2013

Compras en línea

compras-en-linea Hace algunos ayeres, estaba hablando con mi pareja y amiga (la misma persona, por cierto) sobre negocios en línea, pues a ella se le está dando la posibilidad de armar uno. ¿Temática? No es importante para el tema en cuestión, simplemente que es posible que se de en línea como los que a cada rato vemos en Mercado Libre, pero mucho mejor. De cómo nuestro querido México necesita modernizarse, y una de tantas maneras es la de incursionarse en los negocios en la red. Sé que hay ya negocios en línea, pero estamos un poco atrasados en ese aspecto. Incluso ella se quedó de “¿por qué no?”.

Sin embargo, hace poco me pasó un momento de iluminación gracias a una mala experiencia con una compra en línea. Hace unos días, busqué comprarme un libro directamente a través del portal de una página de una editorial y librería de nombre Porrúa, las que han crecido tanto que ya a cada esquina del país podemos encontrar una. Siendo cuidadoso con mis compras en línea, noté que mi dinero no es extraído de mi cuenta bancaria hasta que se compruebe que existe el formato físico de mi libro y está dispuesto a ser enviado directamente a las puertas de mi casa. Acepté tras una breve consideración, pues en una época donde un libro es más caro que una botella de ron, mi elección fue considerablemente económica. Pero el gusto no me duró mucho, pues me di cuenta que el libro no tenía existencias. Me decepcioné, pero acepté. Fue hasta que fui a mi banco local que me llevé el golpe. Resulta que a pesar de que el libro está sin existencias, Porrúa decidió cobrarme de todos modos por un producto que no tenían, y por un envío que no se había (ni se podía haber) llevado a cabo.

Mi primer instinto fue ir al banco y cancelar el pago, pero por desgracia, no me sería posible, pues perdí mi credencial para votar y no tengo manera de identificarme más allá de credenciales escolares (que por cierto, cualquier estudiante que ha tenido que hacer trámites se da cuenta de que esa credencial es efectivamente inútil como documento oficial), y como mexicano que soy, olvidé remplazarla. Así que como gente medio civilizada que soy, mandé un correo a Porrúa pidiendo me cancelen el envío para que me depositen el dinero que por ley es mío, pues la compra no se realizó exitosamente.

Al cabo de unos días, recibí un correo de dicha librería, en la que me decían que mi compra fue cancelada y que me depositarían mi dinero a mi cuenta de 10 a 15 días hábiles. Eso es lo que me ha hecho aclamar el conocido ¡HECF! Dinero que por derecho es mío me han quitado de mi banco por una compra que no hice y se me devolverá en un máximo de 3 semanas (que para los que no saben, un día hábil cuenta únicamente entre semana, pues sábado y domingo se les considera inhábil, por lo que en una semana tenemos 5 días hábiles). Sin más remedio, me resigné a que no vería mi dinero en unas cuantas semanas. Y sin duda, eso me hizo pensar el por qué no hay tantos negocios en línea en México como desearíamos.

Porque en un país donde los empresarios le roban a “la plore envidiosa”, una compra en línea es el método perfecto para que nos roben. Y lo sabemos.

Cortesía de Darion

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104 Comentarios en “Compras en línea”