2014

Juanelo

pelea-callejera Juanelo era un joven de diecisiete años, que al morir su padre unos años atrás, se fue descarriando y mientras su madre trabajaba, el se dedicaba a la vagancia pero cuando su madre decidió juntarse a vivir con un hombre que encima de borracho salió golpeador, Juanelo quiso poner las cosas en su lugar y se lío a golpes con su padrastro para evitar que este golpeara a su madre. En esa ocasión no salio muy bien parado y acrecentó el coraje del viejo borracho, pero cuando se enfrentaron por segunda vez…

Juanelo escucho los gritos que salían del cuartucho en el que vivía con su familia. Su hermano pequeño salio corriendo, terriblemente asustado, al ver la expresión de sus ojitos abiertos a lo pelón, se acrecentó su coraje y decisión- ‘Ora si pinché culero, ‘ora si vas a saber quien soy yo, ‘ora si no te salva ni tu pinche madre- pensó Juanelo y se encamino dispuesto a defender a su madre.

Mientras caminaba se quito la camisa, parecía no tener prisa en llegar, (Doña Jimena, su vecina contaba que desde que lo vio, Dijo: Ese chamaco va a armar un desmadre de todos los infiernos.)

Al tiempo que el entraba salía Enrique, su hermano mayor, quien al carecer de valor para enfrentar al padrastro prefería salir y “ahí que se las arregle mi mama, al fin ella fue la que lo trajo” Cruzaron miradas y Enrique le aconsejo
– Mejor ni te metas, nomás vas a empeorar todo.

Juanelo ni siquiera considero el consejo, entro en el cuarto y vio al tal Severiano sujetando a doña Hilda de los cabellos.

-¡No me pegues, seve, no me pegues, por favor! -Rogaba Hilda.
-¡Cállate, pendeja! ¡’Ora veras quien manda aquí!- La cara de Severiano mostraba gran satisfacción, pero al notar la presencia de Juanelo, se desencajo.-Tu ¿Que ves? Pinché metiche.- Su voz ya no sonó tan decidida, después de todo el chamaco devolvía los madrazos.

– Déjala, pinché briago de mierda.-Ordeno Juanelo con voz temblorosa por la rabia- Vamos a rompernos la madre tu y yo.

Severiano soltó a Hilda y se dispuso a quitarse el cinturón, que tan bien le funcionara en el primer enfrentamiento. Juanelo salto acortando la distancia y le tiro un puñetazo que Severiano al retroceder , medio esquivo, pero al seguir retrocediendo se vio acorralado entre la cama y el ropero, lo que aprovecho Juanelo para continuar su ataque, un par de golpes recibidos por Severiano le dejaron claro que esta vez el chamaco era mas peligroso que en la anterior pelea y mientras terminaba de sacarse el cinturón intento brincar la cama para buscar el patio, donde creía podría defenderse mejor, mientras pisaba el colchón sintió un empellón por la espalda y perdió el equilibrio, cayendo al piso golpeándose fuertemente, intento incorporarse pero una patada en su costado lo derribo nuevamente, el dolor lo invadió y sintió miedo, volteo buscando a Juanelo y solo alcanzo a ver la punta de un zapato acercarse velozmente a su rostro, nueva explosión de dolor, sintió venir la sangre desde su interior, otra patada en las costillas y nueva oleada de dolor (Ora si me rompió algo) Trato de respirar y un dolor intenso lo recorrió y se escucho decir- ¡Ay muere! ¡Ay muere! ¡Ya’stuvo, Manito, Ya’stuvo!

-Déjalo, Juanelo. Déjalo por el amor de Dios- Gritaba doña Hilda (¿Acaso se percibía un tono de satisfacción, en esos gritos?) Enrique entro y abrazo a Juanelo por la espalda maniatándolo y dirigiéndolo hacia la puerta, repetía- Calmex, Manix. Ya calmex, carnal.

Juanelo se dejo llevar y comenzó a tranquilizarse, al salir al aire fresco inhalo repetidamente buscando tranquilizarse, sintió como su hermano lo liberaba del abrazo… y se desato el infierno.

Severiano salio al patio con una botella de vidrio en una mano y el cinturón en la otra, su cara estaba deformada entre el dolor y la rabia-‘Ora si, hijo de la chingada, ‘Ora si te vas a morir.

