2013

Enchílame esta gorda

revolucionÚltimamente, entre los perfiles de Facebook y el cúmulo de noticias sobre el país (bastante alarmantes por cierto) me he tomado con cada vez más comentarios que tienen un común denominador: la gente, harta de la situación, le pide a las fuerzas armadas que encabecen una rebelión o un golpe de estado.

Antes, déjenme aclarar que hasta cierto momento de mi vida, yo compartía ese punto. Ciertamente, el ejército es el brazo armado del estado y como tal lo vemos como responsable de permitir un gobierno tan corrupto como es el mexicano. La situación empeora cada vez más de manera más obvia, y ciertamente, es muy posible que México necesite tomar medidas drásticas. Yo soñaba (como muchos) en que una rebelión u otra revolución este 2010 podrían mejorar a México. Pero no es así. Y ahora diré porque lo creo.

Primero, no es tan fácil. ¿Cuál es el plan? ¿Qué sé pretende? Si eres de las personas `que piensa que la justicia triunfará por si sola y que no hace falta hacer ningún plan—tanto porque confías en los lideres o porque crees en la justicia divina—déjame decirme que eres ingenuo o de plano estás bien p*****o. En serio. Nadie debería empezar una guerra (o rebelión, o levantamiento, o golpe de estado) sin saber qué es lo que quiere y cómo debe conseguirlo. Las metas deben ser claras y concisas, no abstractas. Debe haber un plan, y debe prever todas las consecuencias posibles. No hacerlo es una fórmula para el desastre, es una irresponsabilidad, un crimen; como dicen por ahí el camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones.

Un ejemplo: en 1981 un soldado asesinó al presidente egipcio Anwar el-Sadat. Cuando lo interrogaron, el asesino —bueno, en realidad eran tres—confesó que lo había asesinado por motivos religiosos: Sadat había negociado con Israel, era un traidor al Corán y había ofendido a Alá.

Esto no significa que Sadat era bueno—soy mexicano, no soy egipcio, y el conocimiento que tengo de Medio Oriente es magro en el mejor de los casos. Pero menciono esto por este simple hecho: Los asesinos no tenían ningún plan para después de la muerte de Sadat. Creían que Sadat merecía morir; pensaron que una vez ellos cumplieran con su “cometido divino”, Dios se haría cargo de todo. Estoy más que seguro que todos los egipcios procedieron a mentarles la madre tras las décadas que Mubarak pasó en el poder.

Así que, aunque a uno de nuestros guardias presidenciales se le escapara un tiro… ¿Quién sustituiría a Enrique Peña Nieto? ¿Cuál sería la reacción de los gringos? ¿De los europeos? ¿De la clase alta? ¿Quién gobernaría al país en su lugar? ¿El pan? ¿El pri? ¿El peje? ¿La virgen de Guadalupe? ¿Cuánto caería el peso por un acto así? Las mismas consideraciones deberían tomarse en un golpe de estado.

Ora, por supuesto que muchos de ustedes pueden estar seguros que tales consideraciones no les incumben, y que después de todo el líder sabrá qué hacer, sabrá el cómo y el cuándo. Pero déjenme decirles que no es así. En este siglo XXI, teniendo internet (después de todos pueden ver esta página) no hay pretexto que valga. Miles de personas le han causado un mal a México usando la afición del pueblo de delegar su responsabilidad en el líder. Miles de personas creyeron que Santa Ana podía mejorar el país; 11 veces llegó al poder y 11 veces México perdió. Era popular (al menos en un principio), excelente organizador y ciertamente gozaba del apoyo de la clase alta; ustedes dirán: ¿Acaso no era obvio que clase de persona era Su Alteza Serenísima? Si, era obvio; pero su llegada al poder no hubiera sido posible sin la manía del mexicano de delegar su responsabilidad como ciudadano en alguien más.

Quizás el ejemplo de Santa Ana no les convenza: ¿les serviría el ejemplo de Pol pot? ¿De Hitler? Espero que sí. Buena gente los siguió a ambos, a pesar de que a nosotros nos podría parecer obvio que no merecían tal confianza. John Rabe, el ángel de Nankín, salvó cientos de miles de vidas chinas cuando el ejército Imperial Japonés entró a la capital de la República de China y empezó el episodio que sería conocido después como la Violación de Nankín. Era una persona cabal. Miles de chinos aún adoran su nombre. Y sin embargo era en un principio un ardiente miembro del partido nazi.

Con esto no quiero decir que John Rabe era malo; no tardó en darse cuenta de a qué clase de régimen servía. Pero el punto permanece. Elige bien a quién sigues, porque a pesar de que tú tengas buenas intenciones el líder con mucha frecuencia no las tendrá. Y aunque los siervos de la nación debamos estar dispuestos a sacrificar nuestras vidas por el bien de la nación y de todos los mexicanos, ninguno de nosotros tenemos excusa alguna para perjudicar al país y decir: ¡Yo no fui!

