2013

La caja televisiva o la búsqueda de la felicidad

television-felicidad Es cierto que cada vez que nos encontramos en frente de la pantalla del televisor, nos permitimos el derecho de soñar que de alguna manera podemos formar parte de ese universo creado a partir de la premisa de la belleza ideal. Los parámetros para formar parte de esa sociedad televisiva que más bien parece un clan varían en proporción al nivel del machismo; es decir, cada una de las diferentes televisoras apela a la libido masculina para hacer la elección de las mujeres que participarán en los programas.

Así es muy frecuente encontrar mujeres jóvenes y hermosas de medidas irreales, creadas bajo la potente luz de un quirófano. Cada que volteamos a la televisión nos damos cuenta de que es una gran vitrina de cosas que difícilmente se pueden alcanzar y que solo podemos observar porque es impensable formar parte de ese sistema.
El talento que buscan estas empresas está apoyado en el exterior, en el conocido 90-60-90, es más evidente en las mujeres que en los hombres, ya que de éstos se encuentran pelones, viejos, chaparros, entre muchos otros, en lo que compete a las mujeres, es difícil encontrar alguna fea o que sea vieja y que no esté operada de sus facciones, éstas mujeres manipulan lo más importantes de la morfología facial como su mentón o nariz, tanto que en ocasiones ya no se parecen en nada a lo que eran; seguramente se le vienen a la cabeza imágenes de todas estas mujeres deformadas por el ideal de belleza televisivo. La televisión es para ver gente bonita.

Las telenovelas resurgen como modelo de educación sentimental, así como las canciones pop que las acompañan, las personas empiezan a hacer lo que ven en la pantalla aunque no sean cosas legales o no puedan desencadenar sucesos como los que se expresan en las novelas televisivas. Debemos recordar que desde hace algunos siglos se recibía la misma educación por parte de las grandes obras de la literatura y las puestas en escena que se veían a rededor de todo el país. La diferencia era que en las grandes obras se apelaba a los buenos sentimientos y operaba el decoro, que era que cada personaje estuviera en su lugar en cuanto a actitud y posición social, es decir, el rey era rey en todo el sentido de la perfección moral. Ahora con las mujeres esculturales y los valores tan trastocados surgen cosas que tergiversan el sentido de las cosas a un grado irrisorio, así que son tantos los ejemplos que ni siquiera es necesario mencionarlos.

La televisión no se debe tomar en serio ni muy a la ligera, ya que caer en la vergüenza de creer que es verdad todo lo que sale o en la soberbia de pensar que todo es mentira es igual de perturbador. Así que si se sube al metro y ve puros feos dese cuenta de que si fuera guapo en términos televisivos estaría saliendo en algún comercial o telenovela. Así que ese aparato es genial para olvidarse de lo miserable de la vida y comprarse mentalmente un boleto a la tierra de la fantasía para adultos, el Disney de los viejos: la televisión

Cortesía de Adrián Aguilar

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