2013

Yo marcho, tú gritas, él se manifiesta, nosotros obstaculizamos, ustedes se quejan y ellos ¿nos hacen caso?

marchas-DF Con el contenido de las siguientes líneas trataré de generar alguna reflexión, más no busco sacar conclusiones dado que es un tema complejo. La intensión tampoco es polemizar sobre los movimientos sociales, simplemente es un punto de vista en relación a una de tantas expresiones ciudadanas de protesta: las manifestaciones.

Creo tener los fundamentos necesarios para hablar sobre el tema debido a que he presenciado, analizado y criticado el fenómeno desde tres perspectivas distintas. La primera cuando era un obrero desinformado, que veía pasar a las multitudes frente a mi lugar de trabajo catalogándolas de escandalosos o incluso acarreados arengados por un fin político. Después pasé a formar parte de ellas, esta vez como estudiante informado, sediento de equidad política y mediática. Finalmente como una persona crítica que ha resultado afectada en diversas ocasiones por la realización de las mismas.

Siete treinta de la mañana, como de costumbre ya iba un poco tarde, pero si no encontraba tránsito, llegaría a tiempo a una cita en la UAM Xochimilco, lugar donde estudio la carrera de Comunicación Social. Todo iba bien, bueno, por lo menos encontré un lugar en el pesero; en la calle el frio calaba duro, pero dentro del microbús, (calculo, modelo 95) todo era calor humano. Aproximadamente llegaría a las 8:20 de la mañana a la casa de estudios, pero el tráfico vehicular que se acumulaba sobre Periférico me desanimaba poco a poco.

Inmediatamente el chofer trató de sintonizar en su viejo estéreo un noticiero. La búsqueda fue en vano, parece ser que necesita una antena nueva. Llegamos al lugar de la desviación, Av. Tlahuac y Periférico, una pasajera desesperada, quizá la más alterada preguntó a uno de los policías (que sólo movían las manos como participantes de concurso de belleza para desviar los carros), cuál era el motivo del cierre de avenidas, él se limito a gritar: “¡una manifestación!”, sin dejar de agitar sus brazos. La mujer vocifero: “Otra vez con sus pendejadas”.

Así es, otra vez, una manifestación, de nueva cuenta llegaremos tarde a trabajos, escuelas, citas amorosas, etcétera. De nuevo a llegar de malas, estresados y hasta cansados y sudados por caminar varias cuadras. O simplemente avisar que será imposible llegar y aguantar el descuento del día o acumular otra falta en la clase.

En fin, basta de alargar la historia, el microbús nos acercó a la base lo más que pudo, ahí era el lugar preciso de la manifestación. A partir de ese punto a recorrer aproximadamente el kilómetro que hace falta para llegar a la escuela. Algunos corrieron yo tomé un par de fotos a los manifestantes y caminé hacía la escuela, ya estaba resignado a llegar tarde.

Aproximadamente 100 personas del Frente Popular Francisco Villa cerraron ambos sentidos de una de las avenidas más transitadas del DF, en reclamo a la falta de trabajo y oportunidades de comerciar fuera de las estaciones de la Línea Dorada.

El punto medular de la situación, al menos en mi caso, no fue el hecho de llegar tarde a mi cita, sino darme cuenta que durante años este tipo de manifestaciones han sido una constante en nuestro país, afectando a muchos y solucionando muy poco. No critico la acción porque he sido participe de ellas, sin embargo desde hace tiempo he meditado sobre los efectos que tienen sobre la población en general y cómo los medios de comunicación utilizan las desventajas de éstas para generar una opinión pública desfavorecedora.

No generalizaré sobre todas y cada una de las marchas a lo largo de la historia de este país, porque no cabe duda que algunas alcanzaron cosas importantes o incluso un cambio de conciencia en la sociedad, a pesar de la mala propaganda que se les hizo. Pero cuando las mismas marchas afectan directamente a la población proletaria, a los trabajadores, al vulgo o como quieran llamarle, creo que es ahí donde empieza el dilema.

