vil fraude, hoy el Universal publica un articulo donde un peritaje ahora hecho aquí en México prácticamente duplica los resultados de un mismo peritaje en Thailandia, el resultado es claro, el mentado GT-200 es un vil fraude, tanto como echar volados para encontrar culpables.

La realidad es que hoy en día la SEDENA los sigue utilizando y como pueden ver en el articulo de El Universal, los operadores están convencidos de que sirve al grado de auto-culparse por sus fallas, aquí mismo vimos la historia de un indígena que fue liberado hace tiempo al demostrar la falla de la chingadera esta, pero hoy en día hay todavía personas en el fresco bote las cuales fueron “halladas” culpables por la chingaderita esta, claro eso es un HECF y uno muy grande, pero mas HECF es que la SEDENA se haya valido de estos aparatos para impartir justicia. Resulta no muy inteligente de su parte el que se haya gastado dinero en Varitas Magicas de Harry Potter cuando a todas luces científicamente se había comprobado que estas madres no sirven, es un HECF que los operadores de la SEDENA crean tanto en esta madre al grado de decir que ellos la cagaron, a final de cuentas si el aparato pitero este es tan vulnerable a fuentes externas, como el nerviosismo del operador, el que la operadora ande reglando, o que se haya chingado una cheve con café entonces simplemente el aparato no sirve, es una pena que tengamos los mandos en la SEDENA sean tan ignorantes como para comprar, usar y defender estas tonterías, HECF.

La noche del 9 de marzo de 2011 doña Juanita Velázquez pintaba su fonda en la zona industrial de Jiutepec, Morelos, cuando una decena de militares ingresaron e hicieron un cateo sin orden judicial. Nada encontraron. Salieron y detuvieron a una persona en un local cercano. Después regresaron a catear la fonda otra vez y extendieron su revisión al tejabán del patio.

De manera azarosa los soldados dieron con el veliz que una muchacha que trabajó en el negocio fortuitamente dejó encargado porque salía de viaje. No regresó. Cuando ellos lo abrieron, para sorpresa de la señora, encontraron una bolsa con pastillas que resultaron ser anfetaminas.

A ella se la llevaron detenida, pero es inocente. Esa es su versión. “No he mentido en nada”, dice la mujer desde el Centro de Reinserción Social (Cereso) de Atlacholoaya, Morelos.

La versión del teniente René Espinoza y el cabo Israel Montoya, según la averiguación AP/PGR/MOR/CV /COE/ 045/ 2011, es que encontraron la droga no de forma circunstancial sino gracias al detector molecular GT-200, conocido en el Ejército como la ouija del diablo, pues al pasar frente a la fonda “dio positivo en la detección de anfetaminas”.

El caso está en la fase final de desahogo de pruebas en el Juzgado del Cuarto Distrito en Cuernavaca, pero la mención del GT-200 por parte de los militares posibilitó un hecho inédito y de relevancia nacional: al aparato antes cuestionado por científicos se le sometió a su primer peritaje de campo en México con la participación de éstos y de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

El físico molecular Alejandro Ramírez de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) fue el perito convocado en el juicio para probar la fiabilidad del GT-200 como evidencia para encontrar sustancias prohibidas.

Su dictamen del aparato fabricado por la empresa inglesa Global Technical LTD, que supuestamente detecta moléculas de sustancias prohibidas, hasta hoy se hace público: “Es un fraude total”.

Valoración

La prueba al GT-200 se realizó en la Academia Mexicana de Ciencias en la capital del país el 21 de octubre de 2011. Alejandro Ramírez y el físico Luis Mochán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hicieron el protocolo y coordinaron su ejecución.

Mochán dice que el equipo se sometió a una prueba “doble ciego”, en la que el operador que lo usa no sabe de antemano dónde está escondida la sustancia.

El integrante de la Academia de Investigación Científica explica la naturaleza del experimento: “Si esto es un detector de sustancias, pues tráeme una sustancia de esas que dices que detecta, la escondemos y a ver si la encuentras”.

Si bien los científicos se negaron a difundir detalles del protocolo del peritaje y de sus resultados antes de que se dictaminara el juicio, EL UNIVERSAL tuvo acceso a dichos documentos.

El aparato, que consiste en un mango de plástico sin circuitos ni baterías, con una antena montada en un pivote, lo manipularon únicamente dos operadores militares que se turnaron en su uso.

Dos tenientes coroneles y dos policías ministeriales custodiaron el material a localizar: mil 630 cápsulas de Itrabil con Clobenzorex, 33 cápsulas de Obeeclox con Clobenzorex, 3 cartuchos calibre 9×9 mm y un cartucho calibre 0.380.

Se hicieron dos equipos conformados por un investigador y un operador militar. Uno de estos verificó el ocultamiento de los materiales dentro de alguna de las ocho cajas de cartón iguales y cerradas. El operador del otro equipo las buscaba.

Dos cámaras fijas y una cámara móvil filmaron todo el proceso.

Nota Completa: http://www.eluniversal.com.mx/notas/875228.html

Cortesía de El Quesos

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