Segundo: Se mira mal a la policía y al ejército por no encabezar una rebelión o un golpe de estado. Tanto el policía como el militar provienen del pueblo, rara vez provienen de la clase alta y ciertamente deben su lealtad a la nación, no al aparato en el poder. Pero se les acusa de traidores a la voluntad del pueblo. ¿Qué es la voluntad del pueblo? No hay cosa más absurda que decir que la voluntad del pueblo es una y que tú la encarnas. Pocas veces lo es, e incluso en esas ocasiones donde la mayoría comparte tu punto de vista siempre hay gente que no lo hace. Es como decir que Dios está de tu lado y que los demás están al servicio del demonio porque no piensan como tú.

Además, hay otro problema. Sólo ha habido una rebelión o guerra civil que haya cumplido su propósito inicial en la historia de México, y tal fue la guerra de Reforma (y tal guerra nos dejó vulnerables a la Intervención Francesa). El primer siglo de la historia de esta nación estuvo lleno de cuartelazos, asonadas, rebeliones y motines que no llegaron a ningún lado, y en que muchos de los soldados involucrados pensaron que hacían lo correcto. Muchos conservadores eran gente decente. Pero que buenos soldados se hayan levantado con sus jefes no garantizaba ni el éxito, ni el beneficio de la patria una vez sus exigencias fueran concedidas. Peor aún, los primeros 50 años del México Independiente estuvieron llenos de motines que perjudicaron tan gravemente al país que seguimos pagando el precio incluso hoy. Y si no me creen, revisen la lista de presidentes; no ha habido otro periodo con más personas sentándose en la silla presidencial.

Es por eso que muchos de los altos oficiales se aprietan el cinturón; Peña Nieto les cae mal. Me consta personalmente. Pero ellos(los buenos), aunque de manera limitada, ven por el país. Un buen ejemplo es el de Alan Riding: en su libro Vecinos Distantes narra cómo varias veces el gobierno de Estados Unidos a tratado de presionar a México para integrar al país en una esfera de defensa con bases militares bajo jurisdicción suya; los únicos que han defendido lo que le queda de soberanía a México son los militares. Y no, esto no lo hacen porque no quieran admitir un fracaso ante el narcotráfico; tal esfera de defensa enfoca su mirada sólo en los enemigos internacionales de Estados Unidos, pues México no los tiene en la esfera mundial, no formalmente, al menos.

Tercero: una rebelión exitosa debe desembocar en la guerra civil. En caso contrario, sólo sirve para usar patriotas como abono. No sé ustedes, pero patriotas es lo que más le falta a México y no podemos darnos el lujo de dejar que dejen de servir a la patria por muchos años. Bien me lo dijo un soldado: si no sirves para la vida en el cuartel, no hay deshonra alguna en servir al país como civil. México necesita personas dispuestas a darlo todo por la Santa Madre Anáhuac. Deshonra es no servirla.

Ahora, en caso de que alcancemos la guerra civil…… ¿Acaso no es obvio el daño, los costos que entraña tal cosa? Por esa razón el grupo Narodnaya Volya prefirió concentrarse en los asesinatos; en su lucha contra el régimen represivo zarista los daños colaterales eran preferibles a la alternativa, la guerra civil. México no es un p****e país pedorro en el culo del mundo. El Anáhuac es vital en la geopolítica mundial. ¿De verdad esperan que los gringos –responsables de bastantes de los problemas que tenemos, aunque no de todos—no saquen leña del árbol caído? ¡Si se aprovechan de nosotros en estos mismos momentos! Y cuando la guerra civil terminara, el gobierno sería una farsa, un títere al servicio de los intereses de otra nación (peor de como ya lo es ahora), al menos en el caso de que hubiera una intervención (y sin duda la habría, y ya la hay) y en el caso de una victoria, el gobierno resultante tendría que ser más brutal y sin duda más represivo. ¿Cómo se puede acusar al gobierno de represivo mientras se carga una bandera de la Unión Soviética?
Las guerras civiles tienen consecuencias que casi nadie se toma la molestia de pensar hasta que es demasiado tarde. Especialmente el de la devaluación, porque no sólo vendría un retiro de inversión (tanto nacional como extranjera), sino también bajas en el turismo, daños a infraestructura y a propiedades públicas y privadas así como parálisis en muchas industrias. Cada vez alcanza menos para comer. ¿Creen que la inflación desaparecería mágicamente? ¡Aumentaría! Las guerras civiles fueron posibles en el pasado y no terminamos tan mal como en otros países porque producíamos nuestra propia comida. Hoy, eso ya no es posible. ¿O conocen algún soldado que aguante 15 días sin comer?

Algo que también sería lamentable, serían los dramáticos aumentos en la inseguridad, la carencia de alimentos, y el abuso a los derechos humanos por ambas partes. Vean por ejemplo las deficiencias tan grandes del sistema de educación y del sistema de salud. ¿Cuánto creen que duren frente a tal contingencia? ¡Si de por sí no se dan abasto los hospitales públicos, imagínense en medio de un conflicto!