Enrique se retiro de inmediato e Hilda solo gritaba a distancia. Juanelo se sorprendió al notar que no sentía miedo (Pinche viejo, te partí la madre allá adentro, que no te la parta acá afuera)-Pensaste que ya había valido madre ¿Verdad?- Dijo Severiano- Pos no, wey. a Severiano Gonzalez no ha nacido el pinche escuincle que le gane una pelea. Nunca me hubieras dejado parar, ‘ora ya te cargo tu pinche madre.- Estrello la botella que traía, en la mano izquierda contra la pared, al tiempo que avanzaba un paso hacia Juanelo, pero la botella no se rompió, en su cara se vio la frustración y volvió a estrellarla sin conseguirlo. Juanelo se rió y de pronto Severiano le lanzo la botella con fuerza, Juanelo logro cubrirse con el brazo, pero ya estaba recibiendo hebillazos por todo el cuerpo. Severiano combinaba puñetazos y hebillazos , impidiéndole reaccionar. A la mente de Juanelo vino la imagen de Severiano intentando romper la botella y rompió a reír nuevamente. Severiano desconcertado por la risa del chamaco, perdió el ritmo del golpeo y para su sorpresa, también perdió el piso. Mientras volaba por el aire pensó- Esto no me puede estar pasando- pero el dolor que recorrió su cuerpo al caer de sentón, lo convenció de que no era un sueño.

…Juanelo no pudo contener la risa al recordar la cara que puso Severiano, cuando dándoselas de “Sabroso” no pudo romper la pinche botella y a pesar de los golpes que lo abrumaban se carcajeo. de pronto, entre sus brazos pudo ver los pies del Seve y recordó “La Segadora”, patada que -“si te agarra con ambos pies apoyados, seguro te chinga”-Como el mismo presumía. Ni lo pensó, simplemente dejo ir su pierna derecha en un semicírculo a ras del piso. su pie encontró los de Severiano en su camino y los desplazo limpiamente. Severiano sorprendido, exclamo- Oh- y al golpear el suelo-¡Uffffff!- Sus gestos y exclamaciones llevaron a Juanelo a una risa incontrolable, pero en ningún momento dejo de atacar a su padrastro, las patadas se estrellaban en la humanidad de Severiano, nuevos destellos de dolor se sumaban a su martirio y pensó- Un chamaco me esta partiendo la madre. Mero ‘ora que no tome- se encogió en posición fetal tratando de protegerse y a pesar de las patadas rodó y logro impulsarse para ponerse en pie, increíblemente el cinturón seguía en su mano derecha, se dispuso a dar un nuevo azote, cuando

Sintió el impacto en la pierna izquierda y perdió la fuerza ( Hijo de su chingada madre, ya me repitió la pinche patadita ,pero ahorita le parto la madre) su peso lo obligo arrodillarse y cuando intento ponerse en pie, le resulto imposible, la pierna parecía pesar una tonelada, al voltear a verla, fue invadido por una sensación de irrealidad, su pierna descasaba en el suelo en un angulo imposible, escucho a lo lejos a alguien exclamar- ¡Le rompió la pata!- su vista regreso a Juanelo ,solo para ver aproximarse algo rojo intenso, escucho un crujido y se hundió en la oscuridad.

Juanelo no paraba de reír, todo parecía tan gracioso que incluso cuando Severiano se incorporo haciendo gala de una agilidad insospechada, no pudo dejar de reír, pateo con fuerza buscando la pierna de apoyo de su rival y al hacer contacto Sintió mas que oír un ligero crujido y vio caer nuevamente a Severiano, tuvo que esquivarlo y al dar un paso lateral encontró una maceta mediana, no lo pensó simplemente la levanto y la estrello en la cara de Severiano, la maceta se fragmento en mil pedazos, ni siquiera sintió resistencia en las manos fue como deshacer un terrón de lodo seco.

La gente que observaba el desarrollo de la pelea estaba impresionada por la facilidad con la que aquel chamaco supero a su padrastro pero el hecho de que lo hiciera sin parar de reír los atemorizo cantidad, alguien corrió hasta la avenida para buscar una patrulla y regresar con ella. Juanelo sentado en mitad del patio parecía esperar el desenlace de este drama…

-… Me subieron a la patrulla y a el a una ambulancia, a mi me llevaron a la delegación y a el a la cruz roja, a mi me metieron al “Tribilin” (Tribunal de menores) y a el lo estuvo “chiqueando” mi mama hasta que se alivio. – Me contó Juanelo un día.-El gusto que me queda es que esa madriza no se le va a olvidar nunca, le rompí dos costillas, la pata y la nariz y desde entonces no me dejan entrar en mi casa, me fui a vivir con mi abuela la mama de mi papa y sigo viniendo nomás pa. ver si vuelve a pegarle a mi mama.

Ese era el Juanelo temido y famoso. Aquel legendario ataque de risa probablemente un ataque de nervios, a los ojos de los demás aparentaba una posesión diabólica y le apodaron El Diablo.

Cortesía de Aluminca

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