Comencemos, sólo por poner un ejemplo. ¿Acaso no resulta injusto que gente que no la debe ni la teme resultemos afectados casi a diario por 100 o 200 personas que cierran las vías más transitadas del país? No estoy en contra de sus posiciones, ni de las razones por las que luchan, pero a veces creo, que falta planeación y una mejor estrategia para conseguir sus objetivos. Son colectivos o grupos que de forma impulsiva y de buenas a primeras toman este tipo de decisiones, sin un plan definido. Me quedo con un comentario de una transeúnte que enfurecida pasó a lado del hombre que llevaba un altavoz y dijo: “¡Por qué aquí, váyanse a los pinos!

Este tipo de escenas suelen repetirse rutinariamente, por un lado los integrantes de la marcha gritan enfurecidos por la impotencia de ver cómo pasa el tiempo y no obtener resultados, ni interés por resolver sus problemas. Soportan las inclemencias del tiempo, caminan kilómetros y resultan ser los malos de la película. Pero por otro lado se encuentran los afectados el resto de la sociedad que no tiene la solución directa en sus manos, y en cambio resultan perjudicados e incluso indignados y molestos con los manifestantes. Mientras tanto en sus oficinas se encuentran aquellas personas que sí tienen la solución, haciendo caso omiso de las manifestaciones, de los gritos, del cansancio y del descontento del resto; qué más da, sólo será una de tantas.

Sin importar la época del año, mes tras mes en cada una de las fechas conmemorativas como la expropiación petrolera, día del trabajo, día del maestro, en etapas de elecciones, informes presidenciales o hasta para la legalización de la marihuana, cientos de personas salen a las calles, por lo regular transitan por las mismas avenidas, en horas pico; con esta situación, comerciantes independientes pierden ganancias significativas, estudiantes no asisten a clases, trabajadores no llegan a sus empleos, etcétera.

Seamos sinceros, me atrevo a decir, sin temor a descabellarme, que de 10 manifestaciones que nos afecten directa o indirectamente al mes, sólo nos investigamos las razones de 3 o 4. Es decir, el porcentaje de información es mínimo, no sabemos lo que exigen o necesitan nos limitamos a refunfuñar, maldecir y hasta violentar más la situación. Vemos que pasan con altavoces; policías que los custodian y en ocasiones los reprimen con lujo de violencia, pero al final del día todo queda como al inicio. En el noticiero “oficial” le dan unos cuantos segundos a la nota, nombrándolos como: “un grupo de agitadores” que marcharon y provocaron caos vial.

No intento polemizar, ni echarme en contra a todos aquellos que apoyan incondicionalmente las marchas. Como ya lo he dicho, yo fui parte de ellas, marchando a favor del #YoSoy132, pero después de varios kilómetros recorridos y saliva gastada en gritos de apoyo, recapitulas, te das cuenta que quizá no es la única, ni la mejor opción. Sé muy bien que las manifestaciones han sido la principal muestra de protesta durante siglos, el principal signo de descontento social, pero creo que no el más efectivo. En algunos casos, logras apoyo, un cambio de conciencia momentáneo, pero desafortunadamente regresa la apatía generalizada; muy pocas veces se alcanzan los objetivos, convirtiéndose la mayoría de veces en eternas luchas descalificadas.

Creo que alternativas hay varias, sólo hace falta echar un vistazo a la historia, no de México, sino de otros países, en dónde se han logrado verdaderos cambios en los sistemas políticos y económicos. No sólo a base de gritar consignas y hacer carteles, más bien de acciones ciudadanas, en vez de estar esperando alguna solución por parte de los políticos.

Ahora si se trata de analizar la historia nacional simplemente recordemos que desde las décadas de los 20´s y 30´s se dan las primeras expresiones de protesta de este tipo, organizadas por la extinta CROM (Confederación Regional Obrera Mexicana) y contéstenme algo: ¿Acaso se ha logrado algún cambio? Seguimos en medio de inequidad, crisis, desigualdad, desempleo, imposiciones políticas, reformas parciales y el pueblo sigue marchando, manifestándose sin pensar en el daño que en muchas ocasiones a genera a terceros, que como ellos luchan día a día para superarse. No generalizaré porque marcha no es sinónimo de violencia, pero si de desgaste mientras tanto los verdaderos responsables apacibles, no dan la cara y permiten que su pueblo se hunda. Es hora de despertar no creen? Estrategias las hay y muchas, la solución está en nosotros, ¡no en ellos! … punto y coma

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de raséC

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