2012

Todo empieza con un seis

Abres lo ojos y ves la claridad inmensa de un día ya empezado, en contraste con los demás días en que abres los ojos aún cuando el sol no ha salido.

Te levantas y un mareo te ataca a la vez que finos alfileres te atraviesan los parietales. Sales por un vaso de agua, en la sala ves a tus amigos acomodados en posiciones que jamás creíste que se podía dormir. En el piso de la cocina hay restos de botanas, botellas de tequila, mezcal y cerveza. Te enjuagas la boca sobre el cinc y bebes un vaso de agua despacio. Vas tarde al trabajo, así que te apresuras.

Con el ruido uno se despierta y pregunta “¿qué onda güey, qué hora es?, ¿las ocho? ¡No mames! y eso que no íbamos a pistear.”

Y si, no íbamos a tomar mucho, pero todo comenzó con un seis.

Ya sabes, llegan de visita los amigos y empiezas a platicar, la charla normal, carrilla y cosas en común. Alguien propone ir por un seis de cervezas, la propuesta es razonable, una papas, una soda y un seis, pa´ platicar cómodamente. Y si, pocas cervezas porque mañana hay que ir a trabajar, otro tiene que llegar temprano a casa, y otro va a manejar. La oferta es pues, razonable.

Sigue la plática de anécdotas estúpidas personales y de gente que se conoce, tonterías irrelevantes, todo en la banqueta de tu casa. Llama un amigo y le das razón, quienes están y donde, llega el amigo con otro amigo…y mas cerveza.

Se consume el refresco, se consumen las papas y también la cerveza, alguien fuma Raleigth, alguien más fuma también, pero no es tabaco.

El seis ya no es razonable y se consume una segunda y tercera ronda, los compromisos para el día siguiente parecen risibles y seguimos bebiendo y charlando.

No falta el que se atraviesa y se queda platicando un rato, tampoco el malacopa que nadie quiere invitar, pero tampoco correr y lo dejamos un rato, sabiendo que terminará en lo mismo: habrá que correrlo antes de los madrazos.

La plática siguiendo siendo divertida, pero también hablamos del futbol, del box, y una cosa lleva a la otra y aquí estamos hablando de secuestros, del presidente de la república, del diputado, del narco de la colonia y del narco de la ciudad, hablamos de todo con la coherencia propia que nos brinda el estado etílico.

Se acaba la cerveza, y las licorerías han cerrado, en casa hay medio botella de tequila y una de mezcal, ya no somos tres, ni cuatro, somos los suficientes como para que se acaben las botellas.

Vomitas entre acrobacias y argumentos filosóficos. Con la congruencia que inspira la hierba y el alcohol propones soluciones a los problemas sociales, y con la implacable autoridad del mismo alcohol te dan razones del porqué lo que propones es sencillamente una pendejada.

Unos deciden irse, otros más borrachos y de más confianza saben que pueden quedarse donde se acomoden, repartes cobijas y te vas a dormir.
Vas tarde al trabajo y con una resaca que hará que tú día sea muy largo, pero con muchos más pretextos para sonreír al recordar lo que empezó con una propuesta razonable: “vamos por un seis”

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
98 Comentarios en “Todo empieza con un seis”