Son miles de problemas los que acarrearía una rebelión. No tendría problemas con ello si pudieran ser mantenidas razonablemente bajo nuestro control, lo cual no es el caso. Dicho conflicto tendría demasiadas aristas. ¿Cómo aprovecharían la situación los cárteles? Porque hasta creen que no la van a aprovechar: ellos apoyarían a alguna de las facciones o delinquirían aprovechando la revuelta.

Además, otro factor que no se toma en cuenta es el del desgaste. Llevamos siete años de “guerra”, y la gente parece cansada. Muchas personas parecen haber votado por el PRI por tal motivo. Incluso habiéndose empezado una revuelta con apoyo popular, si se prolonga demasiado, los lideres, los comandantes y el pueblo tienden a perder de vista los objetivos iniciales y buscan terminar con el conflicto a toda costa. Y eso sin contar que muchas veces los instigadores quieren dar marcha atrás. Tomemos el caso de Madero: El creía que el cambio hacia un México mejor debería ser encabezado por los hacendados; él era uno de ellos. Había reformado su propia hacienda y probado su nuevo modelo. Su haciendo era la más rica de su región gracias a eliminar el sistema de peonaje y las tiendas de raya, así como por haber instaurado la educación entre sus trabajadores, pagando un doctor y un maestro de su bolsillo. Pero asustado ante Revolución trató de terminarla a toda costa, disolviendo el ejército revolucionario en el que se había basado hasta entonces y esperando que la misma gente que lo odiaba lo mantuviera en el poder para que el llevara a cabo sus reformas. Bien se lo recriminó Miguel Cabrera:

En otros términos, y para hablar sin metáforas: usted, que ha provocado la revolución, tiene el deber de apagarla; pero ay de usted si asustado por la sangre derramada o ablandado por los ruegos de parientes y de amigos, o envuelto por la astuta dulzura del Príncipe de la Paz o amenazado por el yanqui, deja infructuosos los sacrificios hechos. El país seguiría sufriendo de los mismos males, quedaría expuesto a crisis cada vez más agudas, y una vez en el camino de las revoluciones que usted le ha enseñado, querría levantarse en armas para la conquista de cada una de las libertades que dejara pendientes de alcanzar.

La revolución debe concluir; es necesario que concluya pronto, y usted debe ayudar a apagarla; pero a apagarla definitivamente y de modo que no deje rescoldos.
¿A alguien le extraña que haya terminado muerto lleno de balazos al final de la Decena Trágica? México aún sigue pagando el precio de que Madero no le haya puesto suficiente atención a esa carta de Miguel Cabrera.

Además, en las revoluciones que ha tenido México siempre se han beneficiado la misma clase de personas. ¿Cómo evitar que los mismos de siempre se beneficien? En las revoluciones hay dos tipos de personas: los que las inician y las que se benefician. Las últimas siempre han imperado en México. Esa es otra razón por la que no creo que las soluciones armadas: ¿De qué sirve que se maten a los soldados, si a los que pudren a la nación no les tocan ni un pelo? ¿Hay alguna guerrilla que haya planeado como deshacernos de los programas de chismes, del tv notas? ¿Hay algún plan para eliminar la corrupción, el nepotismo? No, no lo hay. Porque o bien no lo pensaron o porque quieren sustituir un régimen corrupto con otro régimen igual.
Por supuesto, esto no quiere decir que no se deba hacer nada. La acción se impone. Es necesario tomar el futuro de la nación y ponerlo en manos capaces… y no hay mejor forma de hacer eso que instruirnos y hacernos con la responsabilidad, siempre y cuando nos preparemos para recibirla a partir de ahora. Un buen ciudadano paga por cumplir con su obligación antes de permitir que alguien se la quite de encima. No le huyo a la violencia: tiempos difíciles requieren medidas extremas, y estoy bien consciente de ello. Pero es hora de aprender que si queremos ponernos violentos, las rebeliones, las guerrillas, los golpes de estado no nos sirven, salvo para servirnos en charola de plata a nuestros enemigos. ¿Quiénes son nuestros enemigos? Aquellos que toman ventaja de nosotros, aquellos que nos chingan. No puede haber piedad con esa gente. Y para enfrentarnos a ellos no nos sirve una rebelión pública y que al final no consigue nada; es mejor tomar acción desde las sombras.

Todos los corruptos son traidores; no hay corrupto patriota. Punto. Los adictos a sustancias duras colocan su vicio por encima de los intereses de la nación y de los demás al cometer crímenes para sostener su propia adicción: deben ser purgados. Los policías tranzas, los narcomenudistas, los líderes sindicales, doctores sólo de nombre, los maestros que sean malos, los que venden títulos, los que ponen en peligro la diversidad cultural y biológica de la nación, ya sea trabajando como marranos, haciendo concesiones pendejas o exterminado o vendiendo especies…Todos deben ser purgados. Los talamontes: los responsables de las minas a cielo abierto; los delincuentes; aquellos que se apoderan de terrenos protegidos y ponen con ese hecho en peligro a la nación… todos deben desaparecer.

Y esto lo digo después de ser una de esas personas que anhelaba una revolución armada este 2010 cuando era morro.

Cortesía de El Condoy Canek

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