2013

Historia de amor

Cuestion-principios--CossaViejo como era; buscó en una chica joven el deseo que empezaba a perder, era atractiva, hermosa, sonriente. La charla resultaba amena, era lista, estudiaba y se interesaba en su carrera, cursaba octavo semestre de enfermería. Sus ojos enormes eran adornados por unas inmensas pestañas, su cabello negrísimo y la tez blanca con dos lunares en la mejilla derecha.

La conoció por casualidad y en su propia casa, hermana de un invitado. La encontró sola en el estudio, con aquel librito en las manos, le intrigó que fuese exactamente ese libro. Conversaron. Ella ofreció disculpas por no pedir permiso para estar ahí, quería ir al baño; entró equivocada y se entretuvo viendo los títulos de los libros, ahora la tenía ahí con un libro ajeno en la mano. Él dijo que no podía obsequiárselo, por ser precisamente un bonito recuerdo, convino en prestárselo por el tiempo que quisiese, aunque siendo tan pequeño, no tardaría más de una semana en leerlo. Pidió un mes porque su carrera no le permitía mucho tiempo para leer.

Tenía veintidós años y anchas caderas. Lo primero lo supo al preguntárselo, lo segundo saltaba a la vista. Dijeron sus nombres y regresaron a la reunión, ella con un libro, él con una sonrisa.

Sonó el llamador de la puerta, era ella enfundada en una chamarra negra y el cabello desaliñado, había salido de la escuela y fue directo a su casa. El traía unas ridículas pantuflas a cuadros beiges con rojo y ropa cómoda de casa. Ambos se disculparon: ella por no avisar, él por la imagen.

Él tomó café, ella chocolate. Él se encargó de preparar las bebidas e iniciar la charla. Hacía cuatro días que había sido la reunión y no la esperaba hasta pasado un mes. Empezó dos días después el libro y no lo pudo soltar.

Inició así aquella relación, él aprovechándose del complejo de Electra, ella se enamoró como se enamoran las chicas a los veintidós años. Ella despertaba el deseo, los senos firmes, la piel suave, los labios tibios. Él, pese a la su edad, con sus manos arrugadas enredadas en aquel lozano cabello, se sentía deseado, se sentía con ganas de ser devorado. Algo que casi escapaba a su memoria.

El recorrido íntimo incluyó parajes oscuros que ellos mismos no se conocían, se disfrutaron como quien sabe que la vida es corta y más corto es el enamoramiento que llena el deseo.

Pasados los años, el deseo extinguido y la entrepierna marchita. Ella lo cuidaba, sabía que le seguía gustando, pero aquel cuerpo no tenía la energía suficiente.

Recostados bajo las sabanas, él recorría aquella piel desnuda, erizándole la piel, su cuerpo era de memoria fresca, contoneaba las caderas y sus manos suaves se daban el placer que su compañero no podía ofrecerle. Ella se estremecía y tomaba la mano de su compañero. Él dócil iba a donde le guiaban, tocaba aquel pétalo mojado y sentía sus dedos arrugados permearse de aquella humedad, se inundaba.

Ella besaba aquel rostro y aquellos labios, mientras él sonriente pensaba que aquello era una historia de amor.

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
195 Comentarios en “Historia de amor”