2012

Los eufemismos de Eufemia.

Se ha puesto de moda en estos recientes años (algunos intérpretes de los mayas dicen que son los últimos) llamarle a las cosas como no se llaman, en serio, y así tenemos historias contrastadas, un político llama de una forma a un grupo de personas y nos asustamos, y por otro lado tenemos a los (en exceso) pudorosos, por ejemplo: asistí a una plática en la que todos éramos adultos, y la señora al micrófono no se atrevió a decir “nalgas” solo balbuceo “eeemm en esta parte, en las pompis”. En el contexto en que estábamos era correcto decir nalgas.

Creo que los eufemismos los utilizamos por dos cosas, primero como un falso respeto. Si, decimos “débiles visuales”, “con capacidades diferentes”, “diversidad sexual”, para mostrar un respeto hipócrita a los sordos, a los homosexuales o bisexuales, y a los discapacitados, entre otros. Parece que usar un eufemismo nos da derecho a estacionarnos en los lugares reservados para ellos, a restringir el espacio en que demuestren su amor los homosexuales, a discriminarlos pues. Las historias diarias de discriminación no son pocas, ¡ah, pero les llamamos de una manera bien bonita!

Y la segunda razón por la que usamos eufemismos es porque no sabemos hablar, nos da miedo. La palabra “correcta” es aquella que encaja en el contexto que se dice. No me imaginó en un concepto de camaradería diciendo “tengo una abrasión dérmica”, en lugar de decir “tengo una raspada”, y a la inversa, en una rueda de prensa, no es el contexto adecuado para decir “joto”, para referirse a los homosexuales.

En mis amistades soy muy democrático, así que tengo amigos obesos, morenos, homosexuales, etc. A ellos, mis amigos, puedo decirles fauna y ningún problema pasa. “no me molesta que me digas perro, sino la perra manera en que me lo dices” dice el dicho. Pues bien (de hecho tengo un amigo que le decimos “Perro”), mis amigos obesos me dicen chaparro y yo a ellos gordos o panzones, asegún, ni ellos ni yo nos sentimos ofendidos ni agraviados, es cuestión de camaradería, no hay falta de respeto, ni tengo que decirles algún eufemismo para que se sientan respetados.

Cada que oigo un eufemismo me recuerda aquel poeta que escribió “Las blancas hijas de sus conchas bellas” para referirse a las perlas. Si en los políticos se oye falso, en las personas de bien no solo se oye ridículo sino hipócrita.

Si son sus amigos ustedes saben cómo dirigirse a ellos, si no los son, seamos respetuosos de sus derechos, no digamos un eufemismo para sentirnos bien y después coartar sus derechos.

Llamarles las cosas como se debe, en el contexto que se debe, no tiene que ser un pecado. Tamara, mi homosexual amigo, le digo “pinche puto” y no es bullyng ni falta de respeto, es camaradería.

Honestamente no creo que la Tamara se sienta más respetado, si en lugar de llamarle “puto” le digo: “ pinche varón dotado de un fundillo con capacidades diferentes”

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
194 Comentarios en “Los eufemismos de Eufemia.”