2013

Esclavos por voluntad

materialismoPor un yerro histórico, aunado a la necesidad de héroes, consideramos a Miguel Hidalgo el libertador, el que rompió las cadenas de la esclavitud cuando recién empezaba el año 1800.

Me pregunto si hay alguna diferencia entre aquellos esclavos y nosotros, y por supuesto que la respuesta es: sí.

Aquellos esclavos, nacieron esclavos o fueron traídos de tierras lejanas, arrebatados de su tierra, de su familia y obligados a trabajar, obligados a la servidumbre, el látigo y una mano dura, se encargaban de obligarlos hasta lo innombrable.

Y sin embargo, aquellos esclavos anhelaban sus libertad, lucharon por ella, literalmente les costó sangre librarse de aquel yugo al que eran obligados.

Esa es la diferencia, la involuntariedad de la esclavitud y el anhelo de librarse de ella.

Nosotros, en cambio, nos sumimos en una esclavitud de manera completamente consiente y voluntaria y no queremos escapar de ella.

Recuerdo aquella caricatura en la que con una caña de pescar amarraban frente a un conejo una zanahoria y la caña a su espalda, el animalito caminaba persiguiendo la zanahoria, imposible alcanzarla.

De la misma manera perseguimos tantas cosas que nos cuesta literalmente la vida conseguirlas, y apuesto que morimos sin conseguir toda la mierda material que queremos.

La esclavitud voluntaria y consciente no discrimina y es pareja, incluso sin importar la condición económica, porque no se llega nunca a la saciedad, a tenerlo todo.

No queremos ser felices, queremos comprar la felicidad. Un trabajo-una casa- un carro- un mejor trabajo- una casa más grande-un mejor carro. Una casa de seis habitaciones para tres personas, un carro “porque en esta ciudad tener un carro no es un lujo, es una necesidad”.

Sabemos que la mercadotecnia crea necesidades donde no las hay, pero anhelamos lo que nos ofrece, una casa de medio millón que pagaremos en treinta años y un carro de más de medio millón que pagamos en máximo cinco años (¿a poco es congruente eso?), una casa que te servirá para solo dormir, mientras afuera intentas comprar la felicidad, un vehículo que puede viajar a más de ciento cincuenta kilómetros por hora, pero te multarán si rebasas los sesenta, ¡pero es una necesidad¡

Alguna vez Facundo Cabral dijo algo así: “Cuando voy al supermercado me da mucha alegría ver que hay tantas cosas que no necesito”; por el contrario existimos personas que necesitamos todo, incluyendo a la cajera, solo que es delito.

Nosotros no anhelamos la libertad de esa esclavitud.

Comprar la felicidad consiste en ganarle en mierda material al vecino, al amigo, a la familia a todos. Salir de casa al trabajo, conseguirse otro trabajo y llegar cansado, acostarte y darse la espalda para dormir.

La primera sonrisa del hijo, sus primeros pasitos, su primer diente, ser Batman para ellos, ser un caballo o un perrito obediente, o el malo que cae mientras te disparan, para eso no hay mucho tiempo, y el tiempo es implacable.

Te jubilas, tienes tu formidable casa y te das cuenta que los comedores enormes sirven para que pese más la soledad cuando todos están trabajando y no pueden compartir la mesa contigo, pero eso aprendieron de ti. No hay vaqueros ni súper héroes en casa.

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