2012

Saber Escuchar

Existe mucha gente que no se da cuenta de la gran importancia que tiene el saber escuchar. El clásico “Lees pero no comprendes” que leemos aquí en ocasiones equivale a un “Oyes pero no escuchas” en nuestra vida cotidiana. Hasta en el diálogo más simple es importante estar atentos de lo que la otra parte está diciendo, demostrar que su plática nos interesa ya sea con preguntas o hasta con gestos de aprobación o admiración, no interrumpirla ni crear conflicto haciendo críticas, estás no deben darse durante el diálogo para que no se convierta en una discusión y vaya que se puede crear conflicto por no saber escuchar. Estás serían sólo algunas reglas de varias que se deben de aplicar para que el diálogo fluya.

Así he tratado de hacerlo en mi vida cotidiana. Desde que nos casamos mi esposa y yo siempre hacemos sobremesa con temas de lo que hicimos durante el día o sobre lo que ha pasado después en otras situaciones que ya hemos platicado antes. Ella habla mucho y a mí me gusta mucho escucharla porque platica muy bien pero no sabe escuchar. En los últimos años me volví un tanto intolerante en cuanto a esto ya que yo siempre procuro escucharla, y no solamente a ella, a cualquier persona que platique conmigo. Me refiero a que cuando estábamos hablando y casi siempre que yo le decía algo me contestaba “eh?” como si no hubiese escuchado y yo repetía lo mismo pero me daba la impresión de que sí me había escuchado, de modo que comencé a hacer pruebas. Yo ya no repetiría lo mismo, después del “eh?” me quedaba callado y en eso me contestaba “Ah si, es verdad…” o “¿Apoco si?” comprobando que sí me había escuchado, de modo que el mentado “eh?” lo hemos ido erradicando poco a poco.

Después me pasaría algo que pondría a prueba mi tan mencionada capacidad de saber escuchar, una prueba que no pasé y una capacidad que, me di cuenta en ese momento, me falta desarrollar.

Va a ser un año que regresé a mi ciudad después de haber estado trabajando lejos de esta y de mi familia por mucho tiempo. Encontré un buen trabajo pero la entrada es a las 7:30 de la mañana de modo que ya no puedo llevar a mi hijo a la escuela ni a mi esposa a su trabajo. Sólo contamos con un vehículo y me vi en la necesidad de usar el transporte colectivo para dejar que mi esposa usara la camioneta, no tengo ningún problema con eso, es solo que hacía mucho tiempo que no lo usaba.

Todo iba muy bien hasta que conocí en el camino al trabajo a un bato que trabaja en una empresa vecina que está relacionada con la empresa en la que yo laboro. Cuando yo me subía al camión él ya iba desde antes y como bajamos donde mismo empezamos a saludarnos, después ya tomaba asiento junto a él, grave error. Desde el primer día me di cuenta de que habla mucho, de más, bueno no mucho, habla muchísimo, bueno no muchísimo, habla ¡Hasta por los pinches codos! Pero ese no sería ningún problema, el problema es que no se le entiende ni madre y habla en un tono muy bajo. Yo apliqué todas mis técnicas de saber escuchar pero me cansé. Hacía un gran esfuerzo por tratar de captar lo que me decía, tenía que ir agachado para tratar de escucharlo, le tenía que estar dice y dice el antes mencionado “eh?” pero ya no pude más, me bajaba fastidiado del camión y el día apenas empezaba. Me empecé a hacer pendejo cuando me subía, como que no lo veía y me sentaba en otro lugar pero, oh sorpresa, llegaba y se sentaba junto a mí o me subía y me hacía señas para que lo viera. Ya no me esforzaría más, empecé a hacer como que lo escuchaba, me decía “No hombre y luego pssst chsdr nmmmfg frth yop…tú crees?” y yo “Ah sí? Neta? Orale!” y seguía “Allá frrrgg tremmmmjjglu mmmdffgg” y yo “Ay ay!” contestaba incrédulo o asintiendo sin saber lo que me decía.

Hasta que un día hice evidente mi falsa atención hacia mi compañero de viaje, me dio mucha pena. Subo al camión, me hago pendejo como que no lo veo y me siento, llega y se sienta junto a mi, yo del lado de la ventana y que comienzan los trabalenguas, yo pensaba “Naah CHTM!”. En eso pasó algo inusual, veo junto a una banqueta en una de las paradas que hace el camión ¡Un búho¡ Sí, un búho ahí parado el wey a toda madre tomando el sol y yo sorprendidísimo, codeando e interrumpiendo a la tarabilla que venía junto a mi, exclamo: “Mira wey ¡Un búho!” y que me voltea a ver con ojos de “No mames” y me dice ahora sí en un tono fuerte y claro: “Pues si todos los días te digo que ahí está el búho wey”…

Sentí como mi cara se enrojecía y tuve que aceptar que no lo había escuchado las 30 veces que me lo había dicho pero también le dije que tenía que hablar con más volumen y claridad, pero aún así, creo que debí decírselo desde un principio porque la verdad ahora hasta mal me cae y ahora me voy más temprano al trabajo para no toparme con él.

Así que ya saben, es muy importante saber escuchar ya que esto facilita las relaciones cualquiera que estas sean y donde sean.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Chingaquedito

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