2012

El Puerquito, y otras cosas de México

Parece que en México (y en otros países) parece una manda agarrarse de algo o alguien para hacerlo su “puerquito”. Es decir, una persona o un tipo de personas a quién achacarle todo.

Casi todo grupo postula a su su “bufón”, y en la relación de agandalle de uno va claramente el subordinar a otro a ser el chalán o el objeto de bromas y carrillas de los demás.

Pareciera algo que está impreso en la forma de relacionarse de los mexicanos (y probablemente de habitantes de otros países), el identificar al ‘eslabón más débil’ e intentar humillarlo y descalificarlo para sentirnos el que domina, y así nos sentimos muy fregones.

En el caso de grupos sociales, tribus urbanas y sectores de la población, desde luego tampoco se salvan. Pareciera que México siempre tiene la necesidad de burlarse de alguien: que el indio, que el homosexual, probablemente en los ’70s fue del hippie, hace unos 5 años -como en otras partes del mundo- fue el emo y actualmente es el ‘hipster’.

Desde luego, una gran cantidad de las personas ni siquiera se preocupan en saber qué se supone que es un ’emo’ o un ‘hipster’, se basan solamente en las apariencias para discriminar, y sienten que no necesitan más. Jamás llegan a preguntarse ni siquiera por qué se supone que está mal de ser uno.
Si tienes pelo negro y crecido o alguna vez sales a la calle con ropa de ese color, probablemente te griten ¡emo! Si usas lentes de cierto tipo, eres un ‘hipster’. Así, sin cortapisas. Tan pronto encuentra uno, el mexicano vulgar se dedica a una cosa: A señalarlo. Se señala al emo porque es emo, al hipster por que es hipster. O porque ya por una seña visual supone que lo son. Punto.

Claro, como son algo diferente a lo “normal”, o como son un bicho raro nuevo, sigo la corriente y los señalo: “¡Pinche hipster!”. ¡Y qué bueno que yo no soy como él! ¡Qué divertido! ¡Qué bien se siente!

El humor de Internet, tanto de México como de Estados Unidos y quién sabe de qué otros países, es extremadamente burdo en este sentido.

Agarro una foto, le pongo lentes y digo que es hipster. Ja ja, qué divertido. Qué ingenioso.

Así es, el hipster es el ‘puerquito’ de la actualidad. Y aunque la cosa parezca muy de humor, de la misma forma que el humor ‘de locas’ en los ’80s creó mucha desinformación y prejuicios en el pueblo, esta práctica (que a fin de cuentas consiste en caricaturizar y por ende descalificar, ridiculizar al otro) deforma el pensamiento de las personas.

Hace poco investigaba (por morbo, la neta) en varias páginas sobre el mentado programa de “Sin Filtro”, tan satanizado por tantas cosas. Pero checando las secciones de comentarios (no sé ya ni por qué lo hago), muchas personas que escribían (incluso comentarios largos que parecían ir escritos con cierta seriedad) ni siquiera se molestaban en desarrollar una opinión en contra del programa. Simplemente descalificaban a los conductores tachándolos de ‘fresas’, ‘hipsters’ y ‘juniors’. Prejuicio en estado puro y sin adulterar.

Es imposible pensar que una persona, por el hecho de usar una pieza de plástico grueso alrededor de sus anteojos, tenga derecho a opinar. ¡No señor, eso nunca!
Es imposible pensar que un ‘junior’ pueda proponer algo que pueda servir mejorar al país (¡si él es rico, se crió con todo! ¿Cómo le puede interesar el pueblo? ¡Seguro quiere fregarnos!).

Es imposible que un ‘fresa’ tenga una opinión válida sobre un asunto de interés público (¡Son muy apretados! ¿Qué saben ellos de México, si hasta vacacionan en Europa?).

¡Y luego se preguntan por qué esa gente no se atreve a proponer y a discutir, si desde el momento que toma la palabra ya lo condenamos por el simple hecho de pertenecer a una clase social diferente a la nuestra.

Antes de que comiencen a lanzar argumentaciones en contra del programa, yo creo que esta situación se suele dar en cualquier contexto en este país.
¿Cómo construir entonces un México de pluralidad, si hacemos escarnio tanto del ‘naco’, del ‘indio’ y del ‘pobre’, si desconfiamos y despreciamos con toda nuestra alma al ’empresario’, al ‘cura’ y al ‘junior’ (¡Sin siquiera conocerlos en persona!).

En ocasiones, personas de estos grupos sociales ya ni siquiera intentan alzar la voz, pues ya saben que poco eco encontrarían, de dirigirse a una clase distinta a la suya. Claro, otras veces son ellos quienes discriminan… Pero nunca debemos olvidar que hay de personas a personas.

¿Pero qué se puede esperar? Así es el mexicano común (no digo que yo no lo sea), así lo ha educado su misma sociedad a través del ejemplo, y es esa la razón por la que nunca podamos organizarnos ni ponernos de acuerdo en nada. Educación ante todo, señores.

Aquí termina esta pequeña reflexión. Y saludos especiales a todos los que tan pronto la lean corran a poner de comentario: “¡Este ha de ser un pinche hipster!”.

Cortesía de Félix Moroyoqui

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