2012

Centro de “Salud” poco saludable

¿Cómo están, gente de HECF? Desde hace un tiempo, he seguido fielmente este nuestro blog de ciudadanos inconformes con el régimen totalitario de este, nuestro México, y he reído y llorado con todas las historias que han enviado a lo largo del tiempo. Por lo que hoy, me animo a contar mi historia personal que me hizo exclamar “¡Hazme el chingado favor!”.

Iniciaré contándoles los inicios de mi historia. Seré breve para no aburrirlos. Como cierto porcentaje de mexicanos allá afuera, decidí estudiar la universidad, y fui de los pocos que conservaron su deseo infantil de ser veterinarios. Actualmente, voy en quinto año de una carrera de veterinaria de cinco años, y le tengo mucho respeto y cariño a los animales. Y como tal, no pude evitar ayudar a un animal necesitado en cuanto lo vi. Un grupo de gatitos de no más de dos meses de edad que se separaron de su camada y cayeron de lo más alto de una casa, de donde ya no pudieron subir. Tras un tiempo viéndolos luchar por escalar y esconderse, finalmente logré acercarme, aunque claro, con los gatitos amenazando con atacarme a tan corta edad. Finalmente, uno de ellos acabó mordiéndome. Por fortuna, no me desangré. Pero como conocedor de las ciencias de la salud, conocía los riesgos de una mordida de un animal callejero, por lo que fui a aplicarme una vacuna contra el tétano el mismo día (pues como buen mexicano, fui negligente con mi revacunación anual y han pasado seis meses desde que debí aplicármela), seguido de una visita al centro de salud de mi bella ciudad Morelia para pedir mi correspondiente tratamiento antirrábico, aunque eso siendo un día después de la mordida.

Por supuesto, nada es tan fluido como parece. El primer día de mi tratamiento, fui obedientemente con las enfermeras encargadas del área de vacunación, y me han dicho que no hay absolutamente vacuna alguna, diciéndome que mañana fuera a preguntar. Un poco molesto por el trato tan poco profesional, me fui resignado, pues aún si quisiera pelear, el epidemiólogo encargado de dicho centro de salud ya se había ido, pues eran pasadas de las cinco de la tarde. El día siguiente, y más temprano, me ahorré el viaje al área de vacunación, por lo que decidí ir directamente a epidemiología (si no saben lo que significa, investíguenlo, pero es en resumen, las enfermedades fácilmente transmisibles, como la gripa). Me han dicho que efectivamente, la vacuna llegó y ya está disponible, así que fui a vacunación y pedí mi respectiva vacuna. La respuesta fue menos que satisfactoria, pues me dijeron que no había nada. Molesto, regresé a epidemiología para hablar con el doctor, y me dijo que están equivocados, pues recién les bajó unas dosis. Por si acaso, me dirigió al área de enfermería, en donde me dijeron que ella no se encargaba de eso. Le conté mi historia, y al parecer la jefa, tan indignada como yo, me acompañó a epidemiología, y juntas llegaron a la conclusión de que en vacunación, mentían. Ahí estaba mi vacuna. Fui sin dudarlo, y cuando me dijeron que nada tenía, insistí en que la epidemióloga y la enfermera confirmaron que habían mandado las dosis a vacunación. Sorprendida, la enfermera abandonó su puesto y fue a epidemiología y a enfermería para confirmar, volviendo cinco minutos después. Al hacer el respectivo papeleo, me mandó al consultorio de vacunación, donde ahí tendrían seguramente mi dosis.

Perdonen la repetición repetida, pero como me gusta considerarme un paciente muy paciente, fui con calma al consultorio de vacunación, y pedí mi dosis antirrábica, pues no me quiero morir a tan corta edad. Y su respuesta sí que me sorprendió. “Aquí no hay”, me dijo. En ese momento, estaba cerca de mi punto de ebullición, pero con calma le expliqué todo lo que me han dicho hoy, y de que tienen o tienen. Como el resto de las personas que trabajan en el centro de salud, fue a hacer las averiguaciones. Minutos después, volvió, dosis en mano y en frío. Los que saben del tema entenderán que una vacuna debe mantenerse según la cadena del frío, a menos de 8 grados centígrados para que la vacuna esté en óptimas condiciones. Después de una odisea por una vacuna, por fin la recibí una hora después. Me fui con el dulce sabor de la victoria. Pero con la amarga sensación de que era la primera de cinco que debo recibir. Por supuesto, confiaba en que esa experiencia no se repetiría.

Grave error. Hoy, esta mañana, me tocó mi segunda dosis. Y adivinen qué. “No había”. Para ese punto, quise decir el conocido HECF, pero me contuve unos minutos más, preguntándole a la enfermera encargada de vacunación qué podía ser, pues no es bueno que pierda un día en un tratamiento así. Me dirigió al Seguro Social. Seguro ya todos lo conocen y sabrán que si hablamos de hospitales, ahí entras con una enfermedad y sales con tres. Pero decidí arriesgarme e ir. Mi gran HECF no es la incompetencia del Centro de Salud, ni la incoordinación de las enfermeras. Ni siquiera la ignorancia de los trabajadores. Y tampoco es siquiera el hecho de que me trataron como una muñeca de trapo a quien pasar a alguien más. Mi HECF es que un hospital que es tachado como mediocre, como incompetente y como insalubre no sólo me atendió rápido y eficientemente, sino que la enfermera me acompañó a ver al jefe de Vacunación para darme su aprobación para proseguir ahí mi siguiente vacuna, y aún después de decirme que es posible que no haya, haya vuelto cinco minutos después con dosis en mano, y diez minutos después de haber entrado, ya me encontraba saliendo con mi respectiva vacunación. Qué malos tratos recibimos de nuestros servidores públicos, y qué buenos tratos recibimos a veces del seguro popular. Ahora, debo sacar mi derechohabiente para proseguir con mis tres vacunas restantes en este nuestro Instituto Mexicano del Seguro Social.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Darion

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